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La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) publicó el 23 de octubre una comparación de imágenes satelitales que revela fuertes similitudes entre el actual episodio de El Niño y el ocurrido en 1997-98, considerado uno de los más intensos registrados hasta ahora. Según la agencia, todo indica que el fenómeno actual podría resultar aún más fuerte que aquel.

El análisis se basa en 35 años de registros satelitales sobre la altura del nivel del mar, lo que permite identificar con precisión la acumulación de calor característica de este fenómeno climático.

El Niño forma parte de un patrón natural que se repite cada dos a siete años y que altera el clima en distintas regiones del planeta, desde incendios forestales hasta sequías severas e inundaciones costeras.

Los satélites detectan el calentamiento del océano con precisión

Cuando el agua se calienta, se expande y eleva el nivel del mar, por lo que las zonas con mayor altura en el Pacífico ecuatorial central y oriental funcionan como un indicador directo de la acumulación de calor asociada a El Niño. Para aislar esa señal, los científicos retiraron de los datos los cambios estacionales y las tendencias de largo plazo.

La serie histórica combina información de las misiones TOPEX/Poseidon, Jason-2 y Sentinel-6 Michael Freilich, que sobrevaloraron prácticamente la misma trayectoria durante más de tres décadas. Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, señaló que ese registro casi continuo permite comparar con precisión el fenómeno actual con el de 1997, y que todo indica que podría resultar aún más intenso.

Las imágenes satelitales de 1997, 2015 y 2026 muestran cómo varió la acumulación de calor en el Pacífico en cada episodio.
Las imágenes satelitales de 1997, 2015 y 2026 muestran cómo varió la acumulación de calor en el Pacífico en cada episodio.NASA

El mapa de 2026 muestra un parecido notable con el de 1997

El episodio actual se desarrolló de manera mucho más repentina que el de 1997-98, pero hacia octubre ambos mostraban una configuración muy similar, con el nivel del mar más bajo en el Pacífico occidental y más alto hacia el este, además de una franja de agua cálida que se extiende hasta las costas de Sudamérica.

En aquella ocasión, ese patrón estuvo vinculado a lluvias intensas en California y en buena parte del sur de Estados Unidos. Sin embargo, Wills advirtió que cada episodio depende de dónde se concentra el calentamiento y de cómo responde la atmósfera, por lo que no existe un comportamiento estándar que se repita de forma idéntica entre un evento y otro.

El episodio de 2015 tuvo una distribución oceánica distinta

El fenómeno de 2015-16 también alcanzó gran magnitud, pero su huella en el océano fue diferente. Las aguas cálidas que se elevaron sobre el ecuador no llegaron a Sudamérica con la misma fuerza que en 1997 y 2026, lo que derivó en lluvias concentradas principalmente en Centroamérica y el sudeste de Estados Unidos, además de inundaciones severas en México.

Ese contraste entre los tres mapas confirma que un calentamiento de magnitud comparable puede generar efectos geográficos muy distintos, según la ubicación exacta del agua cálida y la respuesta de los vientos alisios.

El Niño puede alterar el clima en distintas regiones del planeta, desde sequías hasta inundaciones.
(Imagen ilustrativa)
El Niño puede alterar el clima en distintas regiones del planeta, desde sequías hasta inundaciones. (Imagen ilustrativa) Fuente: ShutterstockShutterstock

Los organismos internacionales anticipan un fenómeno de gran intensidad

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) estimó que existe una probabilidad del 83% de que El Niño se mantenga fuerte o muy fuerte durante los primeros tres meses de 2027. Por su parte, la Organización Meteorológica Mundial advirtió que la anomalía de temperatura en el Pacífico tropical podría superar los valores máximos registrados hasta ahora entre noviembre de 2026 y enero de 2027.

En España, sin embargo, la meteoróloga Mar Gómez, doctora en Ciencias Físicas, aclaró a Europa Press que no existe una relación directa que permita anticipar si el invierno será más cálido, lluvioso o seco a causa de este fenómeno, a diferencia de otras regiones del mundo donde ese vínculo está mejor establecido.

El impacto, explicó, se notará con más claridad a escala global, ya que el fenómeno podría extenderse durante 2027 y favorecer la transferencia de calor del océano Pacífico hacia la atmósfera, lo que elevaría algunas décimas la temperatura media del planeta y se sumaría al calentamiento global ya existente.

Aun así, la especialista remarcó que todavía es necesario esperar la evolución del episodio durante los próximos meses para determinar con mayor precisión su intensidad real.