

Detrás del diseño global de la inteligencia artificial (IA) en Amazon Web Services (AWS) hay un mexicano que lleva casi dos décadas diseñando las tecnologías que usan millones de personas en el mundo: Héctor Ouilhet Olmos. El directivo que ha pasado por Google, Dropbox y HP diseñó su propio agente.
A diario lee papers y analiza filósofos y cada semana reescribe su arquitectura. Más que un agente, es un aliado. “Nuestro objetivo compartido es: ‘Ayúdame a pensar claramente’”, confesó Ouilhet en una charla con periodistas. “Me marca por Telegram y me dice: ‘Aquí estás mal, aquí estás bien’”.
El día a día de Ouillet está acompañado por agentes de IA. En el equipo que dirige Héctor Ouilhet dentro de AWS, ya existen canales de Slack donde no participan personas. Los mensajes los intercambian agentes de inteligencia artificial que colaboran entre sí para resolver tareas, mientras otros espacios mezclan conversaciones entre empleados y sistemas inteligentes. Para el vicepresidente de Diseño de AWS, esa escena no representa un experimento, sino un adelanto de cómo cambiará el trabajo dentro de las empresas.
El licenciado en Ciencias de la Computación de la Universidad de las Américas de Puebla, con una maestría en Diseño de Interacción del Instituto de Diseño Ivrea en Italia, está convencido de que en la era de la inteligencia artificial competir contra las máquinas en productividad es una batalla perdida. El verdadero desafío es que la IA nos ayude a reconectar con lo humano a través de una filosofía que ha denominado humorfismo. Ese es el futuro de los agentes empresariales.
El concepto de humorfismo (Humorphism) que impulsa Héctor Ouilhet parte de una premisa: la siguiente generación de inteligencia artificial no debe diseñarse para que las personas operen herramientas, sino para que colaboren con agentes capaces de comprender el contexto, generar confianza y compartir objetivos con los humanos.
Su interés por crear herramientas que funcionaran como colaboradores y no sólo como buscadores inteligentes tomó fuerza antes de llegar a AWS, durante su trabajo diseñando Dropbox Dash, un asistente basado en IA que ayuda a buscar información y documentos distribuidos entre distintas aplicaciones empresariales.
Previo a ese proyecto, Ouilhet ya tenía amplia experiencia global en Google, donde ocupó el cargo de head of design para Google Search y Google Assistant.
El mexicano de poco más de 40 años dice que la tecnología debe adaptarse al humano y no al revés. “No trata de ser humano; simplemente trata de entender cómo entienden los humanos”, aseguró.
El humorfismo propone imitar las dinámicas propias de las relaciones humanas —cómo negociamos, delegamos, aprendemos y construimos confianza— para que la IA deje de ser un asistente reactivo y se convierta en un compañero de trabajo.
La IA deja de ser un sistema que responde preguntas para convertirse en un sistema que ayuda a decidir, incluso contradiciendo al usuario cuando considera que existe una mejor alternativa.
Los agentes ya pueden evaluar escenarios de negocio y recomendar acciones considerando costos, tiempos y objetivos.
“No puedes hacer esto, pero te recomiendo esta otra cosa, pero te va a costar tanto dinero o tanto tiempo”, dijo sobre el tipo de análisis que puede hacer un agente de IA.
Antes, la IA respondía únicamente con base en la información. Ahora debe responder considerando la relación con la persona.
“Era one-off.” Pero hoy, “captura lo que hicimos antes, lo que vamos a hacer ahora y lo que podríamos hacer después”, aseguró el directivo. Se trata de un entrenamiento relacional y contextual de los agentes con base en el usuario.
El humorfismo busca reemplazar las interacciones aisladas por relaciones continuas entre personas y agentes, sustentadas en memoria contextual, confianza y un objetivo compartido.
Ante respuestas de la IA que derivan en alucinaciones o que son condescendientes con los humanos, Ouilhet defiende que la IA debe ser capaz de decir “no sé”, cuestionar al usuario cuando sea necesario e incluso introducir momentos de reflexión en lugar de eliminar toda fricción, porque, en su opinión, la tecnología no debe intentar parecer humana, sino comprender cómo piensan y toman decisiones las personas.
Ese cambio de paradigma es el que, según Ouilhet, permitirá que los agentes evolucionen de simples herramientas a colaboradores capaces de ayudar tanto a individuos como a empresas a tomar mejores decisiones.
La siguiente generación de IA no debe hacer que los humanos piensen menos; debe ayudarles a pensar mejor.
Cómo la IA podría hacernos paradójicamente más humanos
Ouilhet cree que los agentes de IA podrían optimizar algo distinto: el desarrollo personal. Desde esa perspectiva, un asistente inteligente podría ayudar a una persona a concentrarse en metas de largo plazo, bloquear distracciones o favorecer hábitos consistentes con los objetivos que ella misma definió.
“Creo que la inteligencia artificial... por primera vez estoy viendo que la tecnología realmente puede regresarnos a volvernos más humanos”, dice el ingeniero.
Ahora puedes decirle: “Quiero ser una mejor persona”, ejemplificó, y el agente reorganiza toda la interacción hacia ese objetivo. “Va a bloquear las cosas que no te hacen mejor persona”, enfatizó.
Ouilhet sostiene que la siguiente gran revolución de la inteligencia artificial no consistirá únicamente en automatizar más tareas, sino en redefinir la relación entre humanos y máquinas.
La competencia ya no se librará únicamente en quién construya el modelo más poderoso, sino en quién logre desarrollar agentes capaces de generar confianza, comprender el contexto y colaborar con las personas como un integrante más de sus equipos de trabajo.






