

La próxima gran guerra tecnológica ya no se libra solamente en los chips ni en los chatbots. Ahora el foco de Wall Street está en otra pelea mucho más profunda es por quién controlará el modelo económico de la inteligencia artificial. Y, según Goldman Sachs, los principales contendientes ya están definidos: Amazon, Alphabet y Meta.
En un informe reciente, el banco sostiene que la industria está por entrar en una nueva fase donde la IA deja de ser un simple producto y pasa a convertirse en una infraestructura económica completa, con inversiones que en algunos casos superan el Producto Bruto Interno (PBI) de países chicos.
El cambio no es menor. Hasta ahora, el mercado premiaba principalmente a las empresas que lograban construir modelos más potentes o lanzar asistentes conversacionales más que ganen popularidad. Pero Goldman cree que el negocio real estará en otra capa: “Controlar la distribución, la infraestructura y los “agentes autónomos” que ejecutarán tareas de forma permanente para usuarios y empresas”.
La tesis del informe es que la próxima ola de valor en IA no estará únicamente en responder preguntas o dar soluciones, sino en automatizar procesos completos de trabajo y consumo. Y eso cambia toda la ecuación financiera.

Según Goldman Sachs, el consumo global de tokens, la unidad económica básica de los modelos de IA, podría multiplicarse 24 veces hacia 2030 impulsado por la expansión de los llamados “agentic AI”, sistemas capaces de operar con distintos niveles de autonomía.
La importancia de esa proyección no está únicamente en el crecimiento de la demanda. El verdadero punto de inflexión, según el banco, es que el costo computacional por token está en caída y más rápido que el precio que las empresas cobran por procesarlos. En pocas palabras: el negocio empieza finalmente a mostrar señales de expansión de márgenes. Un detalle central para Wall Street.
El cambio de los últimos tiempos
Durante los últimos dos años, la narrativa dominante sobre la IA estuvo marcada por el gasto descomunal en infraestructura: centros de datos, GPUs, energía y gastos en inversión récord por parte de las hiperescaladoras.
El mercado aceptaba esos desembolsos bajo la promesa de una monetización futura, aunque sin demasiada claridad sobre cuándo aparecerían realmente los retornos.
Goldman ahora sostiene que ese momento podría estar acercándose. El documento afirma que la economía de los tokens comienza a “inflectar” positivamente gracias a dos factores simultáneos: una estabilización en los precios cobrados por los modelos y una fuerte caída en los costos de inferencia gracias a mejoras de hardware y eficiencia computacional.
Ahí aparece la nueva guerra estratégica
Amazon, Google y Meta a la guerra por controlar las piezas del ecosistema que permitirá monetizar esta nueva etapa.
En el caso de Amazon, Goldman destaca especialmente el posicionamiento de Amazon Web Services (AWS) y el desarrollo de chips propios como Trainium y Graviton.
La tesis es que el gigante tech no sólo busca vender capacidad cloud, sino construir una infraestructura optimizada para agentes autónomos de bajo costo y alto volumen. El banco remarca que AWS cuenta con un backlog de ingresos por u$s 364.000 millones, impulsado tanto por cargas vinculadas a IA como por su estrategia de silicon propio.
Alphabet, en cambio, juega otra partida. La de integrar IA directamente en la puerta de entrada de internet. Goldman cree que Google tiene una ventaja enorme gracias a su capacidad de distribución masiva vía Search, Android, Gmail y Workspace.
El informe sostiene que las consultas vía modelos LLM crecerán aceleradamente y ganarán participación frente a las búsquedas tradicionales.
Eso explica por qué Google apuesta agresivamente a Gemini y la integración de IA en todas sus plataformas.
Meta, por su parte, aparece como el jugador más agresivo en monetización de engagement. Goldman considera que la compañía usa la IA no sólo para mejorar segmentación publicitaria, sino para construir nuevas capas de comercio automatizado y asistentes para empresas y creadores.
En el fondo, los tres grupos buscan controlar algo mucho más importante que un chatbot y es el flujo de intención digital del usuario.
La diferencia parece semántica, pero no lo es. En el viejo internet, las empresas competían por búsquedas, clicks o tiempo de pantalla. En el nuevo modelo que describe Goldman, la pelea será por controlar sistemas capaces de decidir, ejecutar y operar por el usuario y eso implica otra escala económica.
El informe distingue entre chatbots tradicionales y agentes “always-on”, sistemas que permanecen activos permanentemente monitoreando contexto, correos, agendas, búsquedas o tareas laborales.
Goldman analiza que el verdadero multiplicador de consumo llegará cuando esos agentes pasen de ser herramientas episódicas a asistentes persistentes funcionando en segundo plano.
La consecuencia financiera es enorme, ya que más uso implica más consumo de tokens, más demanda de inferencia y más monetización potencial para quienes controlen la infraestructura.
Por eso Goldman sigue extremadamente positivo con fabricantes de semiconductores como NVIDIA, Broadcom y AMD que se benefician de la cadena.

Sin embargo, el informe también muestra un cambio importante en la narrativa del mercado. Plantea que la discusión ya no gira únicamente alrededor de quién tiene la GPU más potente, sino de quién logra reducir más eficientemente el costo por token procesado.
Eso explica el creciente interés de Wall Street por chips personalizados, ASICs y arquitecturas optimizadas para inferencia. La pelea dejó de ser solamente tecnológica. Ahora es económica.
Goldman incluso advierte que la IA agentica podría expandir el tamaño total de la economía digital en lugar de simplemente reemplazar trabajo humano. El banco argumenta que los agentes autónomos permitirán ejecutar tareas que hoy directamente no se realizan por restricciones de costos o tiempo, desde atención al cliente hasta automatización empresarial.
Ese punto es clave porque redefine la narrativa sobre productividad y crecimiento. La primera ola de la IA consistió en construir modelos. La segunda parece enfocada en distribuirlos. Pero la tercera, la que hoy empieza a obsesionar a Wall Street, apunta a controlar la economía operativa que esos modelos ejecutarán. Y esa guerra ya empezó.



