En la pared de su estudio, sobre calle Alvear, domina un cuadro. Es una pintura del Congreso Nacional. Alejandro Fargosi (71) la compró hace años. Resultó premonitorio: en diciembre, asumió como diputado nacional.

Salvo por el Consejo de la Magistratura -silla que ocupó entre 2010 y 2014, para la que resultó electo por sus colegas -, es su primer cargo político después de una carrera profesional que, en 2026, cumplirá cinco décadas desde que se recibió de abogado. Miembro del bloque de La Libertad Avanza (LLA), hoy es un abanderado de la gesta impulsa Javier Milei.

Los abogados tenemos que volver a ser los defensores de la Libertad”, explica su alineamiento pleno con la causa del León. “Lamentablemente, en la Argentina, hemos dejado de serlo”, apunta.

Semanas atrás, el apellido de Fargosi destacó pero en forma involuntaria para él. Horas después del fallo de Cámara en Nueva York que revirtió la sentencia contra la Argentina de pagar más de US$ 18.000 millones por la expropiación de YPF, se lo acusó de haber sido abogado de Burford, el fondo británico que compró los derechos del grupo Petersen en ese litigio. Algo que Fargosi mismo se encargó de desmentir. El asesoramiento no fue en esa causa, sino en el juicio de Aerolíneas ante el Ciadi, también adquirido por Burford. Pero no fue suyo, sino de Fargosi Abogados, estudio que fundó su padre, Horacio -ex juez, coautor de la Ley de Sociedades Comerciales, la del Cheque y del Código de Comercio-, y que hoy continúa su hermano, Diego.

Fargosi (Alejandro) se desvinculó de esa firma en 1987. Luego, entró a Entel y, después, con estudio propio, se convirtió en uno de los referentes de Derecho de las Telecomunicaciones entre los Abogados de la City. “Algunos tuiteros no logran entender que haya un apellido común que sea en la abogacía y pueda haber más de uno en la profesión”, ironiza.

¿Tuvo o no tuvo vínculo con Burford?

Cero. El estudio Fargosi se llama así por mi padre, no por mí. Me fui en septiembre de 1987, más de 20 años antes de que naciera Burford. Trabajé por mi cuenta, como asesor en Entel y, en los ’90, de Telefónica. Fundé mi estudio, con Martín Oyhanarte como socio, en 1997. Es una payasada típica de opereta.

¿Por qué lo vincularon con Burford?

Porque hay gente bienintencionada que cree ese tipo de mentiras. Sobre todo, en medio de las campañas que sufrimos cotidianamente desde que asumió Milei. Estamos hablando pocos días después de que se descubrió el affaire ruso. Usar basura inexistente es una técnica comunicacional. La célebre frase de Goebbels: “Miente, miente, que algo quedará”. Cualquiera que se mete en política sabe que es tirarle la honra a los perros. Que aparecen operetas que jamás son posibles de levantar por completo. La gente lee el ataque y no la defensa o la conclusión. Pasó infinidad de veces. Y seguirá pasando. Hoy, me tocó a mí. Nada indica que no le pueda pasar a cualquiera. Sobre todo, cuando hay dinero atrás.

No obstante, hace años, cuando empezó el juicio, hubo un contacto de Burford para contratarlo…

Nunca. No los conozco. No hubo ningún contacto. No sé ni quiénes son.

Usted es diputado oficialista pero, también, abogado especializado en negocios. ¿Qué piensa del fallo?

El reclamo no tenía razón. La Ley de Expropiación hablaba del 51 por ciento de las acciones. El Derecho tiene un conflicto permanente de normas. La forma de solucionarlo es definir cuál es la preminencia de una sobre otra. Y no hay duda de que una Ley de Expropiación tiene preminencia sobre el estatuto de una empresa. Es obvio. No sé cómo estuvieron 20 años para descubrirlo.

YPF cotiza en Nueva York. Como sujeto jurídico, debe adaptarse a sus reglas. Y la Ley de Mercado de Valores de allá defiende el interés de los minoritarios en caso de un cambio de control.

Ahí, hay otro conflicto normativo. ¿Qué diría yo? Que la decisión empresaria de cotizar acciones en la Bolsa de Nueva York es una decisión de particulares libres. Pero no puede implicar la derogación del sistema legal argentino, que es el que rige las expropiaciones. La pirámide jurídica aplicable a la actividad de una empresa argentina en la Argentina no puede estar sometida a la decisión empresaria de cotizar acciones en Nueva York o en Mongolia. Eso es Derecho Internacional.

Petersen no. Pero el otro reclamo que compró Burford, y que sumó a ese caso, es Eton Park, que había adquirido sus acciones en la Bolsa. ¿En ese caso tampoco habría estado amparada por la Ley de los Estados Unidos?

Lo pongo de la siguiente manera: si Eton Park me hubiese consultado, le habría dicho que estaba sometida a la legislación argentina, cotice o no en los Estados Unidos. Fui abogado de Telefónica de Argentina y uno de los responsables de que cotizara en Nueva York en los ’90. Nunca se nos ocurrió argumentar que el régimen jurídico de Telefónica pase a ser el de los Estados Unidos. Es y seguirá siendo el régimen jurídico argentino. Eso es lo mismo para todas las empresas argentinas que coticen en el NYSE.

Como antecedente, ¿este fallo no le pone, precisamente, una cuota más de riesgo a la inversión en empresas argentinas (o extranjeras) que coticen allá?

Puede ser un factor de riesgo más o de menos. Si a la mayoría que controla la empresa se le permitiese cambiar el régimen jurídico aplicable a su estructura societaria por los lugares según hacia dónde viajan, la inseguridad jurídica sería total. Con este fallo, queda claro que una empresa argentina tiene normas que rigen en la Argentina. Y punto.

¿El fallo que revirtió la sentencia de Preska refuerza la seguridad jurídica?

Totalmente. Consagra una seguridad jurídica, que puede no gustar, si no te gusta el Derecho argentino. Pero ese es otro tema interesante: el Derecho argentino no es esencialmente diferente a otro. El gran problema de la Argentina no es tanto las leyes, sino el sistema judicial. En este caso, la organización societaria de YPF nunca estuvo en tela de juicio. Ab initio, era en la Argentina. Eso es seguridad jurídica. Este fallo es del de la seguridad jurídica. No lo contrario.

¿Por qué decidió saltar a la política?

Después de haberme incorporado a Entel, empecé a transitar un área que no tenía normas: el Derecho de las Telecomunicaciones. Me di cuenta, como abogado, que había entrado a un terreno que era sumamente amplio. Las telecomunicaciones tienen un marco tan expandido, tan grande, con regímenes jurídicos que chocan e interactúan, que me di cuenta de que había otras profesiones involucradas en la creación del Derecho. Los abogados somos sumamente focalizados y nos olvidamos de que nuestra actividad regula normas sobre el resto de las actividades, de que existe un mundo exterior. Me acostumbré a trabajar con ingenieros de telecomunicaciones. Aprendí mucho de ellos a lo largo de más de 30 años. Y, de repente, aparece (Federico) Sturzenegger, diciendo que el Derecho argentino está diagramado “militarmente”.

¿Qué significa eso?

El sistema jurídico militarista que tenemos en la Argentina parte de una premisa que conocemos quienes hicimos la colimba: todo requiere un permiso, una autorización. Pero esa premisa, que es válida para las fuerzas armadas, no lo es para la vida civil. Desgraciadamente, nuestro sistema legal está impregnado de un militarismo que nos rigió desde los ’20, cuando se pusieron a regular la Ley de Alquileres y demás. Y, todavía, hay gente que quiere hacer esas cosas.

¿Qué lo sedujo de eso que escuchó de Sturzenegger?

Me puse a pensarlo y tiene razón. Tenemos un sistema jurídico desde la primera posguerra que, con las mejores intenciones, buscó reconstruir un mundo devastado. El Derecho perdió el parámetro que lo había hecho nacer: la Libertad. Era ridículo que, en un país cuyo himno la grita tres veces, tuviésemos vergüenza de hablar de libertad. Y que hayamos invertido el principio de que todo lo que no está prohibido está permitido. Mi generación fue educada en que la regla era la libertad y la excepción, la prohibición. Desgraciadamente, en los últimos 40 años, se invirtió esa creencia.

¿Por qué?

Lo contrasto hoy con mis alumnos. El Estado empezó a ocupar todos los intersticios entre dos átomos. El Derecho es la lucha por la Libertad. Un sistema que nos organiza de forma tal que no nos domine el más fuerte porque los débiles somos mayoría. Desgraciadamente, el estatismo, dirigismo e intervencionismo, que se va desarrollando en la primera posguerra y tuvo su epítome en la segunda, en la Argentina, llegó a su esplendor en el kirchnerismo, gracias a la monstruosidad del Código Civil y Comercial. En una veleidad digna de emperatriz, Cristina Fernández de Krichner, decidió cambiar algo que ni el ERP llegó a discutir. Y que, hoy, es estatista a niveles notables. Tenemos que recuperar la Libertad. Sturzenegger descubrió que estamos llenos de prohibiciones.

No hay que preguntarle, entonces, por qué su alineamiento total con Milei.

Eso es lo que me apasiona de esta etapa, en la que hemos recuperado la Libertad que hizo tan grande a la Argentina y a todos los países del mundo. Milei, que no es político sino un ciudadano haciendo política, parte de la premisa de la Libertad. No lo escuché nunca a ningún otro político de la Argentina. Cuando yo estudié, en los ’70, nadie se atrevía a decirlo. La palabra “libertad” era pecado. La defensa de la Libertad de Milei es absolutamente convencida. Pero, históricamente, los economistas no han sido defensores de la Libertad. Los abogados tenemos que volver a defender la Libertad como premisa de vida. Perdimos esa bandera en la Argentina. Me pasé toda la vida pidiendo perdón por defender la Libertad y aparece un candidato a Presidente que lo defiende como principio de vida. Dije: “Esto es lo mío”.

Como defensor de la Libertad y, a la vez, con el apego a las reglas que tiene un abogado, ¿no le hace ruido cuando Milei les da razones a quienes lo critican por las formas?

Los franceses formularon una frase muy interesante: “Épater le burgeois”. “Escandalizar a los burgueses” para llamar la atención sobre ideas trascendentales. Si no, corrés el riesgo de que la formulación se convierta en aburrida y no le llame la atención a nadie. Javier maneja eso a la perfección. También es un hombre vehemente. Se enoja. Reivindico el derecho a enojarse. El hecho es que está absolutamente convencido de lo que dice y, en muchas situaciones, enfrenta al Mal.

¿Al “Mal”? ¿Por ejemplo?

Ahora, se descubrió, finalmente, que hay gente que pone dinero para generar noticias. Fuimos creando una categoría curiosa de seres humanos. Hay médicos que se equivocan y son juzgados. Lo mismo con jueces, abogados, ingenieros… Pero resulta que los periodistas no se equivocan, ni piden disculpas cuando meten la pata. ¿No pueden ser cuestionados? ¿Hay una clase superior de seres humanos? Estamos en un período apasionante: las redes nos permiten poder de expresión y llegar a más personas que la que están escuchándote en un evento. Es una maravilla que le pega a los periodistas, que eran las personas que intermediaban entre el individuo y la masa.

¿No resta más de lo que suma que Milei se pelee tanto con los medios?

Entiendo psicológicamente la actitud del periodista que tuvo un privilegio y lo pierde. El Presidente tiene libertad de expresión, como todos los habitantes del país. Además, Javier no fue el sujeto activo, sino el pasivo, que se defendía en materia periodística. Pero no me parece un tema grave. Nunca voy a anteponer las formas al fondo.

¿Tampoco le hace ruido la controversia en torno a Adorni?

Lo de Adorni está sometido a investigación judicial. Se hará lo que la Justicia decida que debe hacerse. La imputación no puede ser la decisión de un medio.

Usted es una espada legislativa importante del Gobierno, en un año que, sin elecciones, se espera que sea clave para sacar reformas.

Estoy convencido de que va a ser un año legislativamente intensísimo. El bloque de diputados de LLA y sus aliados vamos a tener que dar una demostración de alineamiento con la gestión presidencial. Como siempre debió ser. Eso es trabajar mucho, que es para lo que estamos. El viejo sistema de que el Congreso sesiona de vez en cuando pasó a la historia.

¿Cómo se lleva con el “se vota primero y se lee después”?

No es así. Primero, se analiza; después, se consolida el texto y, al final, se vota. El análisis es profundo y lleva tiempo. Se envía y se vota. ¿Cuál sería la alternativa? ¿El debate del detalle? No habría manera de gobernar. Por ejemplo, la audiencia pública por la Ley de Glaciares: ¿100.000 personas iban a hablar 7 minutos cada una? ¡Habríamos estado cuatro años! Las cosas, por escrito. Perfecto. Ya está prácticamente evaluado lo que plantearon.

¿Qué lo sorprendió para mal del Congreso?

Para mal, la actitud de la oposición. Se opone por oponerse. Insulta, hace ruido. Hay uno que silba en las sesiones. El eco del Congreso se ensucia con el ruido. Hablan más de lo que marcan los tiempos máximos. No saludan por los pasillos. Quiero creer que no van a llegar al nivel de agresión física. No esperaba mucho del kirchnerismo. Pero sí de otros opositores que, además, hablan para los reels.

¿Qué?

Hablan para los reels. Se graban a sí mismos y, entonces, le hacen perder tiempo al país. No perdemos tiempo los diputados: lo pierde el país porque se demoran cosas que son urgentes. Y, todo, para mandar un reel de Instagram.

¿Y qué lo sorprendió para bien?

La unidad que tenemos sen el bloque, siendo tanta gente, cada cual con su origen. Somos muy pocos los que no venimos de la política ni seguiremos en ella. Pero hay que meterse. Como decía De Gaulle: “Si usted no se mete, la política se va a meter con usted”.

(La versión original de esta nota se publicó en la edición número 386 de la revista Apertura, correspondiente a marzo/abril de 2026)