La actividad económica mostró una recuperación en junio que fue celebrada en los despachos oficiales. El salto de la pesca, la minería, la intermediación financiera y el agro permitieron que el indicador repunte, aunque no fue menor la asistencia que dio la suba de la industria, que aportó 0,2 puntos al crecimiento a pesar de haber subido 1,9%.
En lo que va del año, la economía suma un alza de 1,9% respecto del mismo período del año anterior, a pesar de que el aumento de junio no alcanzó a compensar las caídas de los meses previos y el trimestre cerró en -0,9%. Si bien mantiene la tendencia alcista, hay señales de enfriamiento.
Para junio del año pasado, la actividad acumulaba un alza del 6,2% respecto del mismo período de 2024. Cabe destacar que ese año mostraba caídas sostenidas en el acumulado, en especial previo a la recuperación que se dio a partir de la mitad del año, lo que también asistió a las marcadas subas interanuales registradas durante 2025.
Sergio González, head de asset management en Cohen Aliados Financieros, explicó que el comercio, la construcción y la industria aportaron 0,44 puntos porcentuales al crecimiento de la actividad, y la mitad de lo que aportaron los sectores primarios.

“Un crecimiento traccionado por recursos naturales puede sostener el nivel de actividad agregada sin traducirse en creación de empleo ni en recuperación del salario, y explica por qué la mejora del EMAE todavía no se percibe en la demanda interna”, explicó González.
Esa es la duda que mantiene el empresariado hacia adelante: si se sostendrá la recuperación y si será difundida. La inquietud nace del apoyo al programa económico de Javier Milei y de su convicción de que el sendero debe mantenerse y que, para hacerlo, el impacto debe ser más amplio.
Una encuesta del IAE Business School reveló que la estabilidad política se ubicó como la principal preocupación y pasó del 19% al 44%. “Esto muestra que, para las empresas, la previsibilidad no depende únicamente de las variables económicas o tributarias, sino también del marco político e institucional en el que deben tomar decisiones”, explicó José María Corrales, director de la célula de programas de Dirección de la PyME de la institución.
El propio presidente del Banco Central, Santiago Bausili, habló de una economía fragmentada entre los sectores, pero que mantiene en su conjunto el rumbo ascendente. Si bien se estimaba para el año un crecimiento del 3,5%, “la economía crece despacio, en torno al 2% anual, mucho más despacio de lo que nos gustaría”, sostuvo el funcionario en Mendoza.
Mientras Bausili ratifica una política monetaria contractiva, el Gobierno dio señales para reactivar. Fue el propio Banco Central el que, cuando se anunció la posibilidad de dar créditos en dólares a empresas que no los generen, sostuvo que la medida aspiraba a “ampliar la oferta de crédito, impulsar la actividad económica, la productividad y el empleo”.

Las proyecciones privadas van en la misma línea de lo que espera el Gobierno y oscilan levemente por encima del 2%. La pregunta pendiente es sobre cómo se alcanzará esa meta.
Desde la consultora de Martín Guzmán, Suramericana Visión, consideraron que, de congelarse la actividad en el registro de junio, el crecimiento tendría garantizado un piso de 1,2%: “Así, la actividad necesitará de un decisivo impulso en el segundo semestre del año para alcanzar el reciente pronóstico del FMI (World Economic Outlook) de un crecimiento del 3,5% durante 2026”.
“Seguimos sin encontrar un motor claro que empuje la actividad económica en el corto plazo. La inversión lleva 4 trimestres de caída y posiblemente esté entrando en una nueva fase de wait and see típica de un período electoral, por lo que poco podrá aportar. El consumo seguirá afectado por salarios que en el mejor de los casos empatan a la inflación y por niveles de endeudamiento, morosidad y tasas que difícilmente habiliten una recuperación generalizada vía crédito”, plantearon desde LCG.
Y agregaron: “el impulso fiscal seguirá sin contar. La apuesta estará, entonces, en la tracción que pueda ejercer la demanda externa neta. Por fuera de los sectores hoy pujantes (agro, minería, y petróleo), el resto de las exportaciones crecen más lento”.
Las expectativas de las pymes relevadas por IAE van en esa misma línea. La expectativa de mejora en el segundo semestre del 2026 fue del 40%, por abajo del registro de 2025 (45%), pero se consolidó la expectativa de mantener los resultados actuales (52%).
El factor que motorizó la actividad en los años previos, el crédito, perdió combustible. Los especialistas consideran que su acotamiento condiciona las perspectivas de crecimiento, en particular con el consumo y la inversión estancados.
Su evolución será clave, ya que mostraron una recuperación en los últimos dos meses, más acentuada en empresas que en familias. “Si esta tendencia se consolida, ayudada por el freno en la suba de la morosidad —cuyos indicadores adelantados ya muestran cierta moderación—, podría contribuir a sostener una recuperación gradual de la actividad en la segunda mitad del año y que el año cierre como estimamos en torno al 2/2,5%”, analizaron desde Invecq.



