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El crecimiento de Vaca Muerta suele medirse en producción, exportaciones o inversiones multimillonarias pero, detrás de ese desarrollo existe otra historia menos visible, la de las miles de pequeñas y medianas empresas que abastecen a la industria petrolera.

Hoy, la formación cuenta con una red de más de 7.500 PyMEs proveedoras de bienes y servicios. Fabrican piezas metalmecánicas, desarrollan software, prestan servicios logísticos, realizan mantenimiento y abastecen de insumos a la actividad. Son un componente indispensable para que el shale funcione todos los días.

Pero el mismo informe elaborado para el Consejo Federal de Inversiones (CFI) advierte que la mayoría encuentra serias dificultades para crecer junto al boom energético, ya que, aunque lograron acompañar el desarrollo de Vaca Muerta, pocas consiguen acceder a los contratos de mayor complejidad técnica y valor agregado.

El desafío de salir del “segundo anillo”

La cadena de proveedores de Vaca Muerta funciona como una estructura escalonada.

En el núcleo aparecen las empresas operadoras, como YPF, Pan American Energy, Vista, Pluspetrol, Tecpetrol, Shell o Chevron, responsables del desarrollo de los yacimientos.

Un escalón más abajo se ubican las grandes compañías internacionales de servicios petroleros, como SLB, Halliburton, Baker Hughes, Weatherford y AESA, que aportan la tecnología crítica para la perforación y la fractura hidráulica.

Recién en un tercer nivel aparece una red de más de 7.500 PyMEs que brinda soporte operativo, logística, mantenimiento, metalmecánica, software y otros servicios. En muchos casos trabajan como subcontratistas del primer anillo y sólo de manera ocasional contratan directamente con las operadoras.

Ese esquema explica por qué el desafío no pasa únicamente por sumar nuevas empresas, sino por lograr que una mayor cantidad pueda escalar hacia actividades más sofisticadas.

Las tres barreras que frenan el crecimiento

El informe señala que muchas PyMEs tienen capacidades técnicas para participar de la cadena, pero les resulta difícil responder a contratos de gran volumen o asumir las exigencias operativas que requieren las grandes operadoras.

Por otro lado, escalar implica invertir en equipamiento, tecnología y capital de trabajo. Sin embargo, el estudio identifica el financiamiento como uno de los principales problemas estructurales para que las empresas puedan ampliar su participación en la cadena.

Por último, el documento sostiene que muchas firmas todavía encuentran dificultades para evolucionar desde servicios de menor complejidad hacia actividades con mayor contenido tecnológico y mayor valor agregado, justamente las que demanda el núcleo de la industria.

Un ecosistema que va mucho más allá de Neuquén

Aunque Vaca Muerta se desarrolla en Neuquén y Río Negro, buena parte de sus proveedores se encuentra distribuida en otras provincias industriales del país.

El mapa elaborado por el CFI muestra una fuerte presencia de empresas radicadas en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, además de un entramado de firmas locales vinculadas principalmente a servicios cercanos al pozo.

Muchos insumos recorren más de 1.000 kilómetros antes de llegar a la Cuenca Neuquina, lo que incrementa costos y vuelve todavía más importante que las empresas puedan ganar escala y especialización para competir dentro de una industria que seguirá creciendo en los próximos años.

El informe concluye que la red de proveedores argentina logró acompañar el desarrollo de Vaca Muerta y conforma un ecosistema “muy completo”.

El desafío ahora ya no es construir esa red, sino permitir que una mayor cantidad de PyMEs deje de ser únicamente soporte operativo y pueda capturar una porción más importante del negocio que genera el mayor proyecto energético del país.