A la crítica situación financiera de Celulosa Argentina, que atraviesa su concurso preventivo y desde el año pasado está en manos del financista Esteban Nofal, se suman ahora las paradas intermitentes de sus plantas de Capitán Bermúdez y Zárate que amenazan con deteriorar aún más su liquidez y profundizar sus pérdidas.
Según informó la empresa, entre mayo y septiembre Celulosa sufrió interrupciones en el suministro de gas que la obligaron a detener sus máquinas y suspender la producción.
Desde hace algunos días, las plantas volvieron a operar con normalidad, pero la compañía recurrió a la Justicia para solicitar medidas cautelares que obliguen a las prestadoras a garantizar la continuidad del servicio y evitar nuevas interrupciones.
“Hubo cortes imprevistos y arbitrarios de gas que hicieron que no pudieran prenderse las máquinas. Tuvimos que cortar en días intermitentes la producción, más allá de que se multiplicó por casi cinco veces el precio de la energía en todos sus formatos”, dijo la empresa a El Cronista. “Nunca pasó algo así en la historia. Este imprevisto generó demoras en las entregas y, por lo tanto, en las cobranzas”, agregó.
Los cortes se produjeron durante los meses de mayor demanda de gas, cuando el sistema tuvo que priorizar el abastecimiento de los usuarios residenciales y de servicios esenciales, como hospitales y escuelas. A esto se sumó una menor disponibilidad de capacidad de transporte, que obligó a restringir el suministro a grandes usuarios industriales y generó interrupciones en distintas plantas productivas, entre ellas las de Celulosa Argentina.
Cuando se restringe el suministro, las industrias con capacidad para hacerlo pueden recurrir al mercado mayorista o comprar GNL importado, pero a precios sustancialmente superiores a los del gas local.

Según le comentó la empresa a este medio, para un complejo industrial como el de Celulosa, la cantidad asignada de gas no alcanzaba para completar los ciclos de producción, por lo que fueron muy pocos los días en los que las plantas pudieron operar de principio a fin.
La alternativa fue recurrir al fuel oil, pero la capacidad de almacenamiento disponible tampoco resultaba suficiente para sostener la operación.
Actualmente, la empresa adeuda una parte de los salarios de agosto y, según comentó, se encuentra analizando el cronograma de los pagos restantes.
Celulosa Argentina, que atravesaba un delicado momento económico desde 2024, ingresó en concurso preventivo en septiembre del año pasado. A mediados de ese mes, sus controlantes -Douglas Albrecht, Juan Collado y José Urtubey- le vendieron todas sus acciones por el valor simbólico de u$s 1 a Nofal.
En aquel entonces, el empresario comprometió una inyección de u$s 18 millones para reactivarla, de los cuales ya desembolsó u$s 15,3 millones. Así, entre octubre y noviembre de 2025 volvieron a entrar en funcionamiento las unidades productivas de Capitán Bermúdez y Zárate, luego de haber estado aproximadamente tres meses inactivas.
Ahora enfrenta nuevos problemas para sostener la continuidad de sus plantas.
La empresa ya lo había adelantado en el último balance financiero que presentó a la Comisión Nacional de Valores (CNV), con cierre al 31 de mayo. Allí, explicaba que las interrupciones del suministro de gas le generaron “un enorme desafío dado que impide mantener una continuidad operativa, con todo lo que ello implica”.
“Debido al conflicto bélico ocurrido en el Golfo Pérsico, el costo actual de los combustibles alternativos, que es el doble del que se pagaba hace algunos meses, implica un costo extra muy significativo para la sociedad, dado que quintuplica el precio del gas natural”, agregaba.

Sus números, al igual que el año pasado, cerraron en rojo. La empresa registró pérdidas por $ 127.393,6 millones y sus ventas se desplomaron: cayeron un 51% respecto del ejercicio anterior y totalizaron $ 135.964,4 millones.
La compañía sostuvo que el desempeño del negocio estuvo condicionado por una menor demanda y una elevada presión competitiva. A esto se le suma que la sociedad presenta mayores dificultades para acceder a nuevas fuentes de financiamiento lo que limita sus alternativas para ganar liquidez.
Su controlada, Forestadora Tapebicua, se encuentra en una situación aún más delicada. En concurso preventivo desde comienzos de este año, la empresa mantiene paralizada su actividad industrial desde agosto de 2025 y aún no consigue financiamiento para retomar la producción.
Debido a su freno operativo, sufrió una caída en sus ventas del orden del 86% y registró una pérdida de $ 13.095,4 millones.







