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Los bonos del Tesoro de Estados Unidos, conocidos en el mercado como Treasuries y considerados la principal referencia global de deuda soberana, volvieron a ofrecer rendimientos superiores al 5% anual en su tramo de 30 años y eso, necesariamente, cambia la mirada de los inversores.
Históricamente, para los argentinos, conseguir una renta elevada en dólares implicaba aceptar algún riesgo adicional, como comprar deuda soberana local, obligaciones negociables de empresas argentinas o títulos de mercados emergentes pero, a la luz de los hechos, los especialistas recomiendan volver a analizar la ecuación.
Lo de los Treasuries no se trata solamente de haber perforado ese nivel durante algunas ruedas: en 2026 lograron mantenerse por encima de esa barrera durante períodos que no se observaban desde 2007.
La comparación resulta particularmente atractiva desde Argentina. Algunos bonos corporativos argentinos con vencimientos entre 2026 y 2029 ofrecen actualmente rendimientos promedio cercanos al 4,5% medidos contra dólar MEP, según Balanz.
Es decir, hay deuda privada argentina que nominalmente ofrece una tasa inferior a la que llegó a pagar el propio Tesoro estadounidense a 30 años.
Estados Unidos vuelve a pagar tasas que no se veían desde 2007
Durante 2026, el rendimiento del bono estadounidense a 30 años permaneció 27 ruedas por encima del 5%, aproximadamente el 19% de las sesiones transcurridas hasta el momento del relevamiento. Es la mayor cantidad desde 2007, cuando permaneció sobre ese nivel durante 50 jornadas.
La comparación con aquel año, sin embargo, tiene una diferencia importante. La tasa de referencia de la Reserva Federal se encuentra actualmente unos 150 puntos básicos —1,5 puntos porcentuales— por debajo de la que regía entonces.
El mercado, por lo tanto, está exigiendo una compensación particularmente elevada para inmovilizar capital durante tres décadas.
Detrás de ese movimiento aparecen cuestiones estructurales.
El volumen de deuda del Tesoro estadounidense creció desde aproximadamente u$s 4,5 billones en 2007 hasta unos u$s 31 billones, mientras que la deuda pública superó el equivalente al 100% del Producto Interno Bruto.
El costo anual de los intereses, a su vez, superó el billón de dólares.
A eso se agrega una creciente competencia por captar capital. Las necesidades financieras del Estado conviven con grandes emisiones corporativas, entre ellas las destinadas a financiar las inversiones vinculadas con inteligencia artificial.
Existen más emisores buscando prestamistas y los inversores exigen una remuneración mayor para comprometer sus dólares durante períodos muy largos.
El 5% tampoco viene gratis
La aparente paradoja obliga a distinguir dos riesgos diferentes.
Un bono del Tesoro estadounidense presenta un riesgo crediticio extremadamente bajo: la probabilidad que asigna el mercado a que Estados Unidos no cumpla sus obligaciones es sustancialmente inferior a la de una empresa argentina o un país emergente.
Pero eso no significa que comprar un bono estadounidense a 30 años esté libre de riesgos.
El principal aparece en su precio.
Cuanto más largo es el plazo de un bono, mayor suele ser su sensibilidad frente a las variaciones de las tasas de interés. Si un inversor compra un título a 30 años y luego las tasas vuelven a subir, el precio de ese bono puede caer considerablemente.
Quien pueda conservarlo hasta el vencimiento tiene una situación diferente. Pero quien necesite venderlo antes puede encontrarse con una pérdida de capital aunque el Gobierno estadounidense siga pagando puntualmente todos sus compromisos.
Esa sensibilidad se conoce técnicamente como duration, una medida que permite aproximar cuánto puede reaccionar el precio de un bono frente a cambios en las tasas.
Ante la incertidumbre sobre la deuda estadounidense y la evolución futura de las tasas, distintos gestores comenzaron a privilegiar vencimientos intermedios, principalmente entre cinco y siete años, y a reducir su exposición a los títulos más largos.
Menos plazo para reducir la volatilidad
Esa misma lógica aparece en las recomendaciones que para las carteras de renta fija.
La sociedad de Bolsa Balanz señaló que el movimiento de las tasas estadounidenses reforzó la preferencia por instrumentos de vencimientos más cortos.
“La dinámica vista en las tasas de interés en los últimos meses refuerza nuestra idea de acotar el riesgo de tasa de interés (duración) en la renta fija”, sostiene Balanz en su último informe mensual.
El concepto es importante porque permite entender por qué una tasa superior al 5% en Estados Unidos no necesariamente vuelve irrelevantes al resto de las alternativas en dólares.
“Vemos espacio para tomar riesgo dentro de las estrategias de renta fija. Para aquellos individuos que quieran hacerlo, favorecemos los bonos corporativos de EE.UU. con baja calidad crediticia, pero con vencimiento corto —entre uno y tres años— y los bonos emergentes también a ese plazo”, agrega el informe.
La estrategia consiste, entonces, en separar dos decisiones.
Una cosa es cuánto riesgo crediticio está dispuesto a asumir el inversor —es decir, qué probabilidad existe de que el emisor tenga dificultades para pagar— y otra diferente es cuánto riesgo de tasa quiere incorporar a su cartera mediante bonos de vencimientos muy largos.
América Latina vuelve a entrar en la cuenta
La búsqueda de alternativas también devuelve protagonismo a la deuda latinoamericana.
Balanz sostiene que la región continúa ofreciendo una combinación atractiva entre rendimiento y fundamentos, pero vuelve a privilegiar la parte corta de los vencimientos.
“Latinoamérica sigue ofreciendo una de las mejores combinaciones de rendimiento y fundamentos dentro de los mercados emergentes. Nos posicionamos comprados en renta fija LatAm, en la parte corta de la curva, donde destacamos la deuda corporativa con tasas que siguen luciendo atractivas”, destacó el informe.
Qué cambia para un inversor argentino
La aparición de tasas superiores al 5% en Estados Unidos no implica necesariamente que las inversiones argentinas hayan dejado de ser atractivas. Pero sí modifica el punto de partida.
Antes de asumir riesgo argentino o latinoamericano, el inversor puede comparar cualquier alternativa contra una tasa considerablemente más elevada ofrecida por la deuda estadounidense.
Eso eleva la exigencia sobre cualquier inversión adicional: para asumir más riesgo, tiene que existir una compensación suficiente.




