Los argentinos están parados delante de un camino que todavía no les ofrece certezas. Por lo menos, no todas las que se necesitan para convencerse de que se trata de un camino sustentable. Por cada indicador positivo que aparece, son varios los que aún siguen en rojo. La dicotomía entre sectores que crecen y sectores que se estancan no necesita muchas evidencias, ya que las cifras que respaldan el optimismo de quienes actúan en el mundo de la energía o la minería son palpables. Ni que hablar de los protagonistas del campo, que rezan para que los factores que ayudaron a conseguir una cosecha récord se reproduzcan todos los años.

La recuperación del poder de compra sigue siendo una de las principales demandas de la sociedad.
La recuperación del poder de compra sigue siendo una de las principales demandas de la sociedad.

Es tal vez este escenario el que causó el adelantamiento del debate electoral, pese a que todavía quedan bastantes meses hasta que las definiciones que deben tomar el Gobierno y las provincias decanten y cobren forma. La pregunta que hacen los encuestadores sobre cómo ven a la Argentina y la situación personal en los próximos doce meses muestra insatisfacción, sin que haya ejes claros a los que atribuirla. Está claro que este malestar sube y baja a la par de otros elementos claves, como la inflación y la evolución del mercado laboral. Pero mientras prevalece en muchos encuestados la sensación de que el actual modelo no ofrece mucho espacio para el progreso individual, otros tantos asumen que la inversión que hicieron en términos de esfuerzos y sacrificios no debe ser abandonada. Y por eso aguardan que las mejoras aparezcan con más fuerza y se consoliden.

Al Gobierno le cuesta explicar por qué a la Argentina le va bien en términos macroeconómicos (actividad y consumo en nivel récord), pero esa sensación no llega a todos los argentinos. Javier Milei está convencido de que el efecto derrame tiene que partir del sector privado y no de un Estado que todavía debe bajar más el gasto y la presión fiscal para conseguir que al aparato productivo sea competitivo. Lo que no hay que pasar por alto es que este objetivo empieza a ser compartido cada vez más por la sociedad, que quiere recuperar poder de compra aunque eso implique recortar beneficios otorgados en el pasado por el Estado. Si los insatisfechos por el presente asumen que ese pasado no tiene chance de revivir, las cuentas electorales del 2027 pueden ganar una inesperada nitidez...