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En plena crisis de 2001, cuando muchos argentinos se iban del país en busca de trabajo y estabilidad, Fabián De Martino decidió instalarse en Barcelona. Trabajaba como diseñador gráfico y durante esos años en Europa empezó a viajar seguido a Ámsterdam, donde conoció las casas flotantes sobre los canales de la ciudad.

Durante años esa idea le quedó dando vueltas en la cabeza. Cuando regresó a la Argentina empezó a investigar cómo adaptar ese formato localmente y terminó creando Casas del Agua, una empresa que hoy vende viviendas flotantes y prepara un nuevo proyecto dentro de Villa Tato, un barrio náutico ubicado sobre el Canal del Este.

Aunque este tipo de construcciones recién empezó a tener un marco regulatorio más claro en 2018, en los últimos años empezaron a crecer como alternativa de vivienda y para alquileres turísticos.

Cómo nació Casas del Agua

La primera la construyó hace 16 años prácticamente de manera artesanal. Trabajó junto a un astillero, aunque gran parte del proyecto la hizo él mismo. “Siempre hice cosas con mis manos. Armé muebles, casas rodantes y terminé construyendo la primera casa flotante”, recordó De Martino en diálogo con El Cronista.

La primera casa se instaló en el Club Buenos Aires, donde comenzaron a funcionar las primeras unidades flotantes. Ese día invitó amigos para mostrarles el proyecto y, según cuenta, ahí aparecieron los primeros compradores.

Con el tiempo, el espacio empezó a quedarse corto y el proyecto se expandió al Club San Fernando. “Las casas ocupan el mismo espacio que una amarra tradicional de un barco de 40 pies y necesitan muy poca agua para flotar”, explicó De Martino. Según contó, eso les permitió instalarse en sectores donde los clubes normalmente no ubican embarcaciones grandes.

Actualmente existen cerca de 39 casas flotantes funcionando en la zona de San Fernando. Algunas se utilizan como vivienda permanente, otras como casas de fin de semana y una parte creciente está destinada al alquiler temporario.

Las unidades más chicas arrancan en 73 metros cuadrados, entre interiores y terrazas, y se entregan equipadas. Incluyen mobiliario, aire acondicionado, heladera, horno eléctrico, microondas, vajilla y ropa blanca.

Las unidades cuestan desde u$s 85.000 llave en mano y el proceso de construcción demora alrededor de cinco meses. Durante años, según explicó De Martino, la demanda superó ampliamente la capacidad de producción. “Trabajamos con lista de espera. Los compradores pagaban un anticipo del 50% y aguardaban varios meses hasta el inicio de obra”, contó.

El boom de Airbnb

Con el crecimiento de Airbnb, el proyecto empezó a atraer otro tipo de comprador. Hoy gran parte de las operaciones está vinculada directamente al alquiler temporario.

Según explicó De Martino, muchas personas adquieren las unidades para explotarlas como hospedaje. Las casas se alquilan durante todo el año y, actualmente, tienen niveles de ocupación cercanos al 73 por ciento.

Las tarifas varían según el tamaño y el equipamiento de cada unidad, aunque hoy los valores oscilan entre $ 160.000 y $ 230.000 por noche. Algunas incluso cuentan con jacuzzi privado, pileta o servicios de traslado náutico.

“Ya funciona más como una inversión que como una casa de fin de semana”, explicó.

Además del valor de compra, los propietarios pagan una amarra -similar a una expensa- y el consumo eléctrico. Actualmente, el valor mensual de esa amarra ronda los $ 350.000.

Según detalló el empresario, hoy cerca del 30% de las unidades se utiliza para alquiler temporario y entre 10 y 12 familias viven de manera permanente en casas flotantes.