

Durante décadas, Bert Nabuurs conoció a su padre sin un detalle que había formado parte de su vida de casado: la alianza en el dedo. Sabía que Jo Nabuurs la había perdido mientras trabajaba en el campo, pero nunca supo dónde había quedado. Todo cambió cuando, este año, recibió una llamada inesperada.
Un familiar que vive cerca de la antigua casa de la familia le avisó que alguien había encontrado una alianza y que tenía motivos para pensar que podía pertenecer a su padre. Poco después, el hombre que la había encontrado llegó hasta la casa de Bert para devolvérsela.
El hallazgo había ocurrido en Odiliapeel, un pequeño pueblo de la provincia neerlandesa de Brabante Septentrional. La alianza estaba enterrada a unos 20 centímetros de profundidad y fue localizada con un detector de metales.
Una alianza perdida durante la guerra
Jo Nabuurs se había casado en 1941. Al invierno siguiente, o durante el invierno de 1942-1943, perdió la alianza mientras trabajaba detrás de la granja familiar.
Estaba trillando grano, una tarea en la que debía trabajar con las manos y manipular grandes cantidades de cereal. Al terminar se dio cuenta de que el anillo ya no estaba; lo buscó, pero no lo encontró.
La búsqueda quedó entonces como una historia familiar. Su hijo Bert creció viendo a su padre sin la alianza y recuerda que Jo hablaba de vez en cuando de aquel anillo que había desaparecido.
No había muchas posibilidades de que volviera a aparecer. Habían pasado más de ocho décadas y el terreno había seguido siendo utilizado durante todo ese tiempo. El anillo, a pesar de todo, seguía allí.

El detector que le cambió la historia a una familia
La recuperación ocurrió este verano, cuando Roy van der Steeg, un vecino de la zona, salió a recorrer un terreno agrícola con su detector de metales.
Tenía poca experiencia con el aparato. Según contó a Hart van Nederland, salió simplemente con la intención de buscar objetos enterrados y terminó encontrando una alianza en medio de un terreno de grandes dimensiones.
El detector marcó un punto y Roy comenzó a cavar. El anillo apareció aproximadamente 20 centímetros bajo tierra. En ese momento, claro, todavía no sabía a quién había pertenecido.
La pista decisiva estaba dentro de la propia alianza: tenía grabada la fecha del matrimonio de los padres de Bert. Esa inscripción permitió confirmar que no se trataba simplemente de una vieja joya perdida en el campo, sino del anillo que Jo Nabuurs había buscado décadas atrás.
El encuentro con Bert para la devolución del anillo
Un familiar de los Nabuurs que vive cerca de la antigua propiedad se enteró del hallazgo y recordó la historia del anillo que Jo había perdido mientras trabajaba en el campo. Al saber que la alianza encontrada tenía grabada una fecha, la relacionó con la fecha del matrimonio de Jo y su esposa y se puso en contacto con Bert.
Cuando Roy llegó con la alianza, Bert pudo comprobar la coincidencia con la joya que había encontrado el primero. La fecha grabada era la de la boda de sus padres y el anillo tenía las características que había descrito su padre al hablar de aquella pérdida. Así confirmó que se trataba de la alianza que Jo había perdido durante la guerra.
“Mi padre me contaba de vez en cuando que había perdido el anillo”, explicó Bert al canal de TV DTV Nieuws, según recogió el medio de comunicación NOS.
Bert incluso le ofreció una recompensa a Roy por haberlo encontrado. El ‘detectorista’ la rechazó: dijo que había encontrado algo especial y que prefería simplemente devolverlo.
El anillo volverá a quedar en la familia
Lo más llamativo para los Nabuurs no fue solamente que el anillo apareciera después de 83 años. También sorprendió su estado.
La alianza seguía en buenas condiciones pese a haber pasado décadas bajo tierra. Bert explicó que probablemente ayudó que permaneciera en un lugar seco.
Sus hermanos y hermanas recibieron la noticia con entusiasmo. Para ellos, el objeto no tiene solamente el valor de una joya antigua: es una pieza que perteneció a sus padres y que desapareció cuando todavía eran otros los tiempos y la familia vivía en aquella granja.
Ahora Bert quiere conservarla y, llegado el momento, pasarla a la siguiente generación.






