Luiz Inácio Lula da Silva ganó este domingo el balotaje presidencial en Brasil y se aseguró un nuevo mandato al frente de la principal economía de América Latina. Con el 51,78%, se impuso sobre el senador Flávio Bolsonaro, que obtuvo 48,22%, y prolongó un ciclo político que tiene al Partido de los Trabajadores (PT) como protagonista desde hace más de dos décadas.
El resultado le permitirá a Lula iniciar su cuarto mandato presidencial, después de gobernar entre 2003 y 2010 y regresar al poder en enero de 2023. La victoria abre una nueva etapa para un dirigente que atravesó el ascenso sindical, la presidencia, la cárcel y un regreso al Palacio del Planalto.
El triunfo también representa una nueva derrota electoral para el espacio político de Jair Bolsonaro, expresidente condenado por su participación en un intento de golpe de Estado. Frente a Flávio Bolsonaro, el líder del PT defendió la continuidad de su gestión, la protección social y la soberanía brasileña.
Sin embargo, dada la paridad que caracterizó a todo el proceso electoral, Lula enfrentará una serie de desafíos que marcarán la dinámica de su nuevo mandato:
1) El aumento de la deuda
La deuda pública de Brasil se disparó más de 10 puntos porcentuales durante el actual mandato de Lula y superó el 82% del PIB, lo que encareció los costos de financiación. La causa principal es el aumento sostenido del gasto obligatorio durante años, que deja menos del 8% del presupuesto federal disponible para ajustes.
El presidente envió señales fiscales contradictorias: en ocasiones restó importancia a las preocupaciones por la deuda y las calificó de “tonterías”, mientras sostenía que un fuerte crecimiento económico resolvería el problema. Su equipo, en tanto, se comprometió a mantener las actuales normas presupuestarias, que limitan el crecimiento del gasto y fijan objetivos de saldo primario (ingresos menos gastos, sin contar los pagos de intereses de la deuda pública), e insinuó que las endurecerá.
Cumplir esas metas será más difícil por la promesa de Lula de subir el salario mínimo por encima de la inflación, lo que también encarece las pensiones. A ello se suman el aumento ya concretado de las prestaciones sociales y los nuevos gastos prometidos.
2) Altas tasas de interés e inflación persistente
Pese a que las tasas de interés se ubican en el 13,75%, la inflación anual de 4,6% supera el rango de tolerancia del Banco Central (1,5% a 4,5%). El organismo aplicó el mes pasado su quinta baja consecutiva de tasas, ante las crecientes señales de desaceleración económica, pero los mercados prevén que la inflación seguirá por encima de la meta oficial del 3% hasta, al menos, 2029.
El programa electoral de Lula promete tasas más bajas gracias a una disciplina fiscal que no afecte a los programas sociales.
Sin embargo, la mayoría de los economistas sostiene que las tasas solo bajarán más rápido si Brasil recorta el gasto, y no está claro cómo el mandatario conciliará ambos objetivos.
3) Hogares y empresas sometidos a una gran deuda
Según la agencia de crédito Serasa, casi 84 millones de brasileños y 9,3 millones de empresas, una cifra récord, están atrasados en el pago de sus deudas por el impacto de las altas tasas. Esto alimentó el descontento de la población, a pesar de indicadores sólidos como un desempleo en mínimos históricos y salarios que crecen por encima de la inflación.

Lula prevé lanzar una nueva ronda de alivio de deudas, esta vez mediante la compra con descuento a los bancos de préstamos de hogares morosos, además de la condonación de deuda tributaria para algunos propietarios de pequeñas empresas. Los analistas advierten que estas medidas solo ofrecen un alivio temporal.
El Gobierno también ha discutido con el Banco Central cómo frenar el uso excesivo de créditos fáciles pero caros, como las tarjetas de crédito y los préstamos al consumo sin garantía, aunque todavía no detalló ninguna propuesta.
4) Escaso capital político para las reformas
Lula probablemente tendrá dificultades para impulsar su agenda económica en el Congreso, luego de que los votantes eligieran la legislatura más conservadora desde el regreso de la democracia, en la década de 1980. Aunque derrotó a Bolsonaro, el Partido Liberal y sus aliados están en camino de controlar ambas cámaras.
Los asesores del presidente indicaron que seguirá presionando para reducir las exenciones fiscales, pero los legisladores se han opuesto reiteradamente a las medidas que aumentan la carga tributaria efectiva.
Durante su actual mandato, Lula tuvo problemas para designar candidatos y lograr su aprobación en el Senado para instituciones clave, como la Corte Suprema, el Banco Central, el regulador de valores y el organismo de defensa de la competencia. Con el giro a la derecha del Congreso, es probable que esa tarea resulte aún más complicada.
5) Incertidumbres sobre la reforma fiscal
En 2023, Lula consiguió que el Congreso aprobara una reforma integral de los impuestos al consumo, y está previsto que un nuevo impuesto al valor agregado entre en vigor en enero. A menos de tres meses de esa fecha, el Gobierno todavía no reveló la alícuota efectiva, que analistas independientes estiman en torno al 28%.
Por temor a una reacción negativa durante la campaña, el Gobierno también postergó el envío al Congreso de un proyecto para regular un nuevo impuesto a productos perjudiciales para la salud o el medio ambiente, como el tabaco y el alcohol. La demora podría afectar la recaudación de ese gravamen y ha reforzado las críticas a la gestión de la política fiscal del Gobierno.

Del nordeste a la presidencia
Lula nació el 27 de octubre de 1945 en Caetés, en el interior de Pernambuco. Su madre, Dona Lindu, tuvo 12 hijos, cuatro de los cuales murieron en un contexto de pobreza extrema. Durante la década de 1950, migró con su familia a São Paulo.
Trabajó como tornero en el ABC paulista, un cordón industrial al sur de São Paulo. Allí llegó a presidir el sindicato de metalúrgicos de São Bernardo. A fines de los años 70, encabezó grandes huelgas contra la dictadura militar brasileña (1964-1985) y, en 1980, cofundó el Partido de los Trabajadores.
Después de perder tres elecciones presidenciales, en 1989, 1994 y 1998, moderó su discurso y amplió sus alianzas políticas. En 2002 llegó por primera vez a la presidencia, con una propuesta que combinaba crecimiento económico, inclusión social y diálogo con distintos sectores empresariales.
Auge, cárcel y regreso
Sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, coincidieron con el auge internacional de las materias primas. Durante esos años, Bolsa Família amplió su alcance como programa de transferencias destinado a hogares de bajos ingresos. Millones de brasileños salieron de la pobreza y Lula dejó el cargo en 2010 con niveles de aprobación cercanos al 80%.
Su trayectoria política quedó atravesada después por los escándalos de corrupción. El mensalão, en 2005, expuso un esquema de sobornos a legisladores, mientras que la operación Lava Jato investigó una trama de corrupción vinculada con empresas y contratos de Petrobras.Lula estuvo preso durante 580 días, entre abril de 2018 y noviembre de 2019. En 2021, el Supremo Tribunal Federal (STF), la Corte Suprema brasileña, anuló sus condenas en esos procesos. La decisión despejó el camino para su candidatura presidencial de 2022.
En octubre de ese año, derrotó a Jair Bolsonaro por 50,9% contra 49,1% de los votos válidos. Una semana después de su asunción, el 8 de enero de 2023, seguidores del expresidente invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia. En 2025, Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión por su participación en un intento de golpe de Estado.

De los BRICS al choque con Trump y Milei
Desde su regreso al poder, Lula recuperó los principales ejes de su política exterior: multilateralismo, protagonismo en los BRICS y acercamiento al sur global. Esa estrategia también generó cuestionamientos, entre ellos por su participación en mayo de 2025 en el desfile del Día de la Victoria en Moscú, junto al presidente ruso Vladimir Putin.
La presión de Donald Trump le dio un nuevo sentido a su defensa de la soberanía brasileña. En julio de 2025, Estados Unidos impuso aranceles del 50% a productos brasileños y vinculó la medida con el proceso judicial contra Jair Bolsonaro. Lula rechazó negociar sobre la causa judicial y buscó diversificar los vínculos comerciales de Brasil.
En ese contexto, el Gobierno brasileño profundizó su relación con China y respaldó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, una iniciativa destinada a ampliar los vínculos comerciales entre ambos bloques.
En septiembre de 2026, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Lula advirtió sobre las tentaciones hegemónicas en la región y afirmó: “Brasil no cabe en el patio de nadie”.
En América Latina, su liderazgo convive con el giro político hacia la derecha de varios gobiernos de la región. La relación con Javier Milei, distante desde que el mandatario argentino asumió en diciembre de 2023, atravesó un nuevo deterioro en julio de 2026, cuando Milei lo calificó de ladrón y presidiario durante un acto de Flávio Bolsonaro en São Paulo.
En agosto, Brasil rebajó el nivel de la relación bilateral al de encargado de negocios. La relación con la Argentina será uno de los frentes diplomáticos a seguir durante el nuevo mandato de Lula, junto con sus vínculos con Estados Unidos, China y los socios del Mercosur.







