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La láctea Verónica, que desde agosto se encuentra concursada, acordó la venta de sus plantas de Clason y Suardi a dos sociedades que ya mantienen vínculos comerciales con la compañía.

Las operaciones, que todavía requieren autorización judicial, representarían un ingreso de u$s 15,5 millones para la empresa, que busca destinar parte de esos fondos a cancelar deudas. El pasivo que detalló la empresa asciende a $ 118.496 millones, unos u$s 77 millones aproximadamente.

La venta de las plantas le permitiría cubrir apenas un 20 por ciento del total de la deuda.

Según surge de los contratos incorporados al expediente del concurso preventivo que tramita ante el Juzgado Comercial N° 17, la planta de Clason sería vendida a Lacterra S.A.S. por u$s 9 millones, mientras que Suardi pasaría a manos de Copalac S.A.S. por u$s 6,5 millones.

En ambos casos, la operación contempla la transferencia del inmueble, las maquinarias y los demás activos vinculados a cada establecimiento. Además, prevé el traspaso de los empleados a las nuevas sociedades (225 entre ambas plantas).

En su presentación, Verónica argumentó que no cuenta con recursos suficientes para sostener la operación de ambas fábricas y que el ingreso de nuevos operadores permitiría reactivar los establecimientos, preservar las fuentes de trabajo y obtener fondos para hacer frente a parte de su pasivo.

Se trata de sociedades ya tienen vínculo con la láctea. Copalac, una empresa cordobesa, comenzó el mes pasado a utilizar la planta de Suardi para producir a fasón, un esquema mediante el cual una compañía fabrica productos para otra utilizando sus instalaciones y recursos. El acuerdo permitió reactivar la fábrica luego de ocho meses sin actividad.

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En el caso de Clason, Verónica también había firmado en julio un contrato a fasón con Lacterra, que prevé que la compañía comience a producir en esa planta. Sin embargo, la actividad todavía no se inició porque, según comentó Verónica, se encuentra acondicionando las instalaciones, que permanecen paralizadas desde enero.

Los contratos de compraventa incorporados al expediente muestran que Verónica habría iniciado las gestiones para desprenderse de ambas plantas en julio, antes de solicitar formalmente la apertura de su concurso preventivo.

Ahora, la Justicia puso ciertos reparos: le exige que presente los estatutos sociales y la composición accionaria tanto de Copalac como de Lacterra.

Además, le solicita que informe cuáles fueron los motivos que llevaron a Verónica a seleccionar y contratar a ambas sociedades para los contratos a fasón “debiendo precisar los criterios que determinaron su elección, los antecedentes comerciales, económicos, financieros y técnicos evaluados respecto de cada una de ellas y, en su caso, la existencia de otras propuestas u oferentes considerados”.

La compañía conserva una tercera planta, ubicada en Lehmann, cuya situación es diferente. El establecimiento continúa sin actividad y, según comentó la concursada, se encuentra evaluando distintas alternativas para lograr su reactivación y aprovechar su capacidad instalada. La fábrica cuenta actualmente con 112 empleados.

Según se desprende de la documentación que presentó la empresa, al 30 de junio de 2026, mantiene deudas comerciales por $ 26.861,3 millones; deudas financieras por $ 4211,8 millones; deudas laborales por $ 10.357,7 millones; deudas fiscales y previsionales por $ 76.245,3 millones; y “otras deudas” -tal como figura en el documento- por $ 323 millones. A ese pasivo se le suma un ítem de vacaciones y embargos judiciales por $ 496 millones.

En total, la deuda que notifica Verónica suma $ 118.496 millones.

Qué pasó con la empresa

Verónica atraviesa una crisis financiera y productiva que terminó de profundizarse este año.

Entre las causas que enumeró la empresa destacó la caída del consumo y de sus volúmenes de venta, el incremento de los costos de producción, la imposibilidad de trasladar el aumento de los costos a los precios, y las crecientes restricciones para acceder al financiamiento.

“La persistencia de un escenario económico complejo, caracterizado por elevados niveles de inflación, modificaciones significativas en los precios relativos, restricciones para el acceso al financiamiento y una marcada volatilidad en el nivel de actividad, generó importantes dificultades operativas para numerosos sectores productivos, entre ellos, la industria alimenticia”, sostuvo.

“La desaceleración de la inflación no se tradujo en una inmediata recuperación del consumo ni en la superación de las dificultades atravesadas por el sector productivo. Por el contrario, estuvo marcada por una marcada retracción de la demanda que afectó significativamente los volúmenes de venta de la sociedad”, agregó.

Según indicó la propia empresa, sus volúmenes de venta cayeron un 26,5% en 2025, en relación al año anterior. Durante ese periodo, Verónica pasó de 94.798 toneladas a 69.692. La tendencia se profundizó este año, lo que llevó a la compañía a quedarse sin capital de trabajo y a frenar su actividad productiva.

En el balance financiero de 2025, con cierre al 31 de agosto, la empresa registró pérdidas por $ 28.549,2 millones, frente a una ganancia de $ 3414,8 millones en el mismo periodo del año anterior.

Fundada en 1923 en la ciudad de Verónica, provincia de Buenos Aires, la firma, propiedad de la familia Espiñeira, tiene tres plantas en Santa Fe, ubicadas en Clason, Lehmann y Suardi.

En enero de este año, la láctea frenó todo tipo de pagos y adeuda salarios desde noviembre.

A esto se sumó que las unidades productivas se encontraban sin servicios básicos como luz, gas, agua e insumos. En paralelo, dejó de producir a fasón lo que representaba su único ingreso hasta el momento.