Los resultados de los movimientos de fondos con el exterior de 2025 provienen de factores varios que deben ser distinguidos para, en el futuro, resolver los problemas que enfrentamos en el año, sin recurrir a auxilios temporarios de emergencia. La llamada “escasez de dólares” está mayormente explicada en las salidas netas de capitales del sector privado, los que se agudizaron en determinados periodos durante el año pasado.
Revertir esta situación es un objetivo posible y constituye una condición necesaria para seguir trabajando en la estabilización de la economía y sentar las bases para mejorar las perspectivas de crecimiento sostenible del país. Ello implica refinar y coordinar varios aspectos que quedan manifestados a partir de la experiencia reciente.
En el Balance de Pagos del país, se observa que tuvimos un superávit comercial acumulado del 2025 (datos a noviembre) por unos u$s 18.800 millones -base caja-, con mejoras en los volúmenes exportados del 18% anual -y caída marginal de los precios de exportación-.
También se nota una creciente presión compradora, principalmente desde China, en varios otros sectores de “productos y servicios transables” que se manifiestan en el aumento de las importaciones de bienes de consumo, incluyendo automotores (las cantidades se incrementaron 22% y 104% anual, respectivamente). En definitiva, a pesar del aumento de las importaciones, el superávit comercial se logró por el aumento de las cantidades exportadas.

Sin embargo, en ese periodo de 2025, la cuenta capital y financiera del sector privado no financiero (mayormente excluye a lo bancario local) del balance de pagos arrojó un déficit neto de aproximadamente u$s 15.500 millones. Tan solo la formación de activos externos netos del sector privado (FAEN) superó los u$s 30.000 millones, de los cuales una porción relevante se volcó a inversiones en activos domésticos (depósitos y préstamos bancarios y Obligaciones Negociables -ONs-).
Adicionalmente, por inversión extranjera directa se registró una salida neta de fondos por u$s 1.400 millones. En paralelo, las colocaciones netas de títulos de deuda, ONs incluidas, y préstamos fueron positivas por algo más de u$s 11.000 millones, con una importante actividad en el último trimestre de 2025.
Particularmente, cuando resultó más manifiesta una presión compradora neta de divisas afectada por visiones de sostenibilidad del esquema cambiario en conjunción con percepciones de riesgo, hubo una corrección de las cotizaciones de peso contra otras monedas. Así, en el año, el tipo de cambio multilateral oficial –medido por el BCRA- se devaluó un 21% en términos reales, ayudado también por la depreciación del dólar de EE.UU. en el mundo (más de 5% en términos reales).
Durante varios meses del año, los niveles de tipo de cambio fueron percibidos como atractivos para la adquisición de divisas, cuya demanda se vio reforzada con lecturas de inestabilidad originada en una sobreoferta discontinua de moneda extranjera derivada del diseño y funcionamiento del mercado.
Más adelante, se registraron periodos en los que en la demanda de dólares pesó la percepción de riesgo asociada a cambios en el escenario político que pudieran derivar en alteraciones de los contratos, de manera explícita o implícita. Haber evitado una profundización en las restricciones a los movimientos de capitales impidió la implementación de salidas facilistas con notables perjuicios en el mediano y largo plazo (y costos en lo inmediato).
Para atender pagos y contrarrestar esas presiones, el sector público recurrió a asistencia financiera no habitual, difícil de acceder para la mayoría de los países.
En lo instrumental, se fueron estabilizando y normalizando los tipos de cambio efectivos -cotización del peso más impuestos/aranceles/retenciones aplicables-, y aplicando reglas de juego que, si bien experimentaron ajustes, tendieron a los tipos de cambio confluyan a niveles más sostenibles y predecibles que las precedentes.
En este sentido, las reglas vigentes permitieron estabilizar el mercado de cambios sin necesidad de recurrir a políticas aplicadas en otros momentos cuando se incentivaba la mayor oferta temporaria de divisas mediante varios mecanismos (ej. el manejo transitorio de baja de retenciones) a expensas de futuras liquidaciones.
En lo atinente a lo político / institucional, no solo hubo una expresión en las elecciones de mediano término que impactó positivamente en el cambio de expectativas, sino una reafirmación en amplios sectores del espectro político de que el mandato popular es para sostener la idea de respeto a los contratos.
En materia monetaria, el Gobierno sostuvo el objetivo de hacer atractivo operar y mantener saldos en moneda local, particularmente en momentos de alta incertidumbre (con sus efectos sobre el nivel de actividad). Con distintos niveles y más volatilidad en las tasas de interés, en particular entre agosto y octubre del año pasado, se implementó una política de tasas superiores a las expectativas de devaluación o de variación de precios.
El cambio de contexto político llevó al Gobierno a anunciar la aplicación de criterios y utilizar instrumentos para el manejo de la política monetaria, tal como lo hacen otros bancos centrales, (p.ej. mediante operaciones de mercado abierto, pero con mayor neutralidad).
Subyacentes en las acciones del Gobierno está la premisa de sostener la disciplina fiscal y contemplar las dificultades de la transición de la economía que hagan viables mejoras en la competitividad buscando un dinamismo que movilice recursos, particularmente los humanos.
De los movimientos que reflejan las cuentas externas se podrían distinguir fenómenos asociados al proceso de dolarización de la economía aceptando el riesgo local de salidas de otro donde no se pretende salir del alcance de definiciones domésticas. Los efectos sobre la economía real son más profundos en el segundo tipo de fenómeno que en los del primero. En 2025, se dieron ambos mientras que el segundo prevaleció claramente en episodios previos en la historia argentina.
Ambos, sin embargo, tienen consecuencias de menor disponibilidad de fondos para inversión y consumo del sector privado. De todos modos, también tienen implicancias e imponen restricciones a los márgenes de política económica para el futuro. Generar escenarios que permitan corregir estos aspectos constituye un desafío a resolver en 2026.









