

"Son los piquetes de la abundancia", fue el grito de guerra de Cristina Kirchner para los hombres del campo que cortaban rutas en protesta por el aumento de las retenciones móviles dispuesto por su Gobierno. Tres años después, la reconciliación entre la Presidente y aquellos "piqueteros quedó sellada en las urnas el domingo último.
Quedaron atrás el voto no positivo de Julio Cobos devenido en su suicidio político, la multitudinaria marcha a favor del campo con banderas y carteles frente al Monumento de los Españoles, los cortes de ruta encabezados por Alfredo De Angeli, héroe y estrella mediática del conflicto, y el ascenso de una Mesa de Enlace que emitía comunicados con la solemnidad de las decisiones de Estado.
La sociedad en 2008 se partió en dos: a favor o en contra del reclamo agropecuario, y esa división generó la principal crisis del gobierno de Cristina que cambió de jefe de Gabinete y ministro de Economía, después del rechazo de la resolución 125 en el Senado.
Los reclamos continuaron: los sojeros, los tamberos, los costos de la hacienda, la falta de créditos, las trabas a la exportación, la regulación de los precios, la asfixia financiera.
Pero en el cuarto oscuro el voto fue positivo. ¿La Presidente tenía razón? Cristina Kirchner, en plena disputa, había justificado la suba de retenciones, al asegurar que "la soja se exporta, prácticamente, en un 95%, no se exporta en pesos argentinos, se exporta en euros, en dólares, pero los costos son argentinos, que sostiene el peón rural, que es el peor pagado de toda la escala salarial. Lo sostiene el peor pagado y el que más trabajo en negro hay".
Y evidentemente, las internas abiertas demostraron que, a pesar de tanta queja, los grandes, pequeños, medianos productores y los peones del campo están mejor. O directamente prefieren que las políticas oficiales continúen.
Caso contrario, el ex titular de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) Mario Llambías, no hubiese sacado el 3,4 por ciento de los votos como candidato a diputado por la Coalición Cívica en General Villegas, su ciudad natal.
Pasó lo mismo en el distrito santafesino de Constitución, pago del presidente de Federación Agraria, Eduardo Buzzi, donde la Presidente cosechó literalmente 39,27 por ciento de los votos, 10 puntos por sobre el gobernador Hermes Binner.
Si el Frente para la Victoria ganó por el 59 por ciento hasta en la localidad rionegrina de General Roca, donde hace unos días un grupo de fruticultores se desnudó en protesta por las presiones impositivas que sufre el sector.
La dirigencia agropecuaria todavía no reacciona. El titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti, está convencido de que "el productor atomizó su voto en la oposición, pero la gente de las ciudades sí voto a la Presidente". Lo mismo piensa el entrerriano De Angeli, aunque prefiera no mirar detenidamente los cómputos que marcan que en su Gualeguaychú el FPV ganó con el 41 por ciento de los votos.
Crucecita Séptima es un centro rural en el centro geográfico de Entre Ríos. Treinta kilómetros de ripio lo conectan con Maciá, el pueblo más cercano. Hay un almacen-pulpería en una esquina y nada más. El padrón electoral llega a 360 habitantes.
Basta con sentarse a tomar una gaseosa en el mostrador para escuchar los reclamos chacareros. Que el trigo se pudre sin vender porque el Gobierno no abre la exportación, que los terneros engordados que tienen que vender al precio que fija el Estado... Pero en la escuelita rural, los números fueron contundentes: la mitad votó a Cristina Kirchner.
"Después de 2009, comenzó a haber más ayuda y más presencia. El gobernador (Sergio Urribarri) vino dos veces, los productores tuvieron acceso a créditos, los peones que trabajan en negro a subsidios, a la asignación universal y hasta hicimos pedidos para mejorar el ripio", contó a WE María Esther, maestra de la escuela de Crucecitas.
Ni Buzzi, ni Biolcatti, ni Llambías, tampoco De Angeli, vieron que aquella pelea de enemigos entre los Kirchner y el campo fue más económica que ideológica, y que el Gobierno, con discreción, fue curando las heridas. De las grandes ciudades sojeras, pero también de pueblitos como Crucecita Séptima.
Y en las urnas, se cuentan los votos, no las quejas. z weEl voto positivo del campoEn 2008, el Gobierno y el campo protagonizaron una feroz disputa.
*La sociedad se partió en dos, a favor de un bando y el otro, división que generó la principal crisis de la administración de Cristina Kirchner.
* Después del voto no positivo de Cobos, que enterró la polémica resolución 125 de las retenciones, los reclamos del campo continuaron. Y en la elección legislativa de 2009, las quejas se transformaron en votos anti-K.
* Tres años después, la reconciliación parece haber sido sellada en las urnas el domingo pasado. El voto del sector acompañó a Crisitina.









