

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, exhortó ayer a los líderes europeos a presentar un plan claro y concreto de medidas para aliviar la crisis de deuda en la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) que tendrá lugar en noviembre en Francia.
Obama dijo que la situación que atraviesa Europa está afectando de forma muy real a la economía de Estados Unidos, que no consigue levantar cabeza, y a los mercados mundiales, y advirtió sobre la urgencia de enfrentarla, en una extensa rueda de prensa en la Casa Blanca.
Tienen que actuar rápidamente, afirmó el mandatario, poniendo como plazo límite la cumbre de las principales economías del planeta, en Cannes el 3 y 4 de noviembre. Es mi gran esperanza que para entonces habrán presentando un plan de acción muy claro y concreto que esté a la altura del desafío, agregó.
El encuentro con los periodistas tenía como objetivo promover su ambicioso plan de estímulo al empleo, que depende de la aprobación del Congreso, y en ese contexto estimó que la coyuntura europea hace más importante que los legisladores de su país le den su aval a la iniciativa que involucra u$s 447.000 millones (ver aparte).
El presidente estadounidense reconoció sin embargo que para Europa resulta muy difícil coordinar la puesta en marcha rápida de medidas para paliar la crisis, debido a la necesidad de que los Parlamentos nacionales aprueben antes por separado las iniciativas.
Es lo que sucede con la ampliación de atribuciones del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF), promovida por los líderes europeos en una reunión en julio, que permitirá su utilización para la compra de deuda pública de los países en riesgo en los mercados secundarios, que aún debe ser aprobado por tres países.
China
Obama lanzó también dardos contra China, país al que acusó de manipular el sistema de comercio a su favor e intervenir en los mercados de cambio para mantener su moneda artificialmente baja en relación al dólar.
China ha sido muy agresiva en manipular el sistema comercial para su beneficio y en detrimento de otros países, particularmente Estados Unidos, dijo.
El mandatario explicó que eso hace sus exportaciones más baratas, y nuestras exportaciones (al país asiático) más caras. Aunque reconoció que hubo una mejoría en el último año, con una leve apreciación del yuan, dijo que no es suficiente.
Sus declaraciones tuvieron lugar cuando el Senado de Estados Unidos se prepara para votar un proyecto de ley para castigar a China por la manipulación de su moneda, lo que establecerá las bases para colocar aranceles que castiguen a los bienes chinos si se determina que Beijing sostiene su moneda depreciada para abaratar exportaciones.
La iniciativa es defendida por los que creen que ayudará a reducir el enorme déficit comercial de Estados Unidos con China y tendrá impacto positivo en la creación de empleo, pero quiénes se oponen advierten que una eventual apreciación del yuan impulsaría al sector manufacturero y, en consecuencia, la creación de puestos de trabajo en países como Vietnam y Malasia, pero no en territorio estadounidense.
Si el proyecto es aprobado en el Senado, controlado por los demócratas, deberá ir a la Cámara, de mayoría republicana.










