

El mercado de inversión en México dejó de ser exclusivo para unos cuantos. En seis años, el número de clientes de casas de bolsa y fondos de inversión pasó de alrededor de 2.9 millones a cerca de 50 millones, impulsado en buena medida por la digitalización.
Álvaro García Pimentel, presidente de la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB), dio a conocer esta evolución durante el Fintech Summit Americas 2026 y Token Americas 2026, donde señaló que el crecimiento también modificó el escenario competitivo para los intermediarios financieros.
Ahora los inversionistas tienen más opciones para colocar su dinero, incluidas plataformas internacionales que ofrecen operaciones sencillas y costos de transacción más bajos, una situación que obliga a las instituciones mexicanas a revisar sus precios y acelerar sus inversiones en tecnología.
“Hay que reducir los costos, dar confianza y seguir invirtiendo”, mencionó García Pimentel.
Más opciones para invertir
La competencia también se ha reflejado en la oferta disponible para los inversionistas.
Al cierre de 2025 había 35 casas de bolsa autorizadas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), una menos que un año antes, luego de que el regulador revocara la licencia de Vector Casa de Bolsa el 16 de diciembre de ese año.
Al mismo tiempo, las plataformas digitales han ganado espacio entre los usuarios que buscan comenzar a invertir con montos menores y desde el celular.
GBM+, Kuspit, Webull, Fintual y Nu forman parte de una oferta cada vez más amplia, con esquemas que en algunos casos ofrecen operaciones sin comisión en determinados productos y montos de entrada bajos.
Pero no todas las plataformas funcionan de la misma manera ni cuentan con una licencia propia de casa de bolsa.
Algunas operan mediante una institución financiera tradicional. DINN, por ejemplo, utiliza la infraestructura de Actinver, mientras que Webull opera en México a través de Vifaru.
Mercado Pago, por su parte, es una institución de fondos de pago electrónico (IFPE), por lo que su operación es distinta a la de una casa de bolsa y no puede ejecutar operaciones bursátiles por cuenta propia.
La diferencia es relevante para los inversionistas, porque el tipo de institución y la forma en que se encuentran resguardados los activos determinan las protecciones que tiene el usuario ante distintos escenarios.
Tradicional y digital comienzan a mezclarse
La mayor competencia tampoco significa que las instituciones financieras tradicionales vayan a desaparecer frente a las fintech.
Carlos Jiménez, de Rain, señaló durante el panel La nueva arquitectura financiera: banca, mercados, fintech y activos digitales que los casos de uso más relevantes están surgiendo precisamente de la combinación entre ambas infraestructuras.
“No es una conversación de tradicional versus cripto; la combinación de ambos es donde están apareciendo los casos de uso reales”, explicó.
En el panel también participaron Romy Klenquen, especialista en pagos instantáneos.
Esta integración puede observarse en servicios como tarjetas, cuentas globales y acceso a dólares, donde las herramientas digitales se conectan con infraestructura financiera tradicional.
Para Klenquen, la transformación también cambiará la forma en que los intermediarios generan ingresos.
Conforme mover dinero se vuelve más rápido, barato y accesible, el valor tendrá que trasladarse de cobrar por cada transacción hacia el desarrollo de productos, servicios y experiencias que atiendan necesidades más complejas de los clientes.
Más usuarios, más riesgos
La digitalización también amplió la superficie de riesgo para los usuarios.
Entre enero y marzo de 2026, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) recibió 22,199 quejas, de las cuales 37.4% estuvieron relacionadas con posibles fraudes. Además, 71% del fraude financiero total ocurrió a través de medios digitales.
El crecimiento de los servicios financieros digitales también ha llevado a las autoridades a elevar la supervisión.
Durante 2025, la CNBV impuso multas por MXN$ 1,154.9 millones, un incremento de 41.5% frente al año anterior.
En este escenario, la facilidad para abrir una cuenta o comenzar a invertir ya no es suficiente. Los usuarios también necesitan saber quién administra sus recursos, bajo qué regulación opera la plataforma y qué mecanismos existen para proteger sus inversiones.
La siguiente batalla
La digitalización ya consiguió ampliar de manera importante el acceso a la inversión en México. Pasar de 2.9 millones de clientes a cerca de 50 millones muestra la dimensión del cambio.
Ahora la competencia entra en una segunda etapa: ganar y conservar a esos inversionistas.
Para lograrlo, las instituciones tendrán que combinar menores costos y experiencias digitales sencillas con algo que las plataformas no pueden dejar de lado: seguridad, regulación y confianza.
Porque en un mercado con cada vez más opciones para invertir, el reto ya no es convencer a las personas de entrar, sino darles razones para quedarse.




