El dólar, por ahora, no premia al inversor y el dato de inflación le quedó bastante lejos a la evolución esperada para el tipo de cambio como para que hoy resulte una elección atractiva. Por eso, el mercado está yendo hacia el carry trade, es decir que pasan de dólar a pesos, con el fin de capturar tasa.
Un elemento clave para plantearse a la hora de ir hacia pesos es cuánto tiempo puedo estar en tasa sin necesitar volver a dólares.
- Si la respuesta es menos de 30 días, lo más sensato es algo muy corto y líquido (money market / caución / Lecap corta).
- Si es 30 a 90 días, podés pensar en Lecaps o instrumentos a tasa fija con vencimiento cercano.
- Si es más de 90 días: la cobertura deja de ser opcional.
Asimismo, hay que tener en cuenta que no es lo mismo salir de:
- Dólar billete/MEP (más flexible para volver)
- Dólar CCL
En carry, importa el costo de ida y vuelta: comisiones, spread, parking si aplica, y el precio al que te dejan recomprar. Si tu “vuelta al dólar” te sale carísima, no estás haciendo carry: es una apuesta.
Para un carry “tarde pero prolijo”, los tres cajones más usados son:
- Money market / FCI T+0 (liquidez): para estacionar pesos mientras se toma la decisión
- Caución (corto, transparente): suele ser simple y con plazos cortos.
- Lecaps / instrumentos a tasa fija de corto plazo: si el objetivo es capturar rendimiento en un plazo definido. El riesgo es que, si querés salir antes, el precio puede moverse.
Concepto clave: no comprar tasa a seis meses si la paciencia real que se tiene es de tres.
Un buen aliado es el carrry con cobertura
Las opciones típicas de cobertura (dependen del acceso del inversor) son dólar futuro (cobertura del tipo de cambio a un plazo) o uno estrategia mixta, que combine parte en pesos a tasa y otra en un activo dolarizado (para amortiguar)
La idea es tener respuesta si el dólar sube fuerte en pocos días.
Por último, es central hacer la cuenta correcta de tasa vs. movimiento del dólar. Una guía práctica:
- Si tu instrumento en pesos rinde R% en el período
- Y el dólar te sube D%
- Y tus costos de entrar/salir suman C%
Entonces, el carry “cierra” si: R > D + C
El “tarde” aparece cuando D empieza a moverse rápido o cuando el mercado te encarece la vuelta. No se trata de vender dólares y apostar a que nada cambie. El carry no es un acto de fe: es una ecuación entre tasa, tiempo y riesgo cambiario. Si una de esas tres variables no está bajo control, el negocio deja de ser técnico y pasa a ser emocional.
Lo primero es asumir algo básico: el carry no funciona igual para todos. No es lo mismo quien puede dejar el dinero en pesos 30 días que quien necesita liquidez inmediata o quien piensa en horizontes más largos. El plazo manda. Si el tiempo disponible es corto, la prioridad debería ser la liquidez. Si es algo mayor, la tasa empieza a jugar más fuerte.
Pero cuanto más se estira el horizonte, más relevante se vuelve la posibilidad de un cambio brusco en el dólar.
Y después está la cobertura, la palabra menos glamorosa pero más determinante. Hacer carry completamente descubierto en Argentina es asumir que nada va a cambiar. Puede salir bien, pero no es una decisión neutra. Cubrirse total o parcialmente —según el perfil y las herramientas disponibles— transforma la operación en algo más racional. No elimina el riesgo, pero lo acota.




