

El bajo nivel del Danubio, impulsado por una ola de calor prolongada y sequía extrema en Europa durante el verano de 2026, ha vuelto a sacar a la luz reliquias históricas sumergidas desde hace más de ocho décadas. Cerca de Prahovo, en el este de Serbia, afloran pecios de buques de guerra alemanes que permanecían ocultos en el lecho del segundo río más largo del continente.
Estos restos, conocidos como buques fantasmas de la Wehrmacht y la Kriegsmarine, forman parte de una flota nazi hundida deliberadamente al final de la Segunda Guerra Mundial. El fenómeno, reportado por medios como Euronews, pone de manifiesto cómo el cambio climático y las condiciones hidrológicas actuales desentierran capítulos olvidados de la historia europea mientras generan desafíos de navegación y seguridad.
¿Por qué el bajo nivel del Danubio reveló estos buques fantasmas de la Wehrmacht?
La persistente ola de calor de 2026 ha reducido el caudal del Danubio a niveles récord en varios tramos, especialmente en Serbia y Croacia. Según reportes del Banco Europeo de Inversiones (BEI), cerca de Prahovo, el descenso del agua ha dejado visibles cascos oxidados, torretas, puentes de mando, mástiles rotos y estructuras retorcidas de numerosos pecios.

Este fenómeno no es completamente nuevo: ya se observó en agosto de 2022 y en 2024, pero la sequía actual lo ha intensificado. El río, que atraviesa diez países desde Alemania hasta el mar Negro, presenta un estrechamiento de unos cinco kilómetros (aproximadamente 3,1 millas) donde yacen la mayoría de estos restos.
Las bajas cotas también han afectado la navegación comercial y expuesto otros naufragios, como el carguero húngaro Fulton de 1937 cerca de Opatovac, en Croacia.
Es por eso que se los denomina “buques fantasmas”, dado que, tras permanecer ocultos durante décadas en el lecho del río, reaparecen de forma intermitente cuando el caudal desciende, como espectros de la Segunda Guerra Mundial que vuelven a la superficie.
¿Por qué estos buques nazis fueron clave en la Segunda Guerra Mundial?
En el otoño de 1944, durante la retirada de la Wehrmacht ante el avance del Ejército Rojo, las tripulaciones alemanas recibieron órdenes de no permitir que material de guerra utilizable cayera en manos enemigas. De esta manera, las escuadrillas de la Kriegsmarine operativas en el Danubio hundieron deliberadamente sus propias embarcaciones: buques de guerra, cargueros destruidos, remolcadores y barcazas.
El objetivo era doble: evitar la captura y crear un bloqueo submarino que impidiera al Ejército Rojo avanzar río arriba. Se estima que alrededor de 200 embarcaciones permanecen en el lecho del río en la zona de Prahovo.
Este obstáculo artificial, creado hace más de 80 años, sigue afectando la navegación en la actualidad y convierte a estos pecios en testigos directos de las últimas fases del conflicto en Europa del Este.
La operación de la UE y el Banco Europeo de Inversiones para retirar los pecios peligrosos
Ante los riesgos y las dificultades de navegación, un proyecto respaldado por la Unión Europea dentro del Marco de Inversiones para los Balcanes Occidentales (WBIF) se activó para retirar los restos más problemáticos. El BEI actúa como socio estratégico y en julio de 2024 concedió una subvención de 16 millones de euros.
El plan contempla la extracción de 21 pecios seleccionados en el cuello de botella de Prahovo. Justamente, algunos restos ya fueron recuperados en 2024: se extraen con cables, se limpian del barro y sedimentos mediante bombas especializadas y se remolcan a tierra. Los más grandes o complejos se entierran a mayor profundidad para dejar libre el canal.
Los trabajos, que requieren buceadores y equipos especializados, deberían concluir en 2028. El proyecto forma parte del Plan Económico y de Inversiones para los Balcanes Occidentales, orientado también a trasladar más tráfico de mercancías de la carretera al transporte fluvial, en línea con objetivos climáticos europeos.


