

Durante años, pocas economías de América del Sur despertaron tanta atención internacional como la de Guyana. El descubrimiento de importantes yacimientos de petróleo en aguas profundas modificó por completo las perspectivas de desarrollo de esta nación, que pasó de tener una presencia limitada en los mercados globales a convertirse en uno de los casos económicos más observados por organismos y analistas.
La magnitud de los ingresos generados por la explotación petrolera abrió un nuevo desafío: cómo administrar esa riqueza para evitar desequilibrios y garantizar beneficios a largo plazo. En ese contexto, las autoridades comenzaron a mirar el ejemplo de Noruega, considerada una referencia mundial en la gestión de recursos energéticos.
El modelo noruego que inspira el crecimiento de Guyana
El punto de inflexión llegó en 2015, cuando una importante compañía energética confirmó la existencia de reservas comercialmente viables frente a las costas guyanesas. A partir de ese momento, el país inició una etapa de expansión económica que lo ubicó entre los de mayor crecimiento del mundo.

Para administrar los recursos provenientes del crudo, Guyana avanzó en la creación de un Fondo Soberano de Riqueza, una herramienta diseñada para almacenar parte de los ingresos y destinarlos a proyectos estratégicos. La iniciativa busca replicar algunos principios utilizados por Noruega, que desde hace décadas canaliza las ganancias del petróleo a través de uno de los fondos públicos más grandes del planeta.
Las diferencias que separan a Guyana del éxito escandinavo
A pesar de las similitudes, las condiciones de ambos países son muy distintas. Mientras Noruega puede conservar gran parte de sus recursos para inversiones futuras, Guyana necesita utilizar una porción considerable de esos ingresos para financiar obras esenciales, mejorar servicios públicos y desarrollar infraestructura básica.
Otro contraste importante está relacionado con las reglas de utilización de los fondos. El sistema noruego mantiene estrictos límites sobre cuánto dinero puede retirarse cada año, mientras que Guyana enfrenta mayores presiones para responder a necesidades inmediatas de crecimiento. Además, aunque ambos modelos promueven mecanismos de transparencia, la estructura institucional escandinava cuenta con décadas de experiencia y organismos consolidados, mientras que la nación sudamericana continúa fortaleciendo sus mecanismos de control y gobernanza con apoyo internacional.




