Jesse James necesitaba caballos y revólveres. A los hackers que vaciaron Binance les alcanzó, según la propia empresa, con la notebook vulnerada de un ingeniero. El esfuerzo se achicó. El 13 de febrero de 1866, un grupo armado entró a la Clay County Savings Association y se llevó unos u$s 60.000.

El golpe se le atribuyó a la pandilla de Jesse y Frank James y quedó como uno de los primeros asaltos a mano armada en Estados Unidos. Jesse James terminó asesinado por uno de los suyos en 1882.

Hackers realizan ataques informáticos para vulnerar sistemas y robar información y activos digitales.
Hackers realizan ataques informáticos para vulnerar sistemas y robar información y activos digitales.

El revólver le dejó lugar a la pala con varios casos en el mundo de boqueteros. La Argentina tuvo lo suyo. El 13 de enero de 2006, cinco hombres entraron al Banco Río de Acassuso y tomaron 23 rehenes. Mientras uno negociaba con la policía, el resto vaciaba las cajas de seguridad. La Justicia estimó el botín en u$s 19 millones. Al poco tiempo la banda cayó.

El viejo oficio de robar entidades cambió de herramientas. En 2016, hackers usaron el sistema SWIFT para robar u$s 81 millones del Banco Central de Bangladesh. Nadie cavó nada. La pista llevó a Corea del Norte. El jueves pasado le tocó a Binance.

Unos u$s 6300 millones salieron por una decena de blockchains. Es el mayor robo cripto del que se tenga registro. TRM Labs, Chainalysis y Elliptic, que rastrean operaciones en blockchain, apuntan otra vez a Corea del Norte. En Acassuso, el boquete tardó un año en planificarse. En Binance, según TRM, el ataque empezó a prepararse unas 36 horas antes.

¿Qué tiene que hacer un ahorrista en medio de estos cambios financieros? Lo primero es entender que un “exchange” no es un banco. No hay seguro de depósitos ni prestamista de última instancia. No están supervisados por el Banco Central. Diversificar reduce riesgos.

El negocio de la cripto vendió durante años la idea de que la plata ya no necesitaba bóvedas. Pero los ladrones tampoco necesitan túneles. La sofisticación es para los buenos y lamentablemente para los malos.