La historia del desarrollo energético argentino estuvo marcada durante décadas por la dependencia de importaciones. El desarrollo de los recursos no convencionales, como Vaca Muerta, abre la posibilidad de revertir esa limitación estructural. Revisar los hitos técnicos, productivos y estratégicos que hicieron posible este cambio permite dimensionar la oportunidad y los desafíos pendientes para consolidar un nuevo ciclo de desarrollo.
Argentina se organiza como nación condicionada por la carencia de fuentes de energía, un factor clave para el desarrollo. En el tiempo del carbón, motor de la industria, debíamos importarlo, una dependencia que se agudiza con los avances del ferrocarril y la electrificación. Incorporados petróleo y gas natural a la oferta energética global serán explotados en Mendoza desde 1886 por emprendedores locales y con mayor impulso a partir del descubrimiento de Comodoro Rivadavia en 1907 por una comisión del Ministerio de Agricultura precursora de YPF. A partir de allí la exploración del territorio nacional conducida por la empresa estatal adquiere para la nación un valor simbólico asociado a la industrialización y el desarrollo.
Hacia 1950 la actividad alcanzaba a las cinco cuencas hoy en explotación, se habían formado técnicos locales e introducido las tecnologías disponibles, aunque la explotación local de hidrocarburos -salvo breves intervalos- no alcanzó a cubrir la demanda y nuestro país atravesó también el siglo del petróleo como importador neto de energía. Ese escenario comienza a modificarse con la explotación de recursos no convencionales, especialmente los shale, formaciones rocosas capaces de generar hidrocarburos, de los cuales la formación Vaca Muerta es un ejemplo de clase mundial. Las tecnologías desarrolladas en EE.UU, donde conviven un mercado demandante y una industria dinámica, permitieron a ese país, con la explotación de estos depósitos, revertir la tendencia declinante de sus campos y convertirse en exportador de energía. Este camino puede replicarse en Argentina.
Vaca Muerta fue muy bien estudiada a partir de los datos de cientos de pozos perforados en la cuenca para alcanzar objetivos convencionales más profundos. La publicación de un informe del Departamento de Energía de los EE. UU en 2011 la destaca como uno de los sistemas más atractivos, no solo por el volumen del recurso sino por la calidad de los parámetros críticos para su explotación: volumen del recurso, riqueza y madurez de la materia orgánica contenida, profundidad y propiedades mecánicas accesibles para la perforación de pozos. A esto se suma la ubicación geográfica favorable, donde la explotación convive armónicamente con otras actividades. Desde 2010, YPF formó equipos y comenzó trabajos preliminares para la explotación del recurso, se incorporaron empresas argentinas y extranjeras, se agilizó el ingreso de inversiones y en 2017 se logró revertir la tendencia declinante de la producción de petróleo. Vaca Muerta aporta hoy 50% del petróleo y 66% del gas natural producidos localmente.

Argentina dispone por primera vez de un recurso energético competitivo y sustentable, y puede planificar desarrollos futuros sin aquella restricción histórica. El crecimiento de la producción demostró la calidad de los depósitos y el dinamismo de los actores para incorporar tecnologías y gestión. No todas las explotaciones no convencionales son iguales y un factor que ya forma parte de la agenda de la industria es el costo ambiental de la producción: En este aspecto también Vaca Muerta será competitiva, con emisiones de gases de efecto invernadero en el orden de 10 kg por barril equivalente, valores que se ubican globalmente entre los más bajos.
Existen demandas no resueltas vinculadas a infraestructura, así como los aspectos regulatorios y, sobre todo, la formación de talentos. En las carreras de ingeniería debatimos la incorporación de nuevos contenidos adaptados al entorno dinámico y globalizado que propone la industria, para resolver los problemas pendientes, logísticos y de organización del trabajo en superficie y nuevos modelos de subsuelo que manejen las complejidades de los reservorios no convencionales. Otro desafío es el de fortalecer la educación elemental y media, para que contenga y acompañe a los argentinos del futuro en la aventura del progreso.
Vaca Muerta es un don y una promesa, y depende de nosotros concretarla.



