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Durante décadas, la jubilación fue pensada como un ingreso que llegaría principalmente desde el Estado, pero el envejecimiento de la población y la menor cantidad de trabajadores por cada jubilado cambiaron ese escenario y empujaron a muchos especialistas a recomendar un segundo pilar, el del ahorro privado de largo plazo.

Una de las herramientas más conocidas para planificar ese retiro es la llamada “regla del 4%”, una fórmula nacida en Estados Unidos que busca responder una pregunta sencilla, la de cuánto dinero puede retirar una persona cada año de sus ahorros sin quedarse sin capital durante la jubilación.

Aplicada a un ejemplo argentino, el resultado llama la atención.

El economista Damián Di Pace elaboró un ejercicio que supone invertir durante 30 años el equivalente al valor de una jubilación mínima actual —cerca de los u$s 310 mensuales— en un instrumento conservador que rinda 5% anual en dólares.

Al finalizar ese período, el capital acumulado ascendería a u$s 259.665. De ese total, algo más de u$s 112.000 corresponderían al ahorro realizado, mientras que cerca de u$s 147.000 serían producto exclusivamente del interés compuesto.

“Empezá ya”, aconseja Di Pace.

La conclusión del ejercicio no apunta tanto al rendimiento de una inversión puntual como al efecto que produce el tiempo cuando el ahorro permanece invertido durante varias décadas.

Qué es la “regla del 4%” y cómo se adapta a una jubilación

La regla fue popularizada por el asesor financiero estadounidense William Bengen en 1994, luego de analizar el comportamiento histórico de carteras compuestas por acciones y bonos de Estados Unidos.

Su propuesta fue identificar cuál era el porcentaje máximo que un jubilado podía retirar durante el primer año sin agotar su patrimonio a lo largo de aproximadamente 30 años de retiro.

El resultado fue una tasa cercana al 4%.

La mecánica es sencilla: durante el primer año de jubilación se retira el equivalente al 4% del patrimonio acumulado y, en los años siguientes, ese monto se ajusta únicamente por inflación para intentar mantener el poder adquisitivo.

En el caso argentino, con un capital final de 250 mil dólares, durante el primer año de retiro podrían extraerse u$s 10.387, equivalentes a unos u$s 866 mensuales, ajustando posteriormente ese monto por inflación.

Es decir que si hoy se invierten cerca de 310 dólares, en treinta años, se recibiría casi el triple.

Existe incluso una versión simplificada, conocida como la regla del 25, que plantea multiplicar por 25 los gastos anuales para estimar el capital objetivo.

Por ejemplo, quien aspire a disponer de u$s 1.400 mensuales durante su jubilación necesitaría ingresos anuales por u$s 16.800. Multiplicados por 25, el patrimonio objetivo rondaría los u$s 420.000.

Sin embargo, los propios especialistas advierten que no se trata de una fórmula infalible.

“No necesariamente da con la exactitud de una ecuación que incluye mantener el capital invertido”, explicó en una entrevista anterior con El Cronista Nahuel Bernués, economista, asesor financiero y CEO de Quaestus Advisory.

¿Sirve la “Regla del 4%” en Argentina?

Bernués considera que la regla puede ser una buena guía conceptual, pero advierte que no debe aplicarse de manera automática.

“Como metodología conceptual y para simplificar un objetivo puede ser útil, pero ninguna funciona si se piensa en pesos porque la inflación puede destruirlo mucho antes de lo previsto. La forma de adaptarlas a la realidad local es calcular los gastos futuros en dólares”, señaló.

El especialista recuerda además que el sistema previsional argentino enfrenta un desafío demográfico creciente.

“El sistema fue diseñado hace décadas pensando en una cantidad de cuatro trabajadores activos por cada jubilado y hoy esa relación es de aproximadamente 1,5 activo por cada pasivo. El resultado es un sistema que reparte entre muchos lo que aportan pocos”, explicó.

Por ese motivo, sostiene que quienes buscan mayor previsibilidad deberían complementar la jubilación estatal con ahorro e inversiones propias.

El tiempo vale más que el monto que se invierte

Otro de los aspectos que destacan los especialistas es el peso que tiene comenzar temprano.

Bernués plantea el caso de una persona de 30 años que proyecta retirarse a los 65, vivir hasta los 90 y necesitar ingresos cercanos a u$s 1.400 mensuales.

Según sus cálculos, debería acumular alrededor de u$s 220.000 al momento de jubilarse, suponiendo que ese patrimonio continúe invertido al 6% anual en dólares. Para lograrlo, hoy debería invertir aproximadamente u$s 160 por mes.

Si esa misma persona esperara hasta los 40 años para empezar, el esfuerzo prácticamente se duplicaría: debería destinar alrededor de u$s 325 mensuales para alcanzar el mismo objetivo.

“Alguien que empieza a los 25 años con aportes modestos puede terminar acumulando más que alguien que arranca a los 40 con aportes mucho más altos, simplemente por el tiempo que el dinero tiene para trabajar”, concluyó.

Más allá de las cifras puntuales, tanto Di Pace como Bernués coinciden en un punto: la regla del 4% no debe entenderse como una promesa de rentabilidad ni como una receta universal, sino como una herramienta para poner en perspectiva el impacto que pueden tener el ahorro sistemático y el interés compuesto cuando se sostienen durante varias décadas.