Hay dos grupos de noticias que se dieron casi en simultáneo a lo largo del último mes. Dos megainversiones que había celebrado el gobierno nacional como parte de una apuesta de grandes capitales por la Argentina de Javier Milei entraron en terreno de dudas, mientras al mismo tiempo el equipo económico empezó a anunciar distintas medidas ligadas al crédito para tratar de apuntalar la actividad económica, a pesar de que el relato oficial habla de que si bien “la foto es horrible” estamos ante “la mejor película de la historia argentina”.

Primero fue Emiliano Kargiemann, el argentino al frente de Sur Energy, la pata local del proyecto que había anunciado Open IA, para desarrollar centros de datos en la Patagonia, el que sorprendió con declaraciones a Bloomberg hace dos semanas que revelaron que la apuesta, si bien aún estaría vigente, se encuentra frizada.

“Ahora la pelota está en la cancha de OpenAI”, resumió al ser consultado. El también CEO de Satellogic explicó que la empresa de Sam Altman, desarrolladora del ChatGPT, estaba achicando a nivel global los desembolsos previstos en inversiones de capital y en ese marco reveló que desde la carta de intención de octubre de 2025 no se avanzó a “un contrato definitivo”, que sería lo que gatille el comienzo efectivo de los trabajos. “Sigo considerando que es un proyecto beneficioso”, dijo Kargiemann de todas maneras.

Sam Altman, CEO de OpenAI
Sam Altman, CEO de OpenAI

Por otro lado, un mes después de que el ministro de Economía, Luis Caputo, anunciara el 2 de julio en su cuenta de X la presentación de un proyecto de construcción de un pequeño reactor modular nuclear por parte de la firma Meitner, por un total de US$ 1200 millones, una noticia puso en duda el avance de la iniciativa.

Teófilo Lacroze, que había sido contratado por la compañía hacía menos de seis meses, abandonó su cargo. El dato, revelado por el portal especializado Econojournal, llenó de interrogantes el avance del proyecto. Si bien no hubo novedades al respecto, él estaba a cargo de encabezar la iniciativa, de la que por ahora no se supo más nada. Se trata de un proyecto que Caputo resaltó como un nuevo modelo de inversión privada con patente argentina.

Son días en los que la búsqueda de motorizar un proceso inversor robusto que lidere el crecimiento económico para los próximos años encuentra como mínimo señales mixtas. Por un lado, desde el Gobierno se destaca cada aprobación del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones como señales de confianza en el futuro del país. Así, ayer se difundió que se autorizó el proyecto de Pampa Energía para producir fertilizantes por casi US$ 2700 millones hasta 2029.

Sin embargo, al mismo tiempo, la semana pasada naufragó en el Congreso el intento por aprobar el nuevo programa de beneficios para inversiones en sectores nuevos, fundamentalmente ligados a las tecnologías de vanguardia. El llamado “Súper RIGI”, con media sanción desde el Senado, no consiguió las firmas para llegar al recinto dado que hay reclamos desde las provincias para aumentar la participación del compre local en los proyectos que finalmente se aprueben.

En la Casa Rosada toman todas estas trabas como parte de lo que resumen como “riesgo kuka”, es decir, lo explican de manera lineal como la manifestación del temor de que Milei no reelija y por ende llegue otra administración con una orientación distinta.

“De hecho del otro lado están los orcos”, dijo el Presidente en el congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF). “¿Ustedes tomarían medidas de caracter permanente si creen que esto es transitorio?”, dijo casi en una confesión de que difícilmente se activen estas inversiones hasta las elecciones del año que viene. “El único riesgo es Kicillof”, añadió el ministro de Economía, por su parte, en el mismo foro.

En el último mes, además, mientras Milei y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, aseguraron por diversas vías que no harán nada para intentar reanimar la actividad, salvo mantener el orden macroeconómico, Caputo y sus colaboradores empezaron a acelerar los anuncios en busca de conseguir resultados más notorios en la calle.

El 13 de agosto, el Palacio de Hacienda anunció que el Banco Central flexibilizaría una norma post salida de la Convertibilidad para que las empresas aún si no generan divisas puedan acceder a créditos en dólares. Caputo aseguró que no es conveniente para el país que la gente tenga los dólares en el colchón y que si están en los bancos se puede prestar a empresas para hacer negocios y “generar empleo”, con “una dinámica como la que nosotros estamos queriendo lograr.

A las dos semanas, el 26 de agosto, también el titular del Palacio de Hacienda puso en marcha un programa de préstamos hipotecarios más accesibles con fondos de la Anses, cuya primera licitación para fondear a los bancos se realizó ayer. Allí, fue el día que el ministro habló de “justicia social” y de que estimular el acceso a la vivienda tiene un “efecto multiplicador” en la construcción y sectores afines.

“Me da risa que digan que somos keynesianos”

Javier Milei

Ayer, en tanto, desde el Banco Nación se dio un paso más: el banco estatal nacional puso en marcha un programa de créditos para automóviles nuevos y usados por hasta US$ 65.000. Si bien hubo polémica en redes por el alto costo de ese financiamiento en momentos donde todavía hay altos niveles de morosidad en el sistema, se trata de la tercera medida ligada al fomento del crédito en un mes que suelta la administración de Milei, a un año de las elecciones.

“El crédito fue el motor del crecimiento en 2024 y si bien la mora limita su expansión, va a ser la apuesta para el año que viene”, reconocen en el equipo económico donde rechazan cualquier acusación de “plan platita”, la forma en la que siempre calificaron las medidas electoralistas del gobierno peronista de Alberto Fernández.

“Acá no se toca el equilibrio fiscal”, resaltan. La intervención, en todo caso, es indirecta, admiten, y de alcance limitado. “Pero algo hay que tratar de hacer”, señalan desde lo más keynesiano que se pueda imaginar en una gestión como la actual.

“Me da risa que digan que somos keynesianos”, rechazó el Presidente el viernes en el IAEF. La figura de John Maynard Keynes, central en la historia económica mundial y asociada en el debate local a la intervención estatal, es discutida con fervor por el jefe de Estado desde sus primeras apariciones en la TV, cuando era panelista