

El Vibe Coding –la práctica de integrar herramientas de inteligencia artificial para generar código de programación– dejó de ser una curiosidad para convertirse en el nuevo estándar de trabajo en las empresas de desarrollo de software argentinas. Lo que hace un año era exploración, hoy es parte del día a día en proyectos reales con clientes corporativos. Pero a medida que la adopción se acelera, el sector se hace una pregunta: ¿qué pasa con el pensamiento del programador?
Para Santiago Blanco, Co-Founder & Executive Director de Ingenia, el concepto va mucho más allá de escribir código con ayuda de una herramienta. “Vibe Coding no es solo escribir código con IA, sino cambiar la forma en que se construye software. Es pasar de programar línea por línea a diseñar intenciones, restricciones y decisiones, y dejar que la IA acelere la ejecución”, explica. En su empresa, entre el 60% y el 70% de los prototipos o MVPs (producto mínimo viable) ya pasan por algún proceso de esta naturaleza.
Flux IT, por su parte, reporta que el 100% de sus prototipos y MVPs involucran Vibe Coding, y el 60% de los productos finales también. Para Darío Renzulli, Solution Architect de la compañía, la clave está en no confundir el acelerador con el conductor: “La diferencia es que no escribe todo a mano. La IA entra como un acelerador porque implementa más rápido, sugiere refactors y detecta errores. Para Flux IT esto es programar con intención, usando la IA como copiloto, no como quien toma el volante”.
Velocidad sin precedentes
Las métricas que describen las empresas son contundentes. En Ingenia observaron reducciones de entre el 50% y el 80% en tiempos de prototipado, y proyectan alcanzar una velocidad de desarrollo cinco veces mayor que la del método tradicional. En Varegos, firma especializada en automatización e inteligencia artificial, Martín Galván, Founder & Chief AI Officer, detalla que “un prototipo que antes tomaba 3 a 5 días, hoy se construye en 4 a 8 horas”, con reducciones de hasta 60-70% en tiempo de desarrollo inicial.
Marcelo De Luca, Co-Founder de The App Master, suma una dimensión estratégica a los números: “La velocidad puede anestesiar el pensamiento”, advierte, y agrega que el beneficio más transformador no es el tiempo ahorrado sino la posibilidad de experimentar más: “Hoy, podemos probar más ideas con menor presupuesto. Eso cambia la dinámica”.
Renzulli coincide en que el gran beneficio no es cuantitativo: “Lo principal es la reducción del tiempo cognitivo. La IA hace tareas repetitivas, lo que permite que los equipos se enfoquen en pensar el sistema y tomar mejores decisiones”.

Prototipo y producción
Donde el consenso se vuelve más firme es en la transición del código generado rápidamente hacia entornos productivos. Ninguna de las empresas consultadas deja que un prototipo avance sin una revisión de ingeniería clásica. Blanco lo dice sin rodeos: “Si alguien cree que puede ir directo del prompt a producción sin disciplina técnica, no hace Vibe Coding, simplemente está jugando”.
En Varegos, Galván aplica un principio: “La IA acelera, pero la responsabilidad técnica sigue siendo humana”. El flujo típico de la empresa incluye validación técnica y de seguridad por parte de arquitectos y seniors, tratando el código generado por IA como “un borrador avanzado, no como versión final”.
El riesgo de la IA
La pregunta sobre si el Vibe Coding erosiona el pensamiento profundo de los desarrolladores –especialmente, los más jóvenes– genera respuestas unánimes: el riesgo existe, pero depende de cómo se use la herramienta. “La diferencia no será entre programadores buenos y malos. Va a estar entre quienes usan la IA para pensar mejor y quienes la usan para pensar menos”, sentencia Blanco.
De Luca lo traduce en una política concreta dentro de su equipo: “Si alguien no puede explicar el código que generó la IA, entonces no está listo para usarla”. Para Renzulli, la forma de mitigar el riesgo es estructural: “Hay que poner el foco en el diseño explícito y revisiones de código que evalúen decisiones, no solo resultados”.

El programador del futuro
De cara a 2026 y 2027, los referentes del sector convergen en una imagen: el desarrollador como diseñador de sistemas más que como escritor de código. “El ingeniero del futuro será más como un director de orquesta de inteligencia que alguien que solo escribe código”, proyecta Blanco. Renzulli agrega que “la verdadera oportunidad está en un proceso de desarrollo cada vez más agentizado, donde cada rol es asistido por IA”.
De Luca cierra con una reflexión: “Si usamos Vibe Coding para liberar tiempo y pensar más profundo, es una revolución; si lo usamos para pensar menos, es un atajo peligroso”.





