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La decisión del Banco Central (BCRA) de ampliar el universo de empresas que pueden acceder a créditos en dólares abre una nueva alternativa de financiamiento en momentos en que el crédito en pesos se encuentra estancado, pero también vuelve a poner sobre la mesa un riesgo conocido para la economía argentina: el descalce de monedas.
La normativa permite que los bancos destinen hasta un 15% de sus depósitos en dólares a financiar personas jurídicas que no necesariamente generan ingresos en moneda extranjera. De esta manera, el Central profundizó la flexibilización que había comenzado en junio y amplió considerablemente el universo de potenciales tomadores.
La medida apunta a movilizar una parte de los dólares que permanecen depositados en los bancos y ofrecer a las empresas una alternativa frente al elevado costo del financiamiento en pesos. Pero la contracara es que compañías que generan sus ingresos en moneda local podrán asumir deudas que deberán devolver en dólares.
“Prestarle dólares a una empresa que tiene sus ingresos en pesos no me parece la mejor de las medidas”, advirtió el analista financiero Christian Buteler.
El especialista recordó la experiencia de la crisis de 2001 y señaló que un descalce de monedas puede terminar afectando no solamente a quien toma el préstamo sino también al sistema financiero.
El riesgo que no aparece en la tasa
Uno de los principales incentivos para que las empresas recurran a estas líneas es el diferencial de tasas frente al financiamiento en pesos. Sin embargo, los especialistas advierten que una tasa nominalmente más baja no significa necesariamente un crédito menos riesgoso.
Buteler explicó que parte de la diferencia entre el costo de endeudarse en pesos y en dólares responde justamente al riesgo cambiario.
“El Gobierno dice que lo hace porque las tasas en pesos están altas. Es cierto”, planteó. Pero agregó que en esa tasa en moneda local uno de los componentes que encarece el financiamiento es precisamente el riesgo de devaluación.
En otras palabras, en un préstamo en pesos el riesgo cambiario aparece incorporado en la tasa; en uno en dólares, lo asume directamente la empresa que tomó la deuda.
Federico Machado, economista de OPEN, coincidió en que la flexibilización puede tener efectos positivos sobre el nivel de actividad, aunque advirtió especialmente sobre sus consecuencias hacia el próximo año.
“Creo que la medida puede ayudar a empujar la actividad, considerando que el crédito en pesos está muy estancado, pero es altamente riesgosa desde el punto de vista financiero de cara a 2027”, sostuvo.
El punto de preocupación es qué podría ocurrir si las compañías que se endeudan ahora en moneda extranjera enfrentan más adelante un escenario de mayor volatilidad cambiaria.
Buteler puso especialmente el foco en el calendario electoral del próximo año. Advirtió que existe “un riesgo importante” sobre el comportamiento de estos créditos ante una eventual volatilidad del tipo de cambio en 2027, cuando se celebren las elecciones.
Más de u$s 40.000 millones depositados
La flexibilización se produce además en un contexto de fuerte disponibilidad de dólares dentro del sistema financiero.
Según datos de Guardian Capital, los depósitos privados en dólares superan los u$s 40.000 millones, mientras que los préstamos en esa moneda alcanzan los u$s 24.800 millones.
La diferencia deja cerca de un 17% de los depósitos como capacidad ociosa, de acuerdo con los cálculos de la firma.
El problema de qué hacer con esos dólares no es nuevo. En junio, cuando el BCRA dio el primer paso para flexibilizar estas líneas, los bancos ya advertían que el crecimiento de los depósitos en moneda extranjera era sensiblemente mayor al de las posibilidades existentes para canalizarlos hacia préstamos.
La nueva regulación busca ampliar esos destinos y darle a los bancos más posibilidades de colocar los dólares que reciben de sus clientes.
Para Buteler, ese es precisamente uno de los motivos detrás de la decisión. Si una entidad tiene pocas alternativas para utilizar los dólares depositados, tiene también pocos incentivos para remunerarlos con una tasa atractiva.
“Darle uso a los dólares que están en los bancos para que el depositante pueda tener mayor interés es uno de los motivos”, explicó.
¿Pueden subir las tasas de los depósitos?
Machado consideró que la mayor demanda potencial de crédito podría tener como consecuencia una suba de las tasas que los bancos pagan por los depósitos en dólares.
Al contar con más alternativas para prestar esos fondos, las entidades tendrían mayores incentivos para competir por captar depósitos.
Sin embargo, el economista de OPEN puso en duda que esa mejora sea suficiente para alcanzar otro de los objetivos que persigue el Gobierno: conseguir que una parte de los dólares que los argentinos mantienen fuera del sistema financiero termine en los bancos.
“No creo que esto logre atraer a ‘los dólares del colchón’ como pretende el Gobierno”, afirmó.
Martín Fernández Dubois, de Asset Management, puso el foco sobre el otro lado de la ecuación: cuánto podrían cobrar los bancos por los nuevos préstamos.
Según estimó, para que las tasas activas en dólares resulten tolerables deberían ubicarse entre el 7% y el 8% nominal anual.
En ese escenario, consideró que será fundamental el comportamiento del Banco Nación por su rol natural como formador de precios dentro del mercado.
Actualmente, explicó Fernández Dubois, el Nación paga 4,75% anual para una colocación en dólares de entre 365 y 720 días. Sobre ese costo de captación, las entidades tienen que incorporar además los costos de estructura, la incidencia impositiva y los encajes legales.
El especialista agregó que, para que puedan bajar las tasas pasivas en dólares, debería percibirse una reducción del riesgo cambiario, que actualmente se encuentra elevado según estimaciones privadas.
El otro objetivo: más dólares en el mercado
La medida puede tener, además, un efecto directo sobre el mercado cambiario.
Los créditos en dólares otorgados bajo este esquema deben liquidarse en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC). Es decir, cada nuevo préstamo genera una oferta de divisas en el mercado oficial.
Para Buteler, ese es otro de los motivos que explican la decisión del Gobierno.
“Toda empresa que saque un crédito en dólares tiene la obligación de liquidar esos dólares inmediatamente en el mercado de cambios”, explicó. Y agregó: “Eso genera más oferta en el mercado de cambios y te ayuda a contener el dólar”.
De esta manera, una mayor expansión del financiamiento en moneda extranjera podría sumar oferta de dólares en el MULC en momentos en que la acumulación de reservas sigue siendo uno de los desafíos de la política económica.
¿Puede reactivar la inversión?
Otro interrogante es hasta qué punto la ampliación del crédito terminará efectivamente transformándose en mayor inversión.
La posibilidad de acceder a financiamiento en dólares más barato podría funcionar como incentivo para las empresas. Sin embargo, el nivel de ociosidad de la capacidad instalada pone dudas sobre la magnitud de esa demanda.
En ese contexto, la nueva disponibilidad de fondos no necesariamente implica que las compañías decidan inmediatamente ampliar su capacidad productiva.
También hay quienes consideran que el nuevo esquema podría contribuir a dinamizar la construcción.
Fernández Dubois relativizó esa posibilidad. Según señaló, con un dólar en torno a los $ 1.500, el sector “no pareciera estar gozando un buen momento”, por lo que habrá que ver hasta qué punto aparecen proyectos dispuestos a aprovechar las nuevas líneas.




