El tablero macro parece armado para que Bitcoin brille con inflación en baja, expectativas de recortes de tasas a futuro, dólar global en mínimos y un mundo otra vez incómodo desde el punto de vista geopolítico.
En otros ciclos, esa combinación fue casi una invitación formal a comprar cripto. Esta vez no pasó. Mientras el oro rompe máximos históricos y las acciones extienden el rally, Bitcoin la mira desde la tribuna.
El contraste es más que brutal, pues con el oro por encima de los u$s 5000 la onza y Wall Street en modo “risk-on”, Bitcoin ronda los u$s 89.900, acumula una caída cercana al 25% desde octubre y pierde tracción semana tras semana.
Los volúmenes no acompañan y los flujos confirman el diagnóstico, con más de u$s 1300 millones que salieron en pocos días de fondos vinculados a Bitcoin, en un contexto en el que los ETF de acciones registran algunas de las mayores entradas de la historia, según datos de Bloomberg y destacados en un informe de JP Morgan.
Trump, Wall Street y la Clarity Act detrás del retroceso
Julián Colombo, director de Bitso para Sudamérica, señaló en dialogo con El Cronista que la reciente caída de Bitcoin (BTC) debe analizarse en contexto. El experto explicó que, en los últimos días, los mercados globales atravesaron un período de fuerte volatilidad, con movimientos bruscos impulsados por declaraciones de Donald Trump vinculadas a políticas comerciales y geopolíticas.
Para Colombo, ese escenario derivó en la peor sesión de Wall Street en tres meses, con bajas cercanas al 2% en los principales índices —Dow Jones, S&P 500 y Nasdaq— y un marcado aumento de la aversión al riesgo. “Como contrapartida, los activos refugio tradicionales, como el oro, alcanzaron precios récord, mientras que el dólar se debilitó”, recordó.
A este contexto se suma la incertidumbre generada por el debate en torno a la Clarity Act, una iniciativa legislativa que busca regular aspectos generales de los criptoactivos en Estados Unidos.
“En conjunto, estos factores ayudan a explicar los movimientos recientes del precio de BTC”, aseguró Colombo.

Para el experto es cada vez más evidente que el precio de BTC se correlaciona con la volatilidad de los indicadores tradicionales. “Por eso, la decisión de comprar, mantener o vender depende en gran medida del perfil de riesgo de cada inversor y de la estrategia adoptada. Si bien el mercado cripto es conocido por su volatilidad, es clave reconocer que correcciones como las actuales pueden representar oportunidades para quienes tienen una visión de largo plazo”, agregó.
Más allá de las fluctuaciones de corto plazo, Bitcoin mantiene una tendencia alcista en el mediano y largo, consolidándose como un activo de resguardo dentro del ecosistema cripto.
“Su valor se apoya en la escasez programada y en el creciente reconocimiento institucional, con fondos y empresas incorporándolo a sus carteras desde 2024, lo que lo posiciona como una alternativa cada vez más sólida”, dijo Colombo.
El experto recordó que las correcciones forman parte de ciclos normales y saludables. “Si se observa su evolución en los últimos diez años, queda claro que se trata de un activo que ha logrado revalorizarse de manera consistente”, advirtió.
Por último, según el último Panorama Cripto de Bitso, Bitcoin es el activo de mayor peso entre los inversores argentinos y el más elegido para mantener en cartera: “Durante el primer semestre de 2025 representó el 55% del total de tenencias de criptomonedas en las billeteras locales, según explicó Julián Colombo, director de Bitso para Sudamérica”, consigna el documento.
¿Oro digital? No por ahora
Todo el ruido reabrió una pregunta incómoda: ¿sirve Bitcoin como cobertura macro? La evidencia reciente dice que, como mínimo, no de forma consistente. Incluso con tensiones geopolíticas en aumento y un dólar más frágil, el activo no reaccionó.
Distintos análisis coinciden en que su función como hedge inflacionario es episódica y muy dependiente de la liquidez global y del apetito por riesgo, más cerca de una acción tecnológica que de un refugio clásico.
Patricio Mesri, CEO de Bybit para América Latina, agregó en charla con este medio que, que el concepto de “oro digital” no es una teoría ni una promesa futura: “Es lo que Bitcoin ya es. Lo que estamos viendo hoy no tiene que ver con una pérdida de relevancia de BTC, sino con una fuerte rotación de flujos hacia los metales en general, en un contexto global de incertidumbre y búsqueda de refugio”, señaló.
Mesri comentó que hoy hay una verdadera “metalmanía”. “El foco está puesto en el oro y la plata por ser los activos más conocidos, pero también estamos viendo subas muy marcadas en otros metales como el paladio, que incluso ha alcanzado nuevos máximos históricos”, dijo el experto.
Y advirtió que cuando todo el complejo de metales sube de forma simultánea y acelerada, “es una señal clara de que los precios pueden estar por entrar en una zona de overshooting”.
Mesri recordó que la plata lo mostró con claridad: “Llegó a niveles muy elevados y en cuestión de horas tuvo correcciones del 10% o 15 por ciento. Ese tipo de movimientos no invalida la tendencia de fondo, pero sí obliga a pensar en diversificación y a preguntarse cuánto de ese rally es estructural y cuánto responde a un movimiento defensivo de corto plazo”, deslizó.
Mesri comentó que no existe activo en el mundo que suba de manera infinita y ordenada. “No va a ser el caso del oro, ni de la plata, ni del palladium, ni tampoco de Bitcoin. Lo que suele pasar en estos escenarios es una sobreextensión de precios, seguida por un reacomodamiento hacia nuevos niveles de equilibrio”, aseguró.
Por último, Mesri recordó que Bitcoin, históricamente, no capta flujos en la primera reacción del mercado ante el stress.
“Primero el capital va a lo conocido. Pero cuando esos refugios tradicionales empiezan a verse sobrecargados, el mercado vuelve a mirar alternativas. En ese contexto, el rol de BTC como oro digital no se posterga: simplemente responde a otro timing y a una lógica de mediano y largo plazo”, concluyó.



