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Frigorífico Euro vuelve a reactivarse después de estar 8 meses paralizado. La planta, ubicada en Villa Gobernador Gálvez, volverá a estar productiva luego de que un grupo inversor acordara hacerse cargo de la operación.

Según trascendió, el grupo está encabezado por el empresario Sergio García, vinculado al negocio de embutidos y menudencias, quien habría acordado administrar el frigorífico durante cinco años, con opción de compra. El contrato ya está firmado y se formalizará este jueves en el Ministerio de Trabajo de Santa Fe.

Ahora, la empresa prevé retomar sus actividades a comienzos de agosto. Según comentaron, la reactivación será gradual. El primer paso será reincorporar alrededor de 30 empleados (de un total de 160) para tareas de mantenimiento y limpieza. Además, la nueva administración se hará cargo de proveer la materia prima y cancelar los salarios adeudados.

Actualmente, según registros de la Central de Deudores del BCRA, la firma mantiene una deuda bancaria de $ 573,2 millones y un pasivo por cheques rechazados de $ 662,500 millones.

Pase de manos

La historia de Frigorífico Euro se remonta a 1999, cuando la familia Lequio puso en marcha la planta. A diferencia de los frigoríficos tradicionales, la empresa se especializó en el procesamiento de tripas naturales bovinas, porcinas, ovinas y equinas destinadas a la elaboración de embutidos, un negocio que encontró una oportunidad de crecimiento a partir de las restricciones que impuso la Unión Europea a esa actividad y del aumento de la demanda internacional.

Durante años, la compañía logró consolidarse como uno de los principales jugadores del segmento. En sus mejores épocas llegó a emplear a unas 700 personas de manera directa y desarrolló una fuerte presencia exportadora.

Sin embargo, hace aproximadamente tres años, la firma pasó a manos de Guillermo Nicolás Salimei y Marcos Juan Casanegra.

La crisis se gestó de manera gradual. Durante 2024 la empresa inició un proceso de reducción de personal mediante retiros voluntarios y comenzó a achicar su estructura. A comienzos de 2025 aparecieron los primeros atrasos en el pago de salarios, se redujo el nivel de actividad y se multiplicaron las negociaciones con el Ministerio de Trabajo.

El conflicto escaló en los últimos meses de 2025. Tras anunciar despidos y enfrentar reclamos por salarios impagos, la producción terminó paralizada y una parte de los trabajadores decidieron permanecer dentro de la planta para resguardar las instalaciones. Desde entonces, el frigorífico quedó prácticamente sin actividad y comenzó una extensa búsqueda de inversores o interesados en hacerse cargo de la operación.