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Despertarse de madrugada con un dolor agudo en la pantorrilla que no cede es una experiencia que muchos conocen demasiado bien. Los calambres nocturnos en las piernas afectan a millones de personas, irrumpen sin previo aviso y pueden arruinar por completo el descanso.

Lo que pocos saben es que no son una simple mala suerte: detrás de cada episodio hay causas concretas que van desde hábitos cotidianos hasta señales que el cuerpo envía cuando algo no está funcionando bien.

Especialistas en neurología y medicina interna, junto con información de la Mayo Clinic, advierten que este fenómeno se vuelve notablemente más frecuente a partir de los 50 años, y que identificar sus desencadenantes es el primer paso para ponerle fin.

Los calambres nocturnos en las piernas aparecen sin aviso durante el sueño y suelen estar vinculados a fatiga muscular, deshidratación o alteraciones en los electrolitos. Fuente: FreePik
Los calambres nocturnos en las piernas aparecen sin aviso durante el sueño y suelen estar vinculados a fatiga muscular, deshidratación o alteraciones en los electrolitos. Fuente: FreePik

El enemigo silencioso que se activa mientras dormís: por qué los músculos se rebelan de noche

La principal causa identificada por los especialistas es la fatiga muscular acumulada durante el día, aunque el mecanismo resulta paradójico: es justamente cuando el cuerpo descansa que el espasmo aparece. Durante el sueño, la musculatura adopta posiciones prolongadas que, combinadas con el agotamiento previo, generan contracciones involuntarias difíciles de interrumpir.

El sedentarismo es uno de los grandes responsables. La falta de movimiento sostenida en el tiempo reduce la flexibilidad muscular y vuelve a los músculos más propensos a los espasmos. Pero el extremo opuesto también es un factor de riesgo: el ejercicio físico extenuante, especialmente si no va acompañado de una hidratación adecuada, sobrecarga las fibras musculares y eleva las probabilidades de sufrir un episodio nocturno.

A eso se suma la deshidratación, que cobra especial relevancia en los meses de calor. Cuando el cuerpo pierde líquidos sin reponerlos correctamente, el equilibrio de electrolitos como el sodio, el potasio, el magnesio y el calcio se altera, y los nervios que regulan la contracción muscular dejan de funcionar con precisión.

Después de los 50, el riesgo se dispara: la razón biológica detrás de los calambres

El envejecimiento transforma silenciosamente la arquitectura muscular del cuerpo. Con los años, se produce una pérdida progresiva de neuronas motoras, las células encargadas de transmitir las señales del sistema nervioso a los músculos. Cuando esas neuronas disminuyen, el control sobre la contracción y la relajación muscular se vuelve menos preciso, y los espasmos nocturnos se vuelven más frecuentes e intensos.

A esto se suma un cambio gradual en el tono muscular y en la circulación periférica. La enfermedad vascular periférica, más prevalente a partir de la mediana edad, reduce el flujo sanguíneo hacia las extremidades y predispone directamente a los calambres. Sus señales de alerta incluyen pies fríos, cambios en la coloración de la piel y cicatrización lenta de heridas.

Con el paso de los años, la pérdida de neuronas motoras y problemas circulatorios aumentan la frecuencia e intensidad de los espasmos nocturnos en las pantorrillas. Fuente: FreePik.
Con el paso de los años, la pérdida de neuronas motoras y problemas circulatorios aumentan la frecuencia e intensidad de los espasmos nocturnos en las pantorrillas. Fuente: FreePik.

Ciertas enfermedades crónicas que también se vuelven más comunes con la edad agravan el panorama.

La diabetes, el hipotiroidismo, los trastornos neurológicos y la insuficiencia renal afectan los nervios que controlan la musculatura y elevan considerablemente la probabilidad de sufrir episodios. Lo mismo ocurre con algunos medicamentos de uso frecuente en adultos mayores: diuréticos, antihipertensivos, fármacos para el asma y betabloqueantes aparecen entre los que mayor asociación tienen con los calambres nocturnos, según advierte la Mayo Clinic.