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Un grupo de científicos ha descubierto un pequeño dinosaurio oviraptosaurio de la familia Caenagnathidae que vivió en Norteamérica hacia el final del Cretácico, hace aproximadamente 66 millones de años.

El estudio, publicado en la revista científica Nature Communications el 10 de octubre de 2026 fue descubierto en julio de 2011 en Montana, dentro de la formación de Hall Creek, una de las formaciones geológicas del final del Cretácico.

Qué descubrieron los investigadores sobre la nueva especie de dinosaurio

Los científicos estudiaron un esqueleto parcial de la nueva especie -Infernogallus jamesi- que conservaba el cráneo articulado casi en su totalidad. También se encontraron las vértebras del cuello y el tronco, parte de las extremidades y la pelvis. Al tratarse del primer ejemplar de este grupo, permitió reconstruir en su totalidad cómo funcionaban los músculos de la mandíbula.

El nombre de la especie proviene de la combinación de términos latinos relacionados con “infierno” y “gallina”, en referencia a la Formación de Hall Creek y a su apariencia pequeña semejante a la de un ave. Por eso, se la conoce como “gallina del infierno”. Además, el nombre de la especie, jamesi, homenajea a James William Boyd, abuelo de uno de los autores del trabajo.

El hallazgo permitió conocer en profundidad las características del fósil Infernogallus jamesi, y se concluyó que pesaba alrededor de 12 kilos, aproximadamente del tamaño de un pavo grande. Además, el análisis del tejido óseo demostró que el ejemplar era un adulto.

Reconstrucción artística de Infernogallus jamesi, un pequeño oviraptorosaurio del Cretácico tardío cuya anatomía craneal presenta adaptaciones compatibles con el procesamiento de frutos carnosos y otros alimentos blandos.
Reconstrucción artística de Infernogallus jamesi, un pequeño oviraptorosaurio del Cretácico tardío cuya anatomía craneal presenta adaptaciones compatibles con el procesamiento de frutos carnosos y otros alimentos blandos.Wikimedia Commons

Científicos descubren un pequeño dinosaurio que se alimentaba de frutas

Los investigadores dedujeron que la especie se alimentaba de frutas debido a la anatomía de su cráneo y del funcionamiento de su mandíbula.

Esto se debe a que el estudio encontró modificaciones particulares en la organización de los músculos mandibulares. A diferencia de otros terópodos que no fueran aves, los músculos de esta especie estaban orientados de manera que permitían que la mandíbula se desplazara hacia delante y hacia atrás, además de cerrarse.

Este movimiento habría permitido al animal aplastar y procesar alimentos blandos de la boca, al utilizar una serie de crestas y surcos enfrentados en el pico y el paladar. Incluso, uno de los datos más llamativos es que el mecanismo coincide con el de algunos loros actuales que se alimentan de frutas.

Es decir, el análisis del fósil permitió concluir que el animal estaba mejor adaptado para triturar, manipular o comprimir alimentos blandos que para cortar carne o romper vegetación extremadamente dura.

Esto implicaría que esta especie era parte de una familia de herbívoros especializados y que su dieta estaba compuesta parcialmente por frutas carnosas y plantas con flores.

Cráneo preservado del holotipo de Infernogallus jamesi. La figura combina una fotografía del fósil, un dibujo anatómico y reconstrucciones obtenidas mediante microtomografía computarizada, que permitieron analizar con detalle la estructura del cráneo y de la mandíbula del dinosaurio.
Cráneo preservado del holotipo de Infernogallus jamesi. La figura combina una fotografía del fósil, un dibujo anatómico y reconstrucciones obtenidas mediante microtomografía computarizada, que permitieron analizar con detalle la estructura del cráneo y de la mandíbula del dinosaurio.Wikimedia Commons

Por qué este descubrimiento es novedoso

Hasta el momento, se consideraba que durante el periodo del Cretácico tardió se había producido la diversificación de los dinosaurios hervíboros debido a la expansión de las angiospermas, es decir, las plantas con flores.

Sin embargo, no se había podido demostrar que los dinosaurios hubieran desarrollado adaptaciones específicas para alimentarse de angiospermas.

Por tanto, el hallazgo de Infernogallus jamesi es fundamental. Esto se debe a que sus características óseas ofrecen una de las pruebas constatadas más sólidas que probaría la adaptación de un dinosaurio a una dieta basada en platas con flores.

De igual manera, el equipo de investigadores descubrió que la diversificación de estos oviraptorosaurios coincidió temporalmente con el aumento en tamaño y diversidad de los frutos carnosos durante el período del Cretácico tardío.