

El Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó una posible venta militar a Brasil de 100 misiles Stinger FIM-92K Block I y equipamiento de defensa aérea asociado, por un valor estimado de u$s 330 millones.
La operación fue notificada oficialmente al Congreso el 11 de junio de 2026 a través del Bureau of Political-Military Affairs. Brasil se convierte así en uno de los principales compradores de armamento estadounidense en América Latina.
La venta contempla los misiles portátiles de última generación junto a gripstocks, asistencia de ingeniería, servicios de integración y soporte logístico. Los principales contratistas son RTX Corporation, con sede en Arlington, Virginia, y Lockheed Martin, en Syracuse, Nueva York. El gobierno brasileño no tendrá que asignar representantes adicionales de EE.UU. en su territorio para implementar la operación.
¿Qué incluye la venta de misiles Stinger que Estados Unidos aprobó para Brasil?
La operación autorizada por el Departamento de Estado comprende cien misiles FIM-92K Stinger Block I, un sistema de defensa aérea portátil de corto alcance diseñado para interceptar aeronaves a baja altitud. Es uno de los misiles antiaéreos más utilizados por las fuerzas armadas occidentales.
El paquete también incluye:
- Gripstocks (dispositivos de disparo)
- Asistencia técnica de ingeniería
- Servicios de integración y soporte logístico
- Apoyo de contratistas y representantes del gobierno de EE.UU.
El Departamento de Estado aclaró que, hasta el momento, no existe ningún acuerdo de compensación (offset) vinculado a esta venta, aunque podrá negociarse entre Brasil y los contratistas.

¿Por qué Estados Unidos vende misiles de defensa aérea a Brasil por u$s 330 millones?
Según la notificación oficial, la venta busca que Brasil asuma mayor responsabilidad en su propia seguridad territorial y en operaciones contra el narcotráfico dentro de sus fronteras y su esfera regional. El Departamento de Estado indicó que la adquisición apoya los esfuerzos de modernización de defensa del país sudamericano.
Washington subrayó que la operación no alterará el equilibrio militar básico en la región y que no tendrá impacto negativo sobre la capacidad de defensa de Estados Unidos. Brasil, por su parte, no tendrá dificultades para incorporar estos sistemas a sus fuerzas armadas, según evaluación del propio gobierno estadounidense.




