

Hay productos que uno guarda en la heladera sin pensar demasiado su conservación y el queso es uno de ellos.
Lo más común es dejarlo en la bolsa donde vino o cubrirlo con film transparente. Pero existe una alternativa que los productores artesanales y los chefs conocen bien: el papel aluminio. Y la diferencia es notable.
Qué le hace el papel aluminio al queso
El film plástico, aunque parece práctico, genera un microambiente alrededor del queso. Esa humedad favorece la aparición de hongos, acelera el deterioro y, en muchos casos, altera el sabor. El queso termina oliendo a plástico o perdiendo la firmeza que tenía cuando se compró.

El papel aluminio, en cambio, regula mejor el intercambio de aire. No sella herméticamente el alimento, sino que permite una respiración mínima que mantiene la textura y preserva los aceites naturales que le dan sabor. Es más efectivo en quesos duros y semiblandos como el sardo, el reggianito, el parmesano o el gruyère.
El proceso es simple:
- Envolver el queso en papel aluminio de manera ajustada pero sin aplastar.
- Doblar los bordes hacia adentro para evitar que entre aire de más.
- Guardarlo en la parte menos fría de la heladera (no en el sector de mayor frío).
- Cambiar el papel cada vez que se corta una porción nueva.
- En quesos muy blandos, combinar el aluminio con un primer envoltorio de papel manteca.

Por qué también importa el sector de la heladera
No alcanza con el envoltorio correcto si el queso termina en el lugar equivocado. Las temperaturas muy bajas deshidratan los quesos curados y cristalizan las grasas de los cremosos. Lo ideal es la parte central o el cajón de verduras, donde la temperatura ronda los 8 y 10 grados.
Además, conviene sacarlo de la heladera entre 15 y 20 minutos antes de consumirlo. A temperatura ambiente, el queso recupera sus aromas y su sabor se vuelve más intenso y redondo. Es un detalle pequeño que cambia bastante la experiencia.
Un dato sobre el queso rallado
Si se compra queso rallado o se ralla en casa, el aluminio no es la mejor opción para conservarlo.
En ese caso, un recipiente hermético de vidrio o plástico rígido conserva mejor la textura suelta y evita que se apelmace. El papel aluminio funciona bien con piezas enteras o en bloque.






