

Luego de ganar el Grammy 2026, Bad Bunny volvió a quedar en el centro de la escena internacional. Mientras se prepara para presentarse en River Plate, el artista puertorriqueño llevó talento argentino a uno de los escenarios más vistos del mundo: el Super Bowl.
Durante el espectáculo, el cantante presentó la icónica “Casita”, una estructura que forma parte del universo visual de su último álbum, Debí tirar más fotos. Detrás del diseño interior de esa escenografía hay un nombre argentino: Federico Laboureau, diseñador gráfico y director creativo.
Actualmente vive en Los Ángeles. Allí fundó Fuegos LA, un restaurante de comida argentina, junto a su pareja, Maximilian Pizzi y quien también participó del proyecto.
Laboureau comenzó a trabajar en el proyecto en diciembre del año pasado, luego de recibir la aprobación del equipo creativo de Bad Bunny y de la NFL. Su tarea estuvo enfocada en el diseño interior de la casita, una recreación de una vivienda tradicional del campo puertorriqueño, que funciona como escenografía tanto en los shows del artista como en su presentación en el Super Bowl.

Un artista con historia
La casita no fue un elemento aislado del espectáculo, sino un concepto central del show: simboliza las raíces del cantante y remite a la identidad caribeña.
Criado por su abuela e inmerso en el mundo artístico desde chico, Laboureau construyó parte de su formación profesional en el Teatro Colón. A los 21 años ya contaba con experiencia en diseño de vestuario y producción, y participaba en el montaje de distintas óperas, un recorrido que luego le permitió integrarse a proyectos de mayor escala internacional.
Para este proyecto, el diseñador explicó que trabajó sobre elementos tradicionales del hogar latino, desde el costurero y las latas de galletitas, hasta flores artificiales y muebles con un toque de kitsch familiar. “Como latino, me es muy fácil poder representar cosas como la casa de la abuelita. Ahí conviven lo religioso, lo kitsch y lo cotidiano”, detalló en una entrevista.

“Mi primera reacción fue de pura emoción. Diseñar la casita por dentro significaba representar la casa de la abuela, ese lugar que para tantos de nosotros es un santuario”, cerró el diseñador.


