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Los bonos soberanos en dólares cerraron este miércoles con una tendencia dispar, pero mejor que en las últimas sesiones. En los globales, las subas fueron moderadas, en torno a 0,2% y 0,5% en la mayoría de la curva, con algo más de firmeza en el tramo corto (GD29, GD30) y avances más contenidos en los largos.

En los bonares el comportamiento fue más débil. Algunos tramos cortos lograron sostener leves subas intradiarias, pero en general la curva muestra más presión vendedora en el balance semanal, con caídas que en varios casos superan el 2%.

El dato clave es que la dinámica local estuvo condicionada por toma de ganancias y cierta cautela previa a la decisión de la Reserva Federal (Fed) sobre las tasas más que por un deterioro estructural.

Cuando se compara con la deuda emergente, la diferencia es nítida. El bloque EM mostró un comportamiento mucho más estable e incluso constructivo en la sesión. Países como Ucrania, Nigeria o Angola registraron subas relevantes en sus bonos, mientras que otros créditos como Turquía o Egipto operaron con bajas acotadas. En promedio, la deuda emergente se movió con menor volatilidad y sin una corrección generalizada.

En ese contexto, Argentina volvió a desacoplarse. Mientras los emergentes sostuvieron los precios, los bonos locales corrigieron.

Cabe destacar que las decisiones de la Fed en materia de tasas impactan de forma directa en el mercado global de bonos, y la Argentina no queda al margen. Las expectativas sobre la política monetaria se reflejan rápidamente en la curva de Treasuries, que actúa como referencia para toda la renta fija internacional.

Desde Balanz destacaron: “Las tasas de los bonos del tesoro a dos y diez años venían presionadas antes de la reunión de la Fed y en medio de la suba que se está viendo en el precio del petróleo. Las mismas reaccionaron levemente al alza después de conocido el comunicado y ahora operan cerca de 3.93% y 4.4%, respectivamente, casi 10 y 6pbs por encima del cierre de del martes”.

Cuando el mercado descuenta una Fed más restrictiva, las tasas cortas en Estados Unidos tienden a subir. En cambio, si se anticipa un ciclo de recortes, ese tramo de la curva suele comprimirse. En paralelo, las tasas largas reaccionan más a las expectativas de inflación: suben si se perciben presiones inflacionarias a mediano plazo y bajan cuando el escenario apunta a una desaceleración de los precios.

Este movimiento es clave porque una suba en los rendimientos de los bonos del Tesoro implica una caída en sus precios y, dado su rol como activo libre de riesgo global, genera presión sobre el resto de las curvas, especialmente en mercados emergentes.

En ese marco, un entorno de tasas en alza representa un desafío para la deuda global, incluida la de Argentina. Sin embargo, el impacto local no es lineal, pues además de la tasa libre de riesgo, entran en juego factores como los flujos de dólares y las expectativas políticas, que a su vez están condicionadas por la evolución de la economía real y el poder adquisitivo.

Desde Balanz coinciden en que, si bien el contexto internacional es determinante, en el caso argentino la curva soberana en dólares sigue muy atada a drivers propios, lo que introduce un grado adicional de volatilidad y diferenciación frente al resto de los emergentes.

La renta variable argentina

Los ADR argentinos cerraron en Wall Street con un comportamiento dividido, pero con un sesgo negativo en los sectores más sensibles al ciclo y a tasas, mientras que energía volvió a sostener el panel de la mano de la suba del petróleo.

Del lado positivo, el liderazgo fue para las telecomunicaciones y energía. Telecom Argentina se destacó con una suba fuerte de 9%, en una rueda donde claramente hubo flujo específico más que contexto. También acompañaron YPF (3,3%), Transportadora de Gas del Sur (1,2%) y Pampa Energía (0,7%).

En contraste, el resto del panel operó con caídas bastante generalizadas. Los bancos volvieron a ser el eslabón más débil: Supervielle (4,4%), BBVA Argentina (3,7%), Banco Macro (2,6%) y Galicia (2%) mostraron correcciones claras.

El segmento de consumo y real estate también acompañó el tono negativo. IRSA (2,4%), Loma Negra (2,2%) y Central Puerto (1,6%) cerraron en rojo, mientras que MercadoLibre cedió 1,4%, más en línea con el comportamiento de las tecnológicas globales en una rueda de cautela previa a la Fed.

En Buenos Aires, el S&P Merval cayó tanto en pesos como en dólares. Medido al CCL el índice recortó 0,8% hasta los 1897,61 y se vuelve a alejar de los u$s 2000. Fue una sesión negativa para las acciones del Panel Líder.

En Wall Street

Wall Street osciló este miércoles, en una rueda en la que los inversores tuvieron que procesar al mismo tiempo la suba del petróleo, la decisión de tasas de la Fed y una tanda clave de balances que se publicaron después del cierre.

Los tres principales índices se movieron con volatilidad luego de que el comunicado de la Fed mostrara el nivel de división interna más alto desde 1992 en torno a la decisión de mantener las tasas sin cambios, en un contexto además atravesado por la incertidumbre que generan los precios de la energía por el conflicto en Medio Oriente.

Todo indica que fue una de las últimas reuniones de política monetaria bajo el mandato de Jerome Powell, quien en la conferencia aseguró que permanecerá como gobernador por un tiempo.

El petróleo saltó luego de que la Casa Blanca confirmara versiones de que Donald Trump pidió a sus funcionarios prepararse para un bloqueo prolongado de los puertos iraníes, lo que anticipa tensiones sostenidas en la oferta por las restricciones en el estratégico estrecho de Ormuz.

El rebote del crudo reavivó temores inflacionarios, incluso cuando la Fed decidió, como se esperaba, mantener sin cambios la tasa de referencia en lo que probablemente fue la última reunión de la era Powell. Dentro del mercado, el índice de semiconductores de Filadelfia subió 1,5% y acumula un alza de 43,8% en lo que va del año.

El S&P 500 cayó 0,3% y cerró en 7.136,48 puntos, mientras que el Nasdaq subió 0,6% hasta 24.679,06. El Dow Jones, en tanto, bajó 0,6% y terminó en 48.869,16.

Daniel Siluk, gestor de carteras y director de Duración Corta Global y Liquidez en Janus Henderson comentó que Una lectura más fina del comunicado de la Fed expone una Reserva Federal cada vez más atenta a los riesgos inflacionarios, “incluso en un contexto donde algunos sectores de la economía empiezan a enfriarse”.

En términos de crecimiento, dijo que el diagnóstico prácticamente no cambió. “La actividad sigue describiéndose como sólida, sin señales de una desaceleración lo suficientemente marcada como para forzar un cambio de rumbo. Aun con condiciones financieras más restrictivas y menor dinamismo en la contratación, la Fed no ve evidencia de que el nivel de actividad esté en riesgo”.

El mercado laboral, en cambio, muestra matices. “El comunicado vuelve a señalar que el ritmo de creación de empleo se moderó, pero lo equilibra con una tasa de desempleo que “apenas ha variado”. Es decir, reconoce cierta desaceleración, pero evita interpretarla como deterioro. Esa distinción es clave porque sostiene la postura de espera”, dijo Siluk.

El cambio más relevante aparece en la inflación. “Ahora se la define directamente como “elevada”, con una mención explícita al impacto de la suba de los precios globales de la energía. Es un giro sutil pero importante, pues el foco deja de estar en el progreso logrado y pasa a los riesgos alcistas, especialmente los que vienen del frente externo”, advirtió.

En ese punto, la geopolítica gana peso. La Fed incorpora de manera más clara el impacto de Medio Oriente sobre la incertidumbre y lo vincula directamente con la inflación. Aunque mantiene su enfoque en el doble mandato, el orden del mensaje deja entrever que hoy la principal preocupación es el frente inflacionario.

En política monetaria, Siluk dijo que el Comité optó por mantener máxima flexibilidad. Reiteró que evaluará el “alcance y el momento de los ajustes adicionales”, sin dar señales concretas de recortes inminentes. De hecho, el nivel de desacuerdo interno fue significativo: hubo una postura a favor de recortar ya y otras que, si bien apoyaron mantener tasas, rechazaron incluso sugerir una inclinación hacia la baja. La conclusión es clara: el consenso es frágil y el margen para anticipar movimientos sigue siendo limitado. Es el escenario que heredará Warsh si se confirma su llegada.

“De todos modos, el comunicado es solo una parte de la señal. La lectura final del mercado va a depender, sobre todo, del tono de Powell en conferencia. En particular, de cómo encuadre la suba del petróleo: si como un shock transitorio o como un factor persistente de presión inflacionaria. Históricamente, ese matiz pesa más que el texto formal”, concluyó.