En esta noticia
- La primera pregunta: cuándo se van a necesitar los dólares
- Qué alternativas existen para los dólares de corto plazo
- Qué cambia cuando los dólares pueden quedar invertidos por años
- Estados Unidos paga más de 5%: ¿por qué no comprar simplemente ese bono?
- Más plazo no garantiza más ganancia
- Qué hacer hoy con los dólares disponibles: ¿corto o largo?
Tener dólares disponibles para invertir plantea una pregunta que suele aparecer antes incluso que la del rendimiento y es cuándo se va a necesitar nuevamente ese dinero, ya que la respuesta puede modificar por completo la inversión adecuada.
No es lo mismo administrar dólares que podrían utilizarse dentro de algunos meses que colocar un capital que puede permanecer invertido durante dos o tres años.
En el primer caso, la liquidez y la estabilidad adquieren mayor importancia. En el segundo, se amplía el universo de activos y también los riesgos que pueden asumirse para buscar un retorno mayor.
El contexto actual vuelve particularmente relevante esa diferencia. Los bonos del Tesoro de Estados Unidos —los Treasuries, considerados una referencia mundial de seguridad crediticia— ofrecen actualmente tasas elevadas: el título a 30 años se ubica por encima del 5% anual.
Al mismo tiempo, en el mercado argentino conviven fondos de renta fija en dólares, obligaciones negociables de empresas y bonos soberanos con rendimientos, riesgos y plazos muy diferentes.
La primera pregunta: cuándo se van a necesitar los dólares
El horizonte de inversión determina cuánto riesgo puede soportar una cartera.
Quien sabe que necesitará los dólares dentro de pocos meses enfrenta un problema particular: una inversión puede ofrecer un buen rendimiento esperado y, sin embargo, encontrarse atravesando una caída de precio exactamente cuándo se necesita recuperar el dinero.
Por eso, para horizontes cortos suelen ganar importancia instrumentos con alta liquidez, vencimientos cercanos y menor sensibilidad a los movimientos de las tasas de interés.
Esta última característica se conoce como duration o duración, aquello que permite estimar cuánto puede moverse el precio de un bono cuando cambian las tasas. Cuanto mayor es el plazo, generalmente mayor es esa sensibilidad.
Qué alternativas existen para los dólares de corto plazo
Para los dólares que pueden necesitarse relativamente pronto existen fondos comunes de inversión diseñados específicamente para administrar liquidez en moneda estadounidense.
Su objetivo no suele ser conseguir el mayor rendimiento posible, sino combinar disponibilidad, diversificación y baja volatilidad relativa.
A medida que el inversor, por otra parte, puede extender el horizonte, aumenta el universo de bonos y riesgos que puede incorporar a cambio de buscar un retorno superior.
Pero eso no significa que el plazo más largo vaya necesariamente a rendir más.
Qué cambia cuando los dólares pueden quedar invertidos por años
Si el capital no será necesario durante un período prolongado, aparecen otras alternativas.
Una posibilidad son las obligaciones negociables (ON), es decir, deuda emitida por empresas. El inversor presta dólares a una compañía y recibe a cambio intereses y la devolución del capital según las condiciones de cada bono.
Otra alternativa es la deuda de otros países o de compañías latinoamericanas. En este segmento, América Latina continúa ofreciendo una combinación atractiva entre rendimiento y fundamentos y privilegia particularmente los bonos corporativos de vencimientos relativamente cortos.
También aparecen los títulos públicos argentinos.
El AO29, por ejemplo, permite observar cómo cambia la ecuación cuando aumenta el plazo y el riesgo asumido. El bono paga intereses mensualmente, tiene vencimiento en 2029 y su rendimiento esperado hasta el vencimiento se ubicaba alrededor de 8,45% tomando los precios de referencia que analizaba el mercado.
Pero esa tasa superior no es gratis: el inversor incorpora riesgo soberano argentino y riesgo de precio si necesita desprenderse del bono antes de 2029.
Estados Unidos paga más de 5%: ¿por qué no comprar simplemente ese bono?
El nivel actual de los bonos estadounidenses muestra por qué rendimiento y seguridad tampoco son sinónimos perfectos.
Un Treasury a 30 años presenta un riesgo crediticio extremadamente bajo en comparación con un bono corporativo argentino. Actualmente su rendimiento ronda el 5,2%.
Sin embargo, comprometerse a un bono que vence dentro de tres décadas implica asumir un riesgo importante frente a cambios en las tasas.
Si las tasas suben, el precio del bono puede caer. Para alguien que puede conservarlo hasta el vencimiento, esa fluctuación tiene una importancia diferente; pero para quien necesita vender anticipadamente, puede convertirse en una pérdida de capital.
Por eso, un bono considerado muy seguro desde el punto de vista de quién debe pagarlo no necesariamente tiene un precio estable.
Más plazo no garantiza más ganancia
Ese es probablemente el concepto más importante para quien busca poner a trabajar dólares inmovilizados.
Extender el horizonte permite asumir riesgos adicionales para intentar conseguir mayor rendimiento. No lo garantiza.
Un fondo corporativo puede atravesar una caída temporal. Una obligación negociable depende de la solvencia de la empresa que la emitió. Un bono soberano argentino incorpora riesgo del Estado. Y un Treasury estadounidense muy largo puede experimentar importantes movimientos de precio aunque prácticamente no se discuta su capacidad crediticia.
Qué hacer hoy con los dólares disponibles: ¿corto o largo?
Aunque no existe hoy un veredicto único sobre qué plazo resulta más conveniente para invertir los dólares, una pista aparece en las estrategias que están recomendando los administradores de cartera.
Balanz, por ejemplo, sostiene que actualmente prefiere acortar los vencimientos de sus posiciones de renta fija.
La razón está en el comportamiento de las tasas internacionales. La firma señala que continúa “sobreponderando la parte corta de la curva con el fin de mitigar esa volatilidad, reducir el riesgo de tasa de interés y aprovechar el carry” mientras espera una tendencia más clara para las tasas de los próximos años.
Traducido para un inversor no especializado, la recomendación implica no asumir hoy más plazo simplemente para intentar conseguir algunos puntos adicionales de rendimiento.
Mantener vencimientos relativamente cortos reduce la exposición a una eventual nueva suba de tasas y permite disponer antes del capital para reposicionarlo.
Eso no convierte automáticamente a las inversiones cortas en las más rentables, pero sí muestra que, en el escenario actual, hay administradores que consideran que extender los plazos no necesariamente compensa por el riesgo adicional que implica.




