

Los perezosos son uno de los mamíferos más particulares de las selvas tropicales por su comportamiento y sus características físicas. Pasan gran parte de su existencia entre las ramas, se desplazan con extrema lentitud y poseen adaptaciones que les permiten conservar energía incluso mientras permanecen suspendidos boca abajo.
Estos animales pasan cerca del 90% de su vida colgados de los árboles. Sus órganos internos están adaptados de tal manera que pueden permanecer invertidos durante largos períodos sin que esto afecte su respiración. Incluso pueden reproducirse en esa posición y solo suelen descender al suelo para hacer sus necesidades, aproximadamente una vez por semana.

Las sorprendentes adaptaciones de los perezosos
Actualmente existen seis especies de perezosos, que pueden distinguirse, entre otras características, por la cantidad de dedos en sus extremidades. Los ejemplares de dos dedos suelen ser algo más grandes que los de tres dedos y, además, pertenecen a una familia taxonómica diferente.
Estos mamíferos también tienen una particularidad relacionada con la visión. Son animales principalmente nocturnos y pasan buena parte del día en zonas de sombra. Presentan monocromía, debido a la ausencia de células cónicas en sus ojos, por lo que no perciben los colores como otros mamíferos.
Su anatomía también está especialmente adaptada para permanecer suspendidos de las ramas. Pueden sostener su propio peso con sus extremidades y, pese a contar con menos masa muscular que otros mamíferos de tamaño similar, poseen una fuerza considerable.
La lentitud que les permite sobrevivir
Aunque permanecer inmóvil durante horas podría parecer una desventaja frente a los depredadores, para los perezosos representa una estrategia de supervivencia. Su alimentación se basa principalmente en hojas, un recurso que proporciona poca energía.
Por esa razón, estos animales reducen al mínimo sus desplazamientos y el gasto energético. Pueden dormir alrededor de 15 horas al día y permanecer largos períodos sin moverse entre las ramas.
Los folívoros, grupo al que pertenecen, cuentan además con una historia evolutiva de más de 65 millones de años, lo que demuestra que esta estrategia basada en un metabolismo y un ritmo de vida pausados ha resultado efectiva durante millones de años.
Un ecosistema vive sobre su propio pelaje
El pelaje del perezoso funciona como un pequeño ecosistema en el que pueden convivir microorganismos, insectos, hongos y algas. Algunas especies de polillas incluso dependen de estos animales para completar su ciclo de vida.
Un ejemplo es Cryptoses choloepi. Cuando el perezoso desciende al suelo para defecar, las hembras de estas polillas pueden depositar sus huevos en el estiércol. Después, los ejemplares adultos regresan a las copas de los árboles, donde se aparean sobre el pelaje del animal.

Las algas verdes también mantienen una relación beneficiosa con los perezosos. Pueden crecer sobre su pelaje y contribuir a que el animal se camufle entre las hojas y ramas, reduciendo las posibilidades de ser detectado por sus depredadores.
En el agua son mucho más rápidos
La extrema lentitud del perezoso se observa principalmente cuando se desplaza por tierra. En el agua, en cambio, estos animales pueden desenvolverse con bastante más facilidad y son buenos nadadores.
Utilizan sus largos brazos para impulsarse y, en ocasiones, pueden lanzarse al agua desde las ramas de los árboles. Su velocidad en este medio puede ser superior a la que alcanzan cuando se desplazan por tierra.
Así, detrás de un animal que parece pasar buena parte del día inmóvil existe una combinación de adaptaciones físicas y conductuales que le permitió sobrevivir durante millones de años: ahorro extremo de energía, una poderosa capacidad de agarre, camuflaje y habilidades que le permiten desenvolverse tanto en los árboles como en el agua.





