

“La productividad en la Argentina fue, históricamente, un terreno de frustraciones. Con una tasa de crecimiento de apenas el 0,5% anual durante las últimas siete décadas, el país quedó relegado incluso frente a sus vecinos de la región”, analizó Fernando Navajas durante una conversación con Juan Carlos de Pablo. Sin embargo, para el economista jefe de FIEL, ese “antiguo régimen” está encontrando un punto de ruptura.
En una reciente intervención en el ciclo Academia y Sociedad, Navajas desmenuzó su tesis sobre el cambio estructural que enfrenta la economía local. El especialista no solo proyecta un salto exportador masivo, sino que redefine el papel de la industria manufacturera y los servicios en este nuevo escenario.
La tesis del “9-3” y el potencial de Vaca Muerta
Navajas sostiene que el sector energético y minero está traccionando la productividad a niveles inéditos.
Sin embargo, el potencial local es disruptivo. “Vaca Muerta es el cerro Potosí”, definió Navajas de forma tajante. Según su visión, la Argentina puede aspirar a una “gramática del tipo 9-3”, un modelo donde el sector energético crezca al 9% anual en productividad, empujando al conjunto de la economía hacia un inédito 3%.
“Creo que vamos a estar levitando hacia los dos millones y medio, tal vez tres millones de barriles por día. Cuando vos hacés la cuenta de eso, te vas a 50.000 millones de dólares, pero caminando”, aseguró respecto al flujo de exportaciones posible bajo este nuevo esquema.

Reorganización industrial: del producto al servicio
Uno de los puntos centrales del análisis de Navajas es cómo la industria argentina debe reaccionar ante la apertura económica y la competencia con China. Según el economista, el cambio no vendrá por la protección arancelaria, sino por una mutación interna de las empresas.
“Los diferenciales de productividad con China no los resolvés con tipo de cambio ni con antidumping”, advirtió. En su lugar, observa un proceso de “reacondicionamiento” donde las empresas locales migran hacia los servicios asociados.
“Las empresas empiezan a cambiar el mix de producción y de servicios que ofrecen, empiezan a correrse. Yo no voy a competir directamente con el chino, pero voy a ofrecer servicios de posventa y asesoramiento”, explicó, citando la transformación actual del sector automotriz y de marcas como Rasti.
Este desplazamiento implica un desafío para el mercado laboral: “El desplazamiento de la mano de obra hacia el sector de servicios es inevitable. La suerte de esa gente depende del ecosistema al cual va a terminar yendo; es muy distinto si vos vas a Puerto Madero o si vas a La Salada”.
El desafío del fondeo: “Captura de valor”
En un contexto de consolidación fiscal y retiro del Estado de la obra pública, la pregunta que surge es cómo financiar la infraestructura necesaria para sostener este boom. Navajas propone salir de la discusión doctrinaria entre “Estado o Mercado” y enfocarse en el concepto de “captura de valor”.
“Financiamiento es cuando vos decís ‘¿qué es deuda?’. Y deuda es impuestos ahora o impuestos mañana. Alguien después lo va a terminar pagando”, analizó.
Como alternativa, propone mecanismos donde los concesionarios exploten negocios colaterales de las obras, como estaciones de servicio o terrenos aledaños, similar al modelo histórico de los ferrocarriles. “El presidente de YPF puede dar una clase de captura de valor. Los márgenes del negocio de nafta me dan algo, pero yo después hago captura de valor en el proceso porque soy productor de otras cosas alrededor”, graficó.
Una mirada optimista hacia el largo plazo
A pesar de las incertidumbres que genera un cambio de esta magnitud, Navajas se inclina por el “lado positivo” de la historia. Para el economista, llevar la discusión hacia el largo plazo permite ver la profundidad de la transformación en curso.
Fiel a su estilo, Navajas cerró su exposición con una metáfora sobre el desafío de los analistas en este nuevo contexto: “Me siento como el octavo marido de Elizabeth Taylor la noche de bodas: sé lo que tengo que hacer, pero no sé cómo hacerlo divertido”, concluyó, reafirmando que el camino hacia una productividad del 3% anual es tan necesario como complejo.



