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A medida que las frutas y verduras modifican su apariencia en las cocinas, el impacto visual se convierte en el factor determinante para decidir si un alimento se consume, se procesa o se tira a la basura.

Un estudio publicado por la editorial Elsevier y realizado en 2024 por el investigador Hendrik N. J. Schifferstein sobre 366 consumidores analizó las reacciones ante el deterioro de bananas, mangos, pepinos y paltas.

La investigación demostró que, aunque la pérdida de frescura estética aumenta el rechazo, existen estrategias intermedias de preparación y conservación que permiten aprovechar los alimentos en lugar de descartarlos de forma prematura.

Cómo transformar y preparar cada alimento según su nivel de maduración

Frente al avance del deterioro visual o la pérdida de firmeza, el estudio identificó soluciones culinarias específicas según el tipo de producto:

  • Banana: a medida que se vuelve muy madura y pierde firmeza, aumenta la intención de procesarla mediante cocción o en la elaboración de purés.
  • Pepino: la presencia de ablandamiento o marcas en la cáscara motiva la decisión de pelarlo para aprovechar la pulpa interior.
  • Palta: registra un comportamiento particular, ya que su nivel de atractivo y salubridad percibida aumenta en sus primeras etapas de oscurecimiento antes de llegar al rechazo.
  • Estrategia general de corte: retirar las partes dañadas funciona como una solución intermedia clave para cualquier producto, alcanzando su punto máximo de aplicación cuando se percibe afectado cerca del 40% del alimento.
El impacto visual se convierte en el factor determinante para decidir si un alimento se consume, se procesa o se tira a la basura.
El impacto visual se convierte en el factor determinante para decidir si un alimento se consume, se procesa o se tira a la basura.Imagen ilustrada con Gemini

La importancia de la educación alimentaria y el uso de los sentidos

El trabajo concluye que juzgar la calidad de un producto únicamente por su aspecto exterior puede llevar a descartes innecesarios en los hogares.

Dado que la evaluación visual a partir de imágenes estáticas no mide por sí sola la seguridad microbiológica ni el valor nutritivo real medido en laboratorio, la investigación destaca que la apariencia estética no siempre refleja el estado interno del alimento.

Por eso resulta fundamental complementar la vista con el olfato y el tacto para realizar una valoración sensorial integral. De esta manera, incorporar herramientas de educación alimentaria para aprender a reconocer los distintos estados de maduración y los umbrales reales de deterioro de cada fruto permite tomar decisiones más precisas en la cocina, evitando desechar comida que aún conserva propiedades aptas para el consumo y reduciendo el desperdicio doméstico sin comprometer la salud.

Recomendaciones del estudio para evitar el desperdicio en los hogares

Para prolongar la vida útil de las frutas y verduras y reducir las pérdidas en la rutina doméstica, la investigación plantea las siguientes recomendaciones de conservación y consumo:

  • Educación sobre maduración: aprender a diferenciar las etapas naturales de madurez respecto del deterioro no apto para el consumo en cada tipo de producto.
  • Almacenamiento adecuado: aplicar métodos de refrigeración o congelación oportunos según las necesidades del alimento para ralentizar los cambios visuales y la degradación.
  • Evitar el descarte innecesario: revisar el estado real del producto antes de tirarlo, considerando alternativas de cocción o retiro de partes dañadas.
  • Criterio de seguridad: mantener las precauciones sanitarias básicas, recordando que la apariencia por sí sola no determina si un alimento es seguro para consumir.