

Entre junio de 2025 y mayo de 2026, el mercado argentino desafió una de las máximas más arraigadas del ahorrista argentino: la idea de que “el que apuesta al dólar, siempre gana”.
Esto mismo analizó el especialista Salvador Di Stefano en la última publicación de su blog. Según el “Gurú del Blue”, lo que ocurrió en ese período no fue un resultado fortuito, sino la expresión de un cambio estructural en la lógica de las inversiones.
Es que, para el analista, mientras el inversor tradicional permanece refugiado en el colchón o en el dólar MEP, una nueva arquitectura de instrumentos en pesos comenzó a ofrecer rendimientos que pocos supieron anticipar.
El peso destronó al dólar: el instrumento favorito de Di Stefano
El instrumento que Di Stefano señala como el mejor ejemplo de este fenómeno es el bono TY30P, emitido el 4 de junio de 2025 con vencimiento en 2030, aunque con una característica que lo hace más accesible en la práctica: quienes lo poseen tienen disponible un put, es decir, una opción de venta para salirse de la inversión antes del 31 de mayo de 2027.
El bono devenga una tasa en pesos del 29,5% anual y paga intereses en mayo y noviembre. Di Stefano detalla que su comportamiento desde la emisión es elocuente: el dólar MEP pasó de $1.193,20 a $1.440,40, lo que implica una devaluación del 20,7%.

El bono, en cambio, ya pagó una renta de $14,75 y cotiza a $121. En sus palabras, “los que suscribieron este título a $100, llevan ganados un 35,75%, superando ampliamente a la devaluación del peso, lo que deja como resultado una utilidad del 12,5% en dólares.”
La razón detrás de esta suba de paridad, explica Di Stefano, es la caída de la tasa Tamar —que refleja la evolución de un plazo fijo superior a los $1.000 millones— hasta el 22,5% anual.
Cuando la tasa bancaria baja, los bonos que pagan tasas fijas más altas se vuelven más atractivos y su precio sube. El analista advierte que “en la medida que la tasa de interés en pesos siga a la baja, este bono seguirá subiendo de paridad, mientras que una suba de tasas hará que la paridad baje.”
Sobre las expectativas de inflación, Di Stefano señala que el mercado también muestra señales de tensión. Según su informe, una letra al 30 de noviembre de 2026 (S30N6) rinde el 26,9% anual, lo que implica que el mercado descuenta una inflación anualizada a ese nivel.
Por su parte, un Boncap que vence el 30 de abril de 2027 (T30A7) rinde el 29,7% anual, descontando inflación a un año en ese nivel. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) es más conservador y la sitúa en el 24,2%.
Sin embargo, frente a esas cifras, Di Stefano toma una posición distinta: “Nosotros creemos que a 12 meses la inflación estará por debajo de lo que presagiaba el mercado y los pronósticos del REM”. De confirmarse este pronóstico, esto haría aún más atractivos a los títulos de tasa fija.

El campo como sostén del esquema
El otro pilar que Di Stefano identifica en esta dinámica es el sector agropecuario. La campaña 2025/26, detalla el analista, proyecta rendimientos que llevarían la cosecha a 170 millones de toneladas, con precios favorables para el trigo de diciembre 2026 y para la soja y el maíz del año 2027.
En su informe adelanta que “para el mes de mayo, habrá récord de liquidaciones del campo“, a lo que advierte: ”Cuidado que las exportaciones podrían trepar a más de U$S 10.000 millones”.
Hoy, este volumen de divisas, sostiene Di Stefano, genera un “bolsón de liquidez” que presiona las tasas de interés a la baja y estabiliza el mercado cambiario.
En ese marco, el especialista plantea que un dólar que se posicione en niveles de $1450 o $1500 no debería leerse como señal de crisis.
“Deberíamos tener un espacio para una suba del dólar a niveles de $1450/$1500 para que le mejore la competitividad al sector exportador, ingresen más pesos por la cosecha, y se recauden más ingresos fiscales”, escribe. El punto que subraya el analista es que ese ajuste no necesariamente se trasladaría a precios, dado el contexto de tasas bajas y liquidez elevada.
La confianza en el esquema, agrega Di Stefano, también se refleja en el mercado de deuda: Argentina colocó bonos AO27 y AO28 en dólares por u$s 848 millones cuando la meta era de u$s 500 millones, a tasas del 5,0% y 8,8% anual respectivamente.

Además, en abril, las colocaciones corporativas y provinciales —Vista, Edenor, provincia de Chubut— totalizaron U$S 1.700 millones, una muestra de respaldo a estas empresas.
Para Di Stefano, el balance es claro: “Contra todos los pronósticos, el Gobierno hace un año que colocó un bono en pesos a una tasa del 29,5%, y fue una opción ganadora medida en pesos y en dólares, la Argentina en un cambio de paradigma en forma permanente.”
La pregunta que Di Stefano deja abierta no es si el dólar volverá a subir —él mismo anticipa que sí lo hará— sino si ese movimiento será suficiente para compensar la tasa real que ofrecen hoy los instrumentos en pesos. Hasta ahora, según su análisis, la respuesta es negativa para quienes apostaron al billete verde.


