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La liquidación de divisas provenientes del agro y del petróleo, que se espera que aumente en los próximos meses, abre una ventana que Domingo Cavallo considera única.

En su último informe mensual, el exministro de Economía escribió que esa dinámica “brinda una excelente oportunidad para eliminar todos los controles de cambio y aumentar rápidamente la acumulación de reservas netas”.

El economista planteó que el Gobierno debería aspirar no sólo a que el Tesoro compre todas las divisas necesarias para pagar los intereses de su deuda externa, sino también a “llegar a fin de año con u$s 10.000 millones de reservas netas adicionales en el Banco Central”.

Sin embargo, Cavallo advirtió que “un cambio de estrategia monetaria y cambiaria de esta magnitud puede provocar una depreciación fuerte del tipo de cambio”.

Aun así, sostuvo que la abundante liquidez en divisas de los próximos meses limitaría ese efecto “mucho más de lo que ocurriría si por no aprovechar esta oportunidad, el cambio de estrategia se postergara y se acercara demasiado a las elecciones del año próximo”.

<div class="migrated-promo-image__description"><div class="migrated-promo-image__source">Fuente: El Cronista</div></div>
Fuente: El Cronista
Fuente: El Cronista

El cepo como freno a las reservas y al riesgo país

Cavallo dedicó gran parte de su informe a explicar por qué los controles de cambio producen el efecto contrario al buscado. Cuando el cepo se mantiene para obligar a las empresas a invertir en pesos sus excedentes en dólares, escribió, “lejos de restringir la salida de capitales terminan desalentando la entrada”.

El propio diseño del RIGI, apuntó, es evidencia de esa contradicción. El gobierno y los legisladores que aprobaron ese régimen “parecen ser conscientes de este defecto de los controles de cambio” y por eso garantizan a los grandes inversores en minería, energía e industrias del conocimiento “disponer con total libertad de las divisas que generan con sus exportaciones, incluida la libre remisión de dividendos y la repatriación de capitales”.

Lo paradójico, señaló Cavallo, es que esa libertad no se extiende al resto del tejido empresarial, donde los controles “aumentan el costo del capital y desalientan no sólo la inversión en activos fijos, sino también en capital de trabajo”.

El riesgo país, que no baja de los 600 puntos básicos a pesar de los resultados fiscales, es otra consecuencia directa de esa dualidad.

Cavallo identificó dos causas principales: “la permanencia de controles de cambio para las empresas que no acceden al RIGI” y “el bajo nivel de las reservas externas netas del Banco Central y su lentitud para acumularlas por temor a que la emisión monetaria provoque aumentos adicionales en la tasa mensual de inflación”.

“Esta conducta del Banco Central lleva a la sospecha de que la estabilidad del tipo de cambio, o peor aún, su apreciación, es precaria y en cualquier momento puede producirse una depreciación fuerte que desestabilice la expectativa inflacionaria por falta de capacidad del Banco Central para intervenir y acotar la depreciación”, alertó.

Frente a ese diagnóstico, Cavallo planteó una paradoja: acumular más reservas, aun a costa de admitir una depreciación temprana del tipo de cambio, reduciría la expectativa de depreciación futura. “El efecto de mediano y largo plazo sobre la tasa de inflación sería mucho menor que con el escaso nivel actual de reservas”, concluyó.

Los controles también alimentan la informalidad cambiaria porque, según Cavallo, “a muchos prestadores de servicios en el exterior y a quienes subfacturan exportaciones, les conviene ingresar sus dólares por el mercado informal en lugar de vendérselos al Banco Central”.

La consecuencia inevitable, subrayó, es que el cepo restringe los servicios monetarios y financieros que podrían prestar los dólares acumulados por la vía informal.

La reforma que propone Cavallo

El economista instó al gobierno a abocarse de inmediato a legislar la reforma monetaria, cambiaria y financiera.

Ese paso, argumentó, “ayudaría a minimizar los riesgos de escalada inflacionaria y a asegurar que la expectativa sobre el curso futuro del tipo de cambio se constituya, junto con el equilibrio fiscal, en el pivote de un plan de estabilización que logre no sólo tasas de inflación muy bajas sino reactivación temprana de la demanda interna y crecimiento vigoroso de la economía”.

Sin controles y una vez minimizado el riesgo de inestabilidad cambiaria, Cavallo propuso que el Banco Central amplíe la autorización a los bancos para usar los depósitos en dólares en financiamiento empresarial y familiar.

Aclaró, sin embargo, que “la expansión del crédito en dólares cuando aún persisten los controles de cambio es peligrosa”, porque la inestabilidad cambiaria tiene sobre el endeudamiento en dólares el mismo efecto que las altas tasas reales de interés sobre el endeudamiento en pesos.

Cavallo trazó también una línea directa entre su propuesta y el ideario del presidente Milei. Señaló que una economía sin cepo “está mucho más cerca que la economía actual del ideal de una economía sin Banco Central como la que predica la escuela austriaca y que tanto defendió Milei durante su campaña electoral”.

Citó el caso de Perú, cuya constitución prohíbe tanto el financiamiento monetario al Tesoro como los controles cambiarios, y señaló que ese marco le dio al país “una estabilidad de precios envidiable”, aun en medio de una profunda inestabilidad política.

“Es muy difícil que se pueda avanzar hacia la despolitización de la economía, es decir a sacar al Estado de la intermediación entre vendedores y compradores en los mercados de bienes y servicios, si en materia monetaria, cambiaria y financiera impera la discreción por arriba de las reglas”, señaló.

Para Cavallo, la síntesis de su propuesta es que “para que pueda funcionar sin sobresaltos un sistema de competencia de monedas es fundamental que no existan controles de cambio y que el mercado cambiario deje de ser un mercado intermediado obligatoriamente por el Banco Central”. Esa condición, en su lectura, es el punto de partida de cualquier estabilización duradera.