

Durante la década de 1980, las entrañas del estado de Pará, en el norte de Brasil, albergaron una de las estampas más impactantes de la historia minera contemporánea. La búsqueda, extracción y disputa por el oro transformó comunidades enteras y concentró a decenas de miles de trabajadores en condiciones extremas.
Actualmente, son muchas las zonas que permanecen inactivas dado el riesgo o la falta de inversión para la extracción. Sin embargo, la fiebre del oro continúa viva en un contexto global marcado por la alta cotización internacional del oro, por lo que el deseo de reabrir la mina artesanal a cielo abierto más emblemática de Latinoamérica vuelve a encenderse.

La historia detrás de la mina de oro a cielo abierto más grande de Latinoamérica
Ubicada en el municipio de Curionópolis (estado de Pará), la mina de Serra Pelada se convirtió en el epicentro de la mayor fiebre del oro del siglo XX en Sudamérica. Tras el hallazgo inicial de pepitas a finales de los años 70, la noticia se propagó rápidamente, provocando un alud masivo de obreros y campesinos procedentes de todos los rincones del país.
En su punto de máxima actividad, cerca de 100.000 garimpeiros (mineros artesanales) trabajaban simultáneamente en un enorme cráter excavado completamente a mano. Equipados únicamente con picos, palas y sacos de tierra de entre 30 y 60 kilos, los trabajadores ascendían por precarias escaleras de madera bautizadas irónicamente como “Adiós, mamita”. El peligro de derrumbes, los accidentes mortales y las enfermedades eran constantes diarias en la vertiginosa búsqueda de la riqueza.
Esta atmósfera épica y dantesca quedó inmortalizada mundialmente por el reconocido fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, cuyas imágenes transformaron a Serra Pelada en un símbolo global sobre la condición humana y la ambición extractiva.

La clausura definitiva de la mina de Serra Pelada
A medida que la excavación se profundizaba, las condiciones técnicas y de seguridad se volvieron insostenibles. En 1992, el Gobierno federal de Brasil decretó el cierre definitivo de las operaciones oficiales debido a los constantes deslizamientos de tierra, los severos impactos ambientales y el agotamiento de las vetas superficiales.
Se calcula que durante su periodo operativo se extrajeron oficialmente más de 40 toneladas de oro puro. Con el cese de las bombas de achique, la inmensa cavidad de más de 150 metros de profundidad se inundó paulatinamente. Hoy en día, la antigua excavación presenta el aspecto engañosamente apacible de un gran lago artificial rodeado de vegetación secundaria.
“Lo más difícil es llegar al oro; después de encontrarlo, ya no falta dinero ni equipo bueno”, reflexiona Chico Osório en EFE, uno de los mineros históricos que llegó a extraer casi 700 kilos de oro y que aún conserva pozos y maquinaria deteriorada en la zona.
¿Es posible reabrir la mina de Serra Pelada hoy? Obstáculos y cooperativas
En la actualidad, gran parte de los antiguos garimpeiros y sus familias residen en Curionópolis y se organizan a través de cooperativas locales. Con la cotización del oro alcanzando máximos históricos en los mercados financieros globales, la presión y el deseo por reactivar la extracción han cobrado un nuevo impulso.
Sin embargo, los planes de reapertura enfrentan barreras colosales:
- Deudas y disputas legales: las cooperativas acumulan pasivos millonarios con organismos estatales y acreedores privados, lo que paraliza la obtención de licencias ambientales y mineras.
- Fracaso de asociaciones internacionales: intentos previos de mecanizar la mina mediante alianzas con empresas mineras extranjeras colapsaron debido a litigios judiciales y falta de consenso social.
- Minería ilegal y delincuencia organizada: operativos de la Policía Federal de Brasil han desarticulado redes de extracción clandestina que continúan operando en los márgenes de la antigua mina, demostrando que aún existen reservas en el subsuelo, pero bajo un alto riesgo de criminalidad y contaminación por mercurio.
A pesar de las complejidades técnicas, ambientales y financieras, el mito de Serra Pelada sigue vivo. Para los mineros históricos y las cooperativas de Pará, la reapertura formal representa no solo una promesa de reparación económica, sino el último capítulo de la mayor fiebre del oro de Latinoamérica.


