Greg Abel, director ejecutivo de Berkshire Hathaway, invirtió un total de u$s 19.800 millones en el mercado de valores durante el segundo trimestre, poniendo fin a una racha de ventas de más de tres años protagonizada por su predecesor, Warren Buffett.
Estas inversiones —que incluyen una operación de u$s 10.000 millones para adquirir acciones ordinarias de Alphabet y el desembolso de u$s 4.500 millones en acciones de la propia Berkshire durante el trimestre— reflejan el interés de Abel por dejar su impronta en el conglomerado con sede en Omaha, poniendo a trabajar parte de su enorme reserva de efectivo, valorada en u$s 365.000 millones.
La decisión de Buffett de mantenerse al margen y reducir la cartera de acciones de la compañía —valorada en u$s 324.000 millones— a lo largo de los últimos tres años se interpretó como una señal de que el célebre inversor consideraba que la renta variable estaba sobrevalorada.
Esto hace que la decisión de Abel de volver al mercado resulte aún más llamativa, sobre todo teniendo en cuenta que la renta variable estadounidense se encuentra en máximos históricos.
En las últimas décadas, las decisiones de inversión de Buffett se han analizado minuciosamente en busca de indicios sobre hacia dónde cree él que podría dirigirse el mercado. La enorme reserva de efectivo que había acumulado inquietaba a algunos inversores, quienes sospechaban que aguardaba una caída del mercado que ofreciera una oportunidad mejor.
Berkshire —propietaria de las aseguradoras Geico y National Indemnity, así como del fabricante de pilas Duracell y de ropa interior Fruit of the Loom— informó de que sus niveles de efectivo se redujeron en u$s 15.000 millones durante el trimestre.
Abel relevó a Buffett a principios de año, tras una de las trayectorias más largas e influyentes de un ejecutivo en el mundo empresarial estadounidense. Buffett había dirigido Berkshire durante seis décadas, tras asumir el control de la entonces atribulada empresa textil en 1965.
Abel, quien comenzó su carrera como contable antes de ascender dentro de la división de energía de Berkshire, ha empezado a forjar su propio legado en la compañía. Pocos días después de liderar una operación de captación de capital de u$s 85.000 millones para Alphabet, Abel anunció que Berkshire había acordado comprar la constructora de viviendas Taylor Morrison por u$s 8.500 millones. Ambas operaciones figuraron entre las mayores transacciones realizadas por Berkshire en los últimos años y demostraron que Abel estaba dispuesto —tal como afirmó en la junta anual de accionistas celebrada en mayo— a actuar con “decisión” y a realizar inversiones “significativas”.
Berkshire invirtió u$s 23.000 millones en la compra de acciones de compañías cotizadas durante el segundo trimestre —incluida la operación con Alphabet—, lo que convirtió a la empresa matriz de Google en una de sus cinco principales inversiones.
La información divulgada este sábado por la firma indica que Berkshire invirtió u$s 21.000 millones en acciones cotizadas de los sectores “comercial, industrial y otros” durante el trimestre finalizado en junio; una categoría que incluye a Alphabet.

Los inversores obtendrán una visión más clara de los cambios en la cartera del conglomerado este mes, cuando informe sobre sus posiciones trimestrales a los reguladores de valores de EEUU.
La compañía vendió acciones por valor de u$s 3.700 millones durante el trimestre, la cifra más baja desde 2022.
Macrae Sykes, gestor de carteras de Gabelli Funds y accionista de Berkshire, señaló que las recompras de acciones demostraban que los “mejores gestores de asignación de capital corporativo ven valor actual” en los títulos de la compañía.
El beneficio neto se duplicó con creces respecto al año anterior, alcanzando los u$s 25.700 millones, impulsado por el aumento del valor de sus posiciones bursátiles. Las normas contables estadounidenses obligan a Berkshire a incluir las fluctuaciones en el valor de su cartera de acciones como parte del beneficio neto trimestral, algo que, según la empresa, “puede resultar extremadamente engañoso”.
Los resultados de Berkshire reflejan la fortaleza sostenida de la economía estadounidense, con un buen desempeño en diversos sectores, a pesar de que la preocupación por los elevados precios del petróleo y la inflación afecta al bolsillo de los consumidores.
El beneficio operativo —la métrica preferida de Berkshire para evaluar el rendimiento de las empresas de su propiedad— aumentó un 16% respecto al año anterior, situándose en u$s 13.000 millones.
La firma ferroviaria de Berkshire, BNSF, registró un aumento del 15% en sus ingresos, atribuido al incremento de las importaciones estadounidenses a través de la costa oeste. La escasez de camiones disponibles también impulsó el traslado de mercancías al transporte ferroviario.
La unidad dedicada a la venta de componentes electrónicos informó de un fuerte aumento de la demanda, impulsado por la oleada de inversiones destinadas a financiar el desarrollo de infraestructuras de inteligencia artificial. Las ventas de esta división, conocida como TTI, crecieron más de un 26%.
Por contra, las aseguradoras de la compañía registraron una caída del 13% en sus beneficios operativos, situándose en 1.700 millones de dólares, debido a que Geico tuvo que abonar indemnizaciones más elevadas a los asegurados y aumentó su gasto en publicidad.
Los resultados también reflejaron las recientes operaciones realizadas por Ajit Jain, vicepresidente de Berkshire, quien cerró un acuerdo este año para adquirir una participación del 2,5% en la aseguradora japonesa Tokio Marine a cambio de una parte de su negocio.
Las primas suscritas por la división de reaseguros de Berkshire aumentaron un 4,1% respecto al año anterior gracias a este acuerdo. La compañía señaló que, de no haber sido por dicha operación, el volumen de primas suscritas habría disminuido.
Las acciones de Berkshire subieron un 3% este año, situándose por debajo del rendimiento total del 14% registrado por el S&P 500.





