Hay unas 15 empresas en el mundo que compiten por quedarse con una porción de uno de los mercados más prometedores de la próxima década: la movilidad aérea urbana. La mayoría juega desde Estados Unidos, Europa o China. Entre ellas, sin embargo, aparece una firma argentina que busca hacer carrera en un sector dominado por gigantes tecnológicos y fabricantes aeronáuticos.
Detrás del proyecto está Diego Ursella, piloto y empresario, que decidió apostar por una industria que todavía está dando sus primeros pasos. Su trayectoria arrancó en 2013 con XFLIGHT, un modelo de formación aeronáutica “all inclusive” que brinda instrucción, alojamiento y experiencia internacional a estudiantes de toda América. Ese negocio fue el trampolín hacia algo más ambicioso: desarrollar drones tripulados capaces de transportar personas y carga en trayectos cortos.
Pero antes de pensar en taxis aéreos, Ursella reconoció que faltaba algo más que una patente. Contar con capacidad industrial y certificaciones aeronáuticas era el primer paso obligatorio. Fue entonces cuando apareció la oportunidad de adquirir Petrel, una histórica fábrica argentina de aviones que llevaba más de 15 años sin producir.

La operación demandó una inversión cercana a los u$s 10 millones e incluyó la compra de la compañía, la puesta en valor de la planta, la reactivación de las líneas de producción y el desarrollo de nuevos prototipos. “Lo que compramos fueron prácticamente los papeles. Había que reconstruir todo el proceso productivo”, explica.
Petrel no solo contaba con trayectoria en la fabricación de aeronaves livianas, sino también con certificaciones aeronáuticas que permitían acelerar el camino regulatorio.
La compañía actualmente produce unas tres aeronaves por mes que son destinadas principalmente a la instrucción de pilotos, trabajos aéreos vinculados al agro y actividades recreativas. Cada unidad tiene un valor de mercado cercano a los u$s 170.000.
La gran apuesta de Ursella, no obstante, está en los drones tripulados. El modelo que desarrolla la empresa será monoplaza, 100% eléctrico y con capacidad de navegación autónoma, es decir, sin necesidad de que el usuario tenga conocimiento de pilotaje. La idea es comercializarlo por alrededor de u$s 120.000, un precio que la empresa considera “significativamente inferior al de muchos proyectos que hoy se desarrollan en otros mercados”.
"La movilidad aérea urbana va a cambiar la forma en la que nos movemos“, asegura Ursella. Y es que el empresario imagina un mundo en el que una persona pueda abordar uno de estos vehículos y trasladarse entre distintos puntos de una ciudad o área metropolitana sin necesidad de conducir. En una primera etapa, el alcance estaría limitado por la autonomía de las baterías, actualmente estimada en unos 30 minutos de vuelo a velocidades cercanas a los 80 kilómetros por hora.
La empresa también proyecta aplicaciones para logística, asistencia sanitaria, tareas rurales y transporte de carga liviana.
En lo que va del año, la compañía ya acumula 53 pedidos preliminares provenientes de la Argentina, Brasil y Colombia, tres mercados donde Petrel había logrado presencia antes de su cierre.
“El siguiente paso será obtener las certificaciones regulatorias de la ANAC que permitan iniciar la producción en serie y avanzar con la expansión internacional”, comenta.

Dentro de su plan estratégico, los Estados Unidos figura como objetivo principal, puesto que concentra cerca del 60% del mercado global de la aviación y es también donde se desarrollan algunos de los proyectos más avanzados de movilidad aérea urbana, como los de Joby Aviation, empresa aeroespacial que desarrolla y fabrica taxis aéreos eléctricos de despegue y aterrizaje vertical diseñados para el transporte comercial de pasajeros.
Una vez ejecutado el proyecto, Ursella planea abrir una filial en Estados Unidos para competir en la próxima revolución del transporte.




