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Durante mucho tiempo, la conversación sobre nutrición estuvo dominada por la cantidad de proteínas que una persona debía consumir cada día. Sin embargo, una investigación realizada sobre 801 adolescentes argentinos de entre 12 y 18 años propone ampliar esa mirada.

Además de evaluar la ingesta de proteínas y el consumo de suplementos, el trabajo pone el foco en un concepto cada vez más presente en la investigación nutricional: la matriz alimentaria, una característica propia de los alimentos completos que podría influir en la forma en que el organismo aprovecha los nutrientes.

El estudio fue desarrollado en distintas regiones del país y observó que el 51,7% de los adolescentes presentaba una frecuencia alta de consumo de alimentos fuente de proteínas. Huevos, carnes, leche, yogur y quesos fueron los alimentos que registraron las mayores proporciones de consumo considerado adecuado o aceptable dentro de la muestra analizada.

Aunque estos resultados muestran que buena parte de los adolescentes incorpora alimentos ricos en proteínas, los investigadores sostienen que evaluar únicamente la cantidad de este nutriente resulta insuficiente para comprender la calidad global de la alimentación. Según explican, el efecto nutricional de un alimento depende también de cómo interactúan sus distintos componentes dentro del organismo.

Huevos, carnes y lácteos lideraron los niveles de consumo adecuado o aceptable entre los alimentos relevados.
Huevos, carnes y lácteos lideraron los niveles de consumo adecuado o aceptable entre los alimentos relevados.

Qué es la matriz alimentaria y por qué importa

Uno de los aportes centrales de la investigación es la incorporación del concepto de matriz alimentaria. A diferencia de los suplementos, que concentran proteínas de manera aislada, los alimentos contienen una combinación natural de proteínas, vitaminas, minerales y otros compuestos que interactúan entre sí.

Según detalla el estudio, esa interacción puede modificar la digestión, la velocidad de absorción de las proteínas, la respuesta hormonal, la sensación de saciedad, el efecto anabólico y la microbiota intestinal. Es decir, el impacto de un alimento no depende solamente de cuántos gramos de proteínas aporta, sino también del conjunto de nutrientes que lo integran y de la forma en que actúan de manera combinada.

Para el Dr. Omar Tabacco, integrante de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil) y expresidente de la Sociedad Argentina de Pediatría, este enfoque también ayuda a comprender por qué durante la adolescencia resulta conveniente priorizar proteínas completas, capaces de aportar todos los aminoácidos esenciales necesarios para el crecimiento.

El especialista explicó que los alimentos de origen animal reúnen esa característica y que, en el caso de los lácteos, además ofrecen calcio, un nutriente importante para esta etapa del desarrollo.

El yogur, específicamente, es además fuente de microorganismos vivos, con impacto en la microbiota y beneficios demostrados en términos de salud digestiva, inmunológica y metabólica.

La Dra. Mabel Carosella, pediatra y también integrante de PROFENI, recordó que la adolescencia representa uno de los momentos de mayor exigencia nutricional debido al crecimiento acelerado de la masa muscular y ósea. Por ese motivo, señaló que resulta especialmente importante incorporar alimentos con buena densidad nutricional, capaces de aportar varios nutrientes relevantes al mismo tiempo.

Persona comiendo un yogur (foto: Creada con IA por El Cronista)
Persona comiendo un yogur (foto: Creada con IA por El Cronista)Creada con Copilot.

Qué mostró el estudio sobre los suplementos

El análisis también permitió conocer con mayor detalle los hábitos de consumo de suplementos proteicos entre los adolescentes. Según los resultados, el 10,7% manifestó utilizar este tipo de productos. Las barras proteicas fueron las más frecuentes, seguidas por las proteínas en polvo elaboradas a base de suero.

Sin embargo, uno de los datos más relevantes fue que los adolescentes que obtenían mayores cantidades de proteínas mediante la alimentación también eran quienes utilizaban suplementos con mayor frecuencia.

Entre quienes consumían estos productos más de cuatro días por semana, el 43% ya presentaba una frecuencia alta de consumo de proteínas provenientes de alimentos.

La investigación también detectó que solo el 41,8% de quienes utilizaban suplementos lo hacía por indicación de un profesional de la salud.

Para la Dra. María Elena Torresani, doctora en nutrición e integrante de PROFENI, este resultado refuerza la importancia de priorizar una alimentación variada y suficiente basada en alimentos completos antes de incorporar suplementos.

Según explicó, cuando los requerimientos proteicos ya están cubiertos mediante la dieta, la suplementación puede resultar innecesaria y debería reservarse para situaciones particulares.

El estudio también recuerda que esta recomendación alcanza a los adolescentes que realizan actividad física. Las revisiones científicas citadas por los investigadores reconocen que en algunos contextos deportivos pueden existir mayores necesidades proteicas, aunque mantienen el énfasis en la incorporación de alimentos con proteínas de alta calidad biológica, dejando los suplementos para circunstancias específicas.

Los especialistas sostienen que el principal desafío nutricional durante la adolescencia consiste en construir una alimentación equilibrada, capaz de aportar proteínas de calidad junto con otros nutrientes esenciales.

Este contenido patrocinado fue elaborado con inteligencia artificial generativa y contó con la supervisión, edición y validación de un periodista de El Cronista.