

La tensión global entre Rusia y Estados Unidos se intensifica en medio de la disputa de una importante ruta en el Ártico que podría ser clave en caso de que se desate una guerra.
Se trata de la brecha GIUK (comprende Groenlandia-Islandia-Reino Unido) y la Ruta Marítima del Norte. Justamente, están ubicados en Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, que se convirtió en el epicentro de esta disputa estratégica, con implicaciones militares, económicas y de seguridad nuclear.

¿Por qué esta ruta es tan importante en 2026 para Rusia y Estados Unidos?
El deshielo acelerado por el cambio climático abre nuevas rutas marítimas en el Ártico, transformando la región en un corredor comercial y militar de enorme valor.
En ese sentido, la Ruta Marítima del Norte (controlada por Rusia como vía interna) acorta distancias entre Asia y Europa, facilitando el transporte de recursos y mercancías. Por su parte, la brecha GIUK es vital para el acceso de submarinos al Atlántico Norte.
Por tal motivo, Groenlandia ocupa una posición geográfica clave: actúa como punto avanzado de vigilancia y control sobre estas rutas. Su control permite monitorear movimientos navales y aéreos, y sustenta sistemas de alerta temprana. Además, la isla alberga recursos estratégicos como tierras raras y minerales críticos para la transición energética y tecnologías avanzadas.
La visión de Rusia sobre Groenlandia
Desde Moscú, la crisis por Groenlandia valida su visión de un orden internacional basado en la fuerza, no en normas jurídicas. A raíz de esto, desde el sitio Escenario Mundial destacan que el Kremlin interpreta el impulso estadounidense como una confirmación de que la capacidad de imponer hechos pesa más que el derecho internacional.
Rusia ve una oportunidad en las divisiones transatlánticas: la presión de EE.UU. sobre Dinamarca debilita la unión de la OTAN y expone fracturas entre Washington y sus aliados europeos.

Sin embargo, el temor principal es una mayor presencia militar estadounidense en Groenlandia. Precisamente, analistas y funcionarios rusos advierten que esto podría alterar el equilibrio en el Ártico y afectar directamente la disuasión nuclear rusa.
Asimismo, la Flota del Norte, basada en la península de Kola, depende del acceso submarino al Atlántico a través del mar de Noruega y Barents. Una base reforzada en Groenlandia facilitaría vigilancia antisubmarina y sensores que complicarían las operaciones de submarinos balísticos rusos.
El Gobierno ruso ya invirtió más de una década en militarizar su costa ártica (más del 40% del litoral polar mundial), reabriendo bases soviéticas, desplegando defensa aérea y misiles costeros. Ante cualquier expansión occidental, Moscú promete contramedidas militares y técnicas, como advirtió el canciller Serguéi Lavrov en febrero de 2026.
La posición de Estados Unidos sobre el control de Groenlandia
La administración de Donald Trump impulsó la adquisición o mayor control de Groenlandia por su valor estratégico para la seguridad nacional de EE. UU. contra las amenazas rusas y chinas. De esta forma, busca instalar el “Domo de Oro”, un sistema de defensa antimisiles avanzado con participación de SpaceX.
Además, tiene interés en el acceso a reservas de minerales de tierras raras, esenciales para tecnología y defensa. Estos depósitos inexplorados sirven para fabricar vehículos eléctricos, turbinas eólicas y armamento de nueva generación, lo cual reduciría la dependencia de China, que controla el 90% de este mercado.


