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Cuando una persona fallece en Estados Unidos, el destino de sus bienes depende, en primer lugar, si dejó o no un testamento válido. Si lo hay, se habla de sucesión testamentaria (testate); si no, de sucesión intestada (intestate), y es la ley la que decide quién hereda.

Hay, además, una particularidad clave frente a otros países: en Estados Unidos no existe una única ley nacional de herencias, sino que cada estado tiene sus propias reglas.

Qué pasa cuando no hay testamento (sucesión intestada)

Si la persona muere sin un testamento válido, entran en juego las leyes de sucesión intestada del estado donde vivía. En la práctica, es como si el estado “escribiera” el testamento que el fallecido no dejó, repartiendo los bienes según un orden de parentesco preestablecido.

Ese orden, en términos generales y con variaciones según el estado, suele ser el siguiente: primero el cónyuge y los hijos; si no hay, los padres; luego los hermanos y los hijos de los hermanos; y, a falta de todos ellos, parientes más lejanos. Si no aparece ningún heredero, los bienes terminan pasando al estado.

La porción del cónyuge es donde más se notan las diferencias entre estados:

Si hay cónyuge y no hay hijos, en la mayoría de los estados el cónyuge hereda todo; en algunos, recibe menos si también sobreviven padres o hermanos del fallecido. Si hay cónyuge e hijos, lo habitual es que el cónyuge reciba entre un tercio y la mitad, y el resto se reparta entre los hijos.

Algunos estados fijan un monto mínimo para el cónyuge más una parte del resto. Si un hijo falleció antes, su parte suele pasar a los descendientes de ese hijo.

Con testamento, manda la voluntad del fallecido, dentro de los límites legales; sin testamento, manda la ley del estado.
Con testamento, manda la voluntad del fallecido, dentro de los límites legales; sin testamento, manda la ley del estado.Magnific

Qué pasa cuando hay testamento (sucesión testamentaria)

Cuando existe un testamento válido, ese documento determina cómo se reparten los bienes, reemplazando las reglas de la sucesión intestada. El testador puede decidir quién recibe qué, con un límite importante que conviene conocer.

Ese límite es la protección del cónyuge. En la mayoría de los estados de derecho consuetudinario (common law), el cónyuge sobreviviente tiene derecho a reclamar una porción de la herencia, aunque el testamento no le deje nada. Es la llamada elective share (porción electiva o “forzosa”), que en general ronda entre un tercio y la mitad del patrimonio.

En qué se diferencian

La diferencia de fondo es quién manda en el reparto. Con testamento, manda la voluntad del fallecido, dentro de los límites legales; sin testamento, manda la ley del estado, que aplica su orden de herederos sin considerar deseos personales.

Un testamento permite, por ejemplo, dejar bienes a amigos, parejas no casadas u organizaciones, algo que la sucesión intestada no contempla, porque solo reconoce a los parientes.