

Hay varios factores que comienzan a sumarse y a profundizar aún más la crítica relación que Argentina mantiene con Inglaterra por la soberanía de las Islas Malvinas.
Para empezar, el trasfondo económico es un protagonista ineludible en esta dispusta. La agricultura supone el 95% de su PBI, y la venta de licencias de pesca, la pesca y las actividades relacionadas suponen el 60% de la economía local, que es autosuficiente con excepción de la Defensa, a cargo de Londres.
Argentina intenta presionar también en el frente pesquero, después de que el Consejo Federal de Pesca ampliara en dos meses la campaña del calamar. Este tipo de pez supone el 75% de las capturas de las Malvinas -de hecho, varios buques españoles pescan en sus aguas-, y la medida permitirá a los pescadores argentinos capturarlos antes de su llegada a aguas territoriales de las Falkland. Una decisión que es percibida como una agresión por los británicos.
La concesión de licencias de exploración petrolífera por el Reino Unido en 2010 tensionó aún más el vínculo entre ambos países, y los incentivos para controlar los recursos de unas aguas en las que se cree que podría haber hasta 500.000 barriles diarios de crudo.
Sucesos políticos con poca "sintonía fina"
El estallido por Malvinas se avivó en un año particularmente marcado por sucesos históricos, cuando se cumplen 30 años de la guerra que enfrentó a los dos paíes en 1982, y que costó la vida a 649 soldados argentinos y 255 británicos. Al igual que supuso la derrota de la dictadura argentina a manos de la Gran Bretaña de Margaret Thatcher. En este contexto, el estreno de la película sobre la "Dama de Hierro" avivará sin duda los recuerdos de la lucha latente por la soberanía del territorio.
A esto se le suma un hecho a nivel regional de manos del Mercosur, cuando el bloque comercial que agrupa a Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y varios países asociados de la región aprobó una resolución que pide a sus miembros impedir el paso o atraque de buques que lleven bandera de las Malvinas/Falkland.
Ahora, el malestar entre ambos Gobiernos sumará un nuevo capítulo cuando el Príncipe Guillermo comience en febrero una estancia de seis semanas en las Malvinas, dentro de su formación como piloto de combate. Un movimiento de alto perfil, y para algunos una provocación, que complicará el resurgimiento del diálogo entre Cristina Kirchner y David Cameron.












