

El Pacífico Ecuatorial sigue calentándose y los científicos ya advierten sobre la posible llegada de un nuevo fenómeno de El Niño entre junio y julio de 2026. Los modelos climáticos muestran un aumento constante de la temperatura del océano y anticipan un escenario con lluvias extremas, sequías, ciclones más intensos y olas de calor en distintas regiones de América, incluido México.
Especialistas señalan que el pico del fenómeno podría registrarse durante el otoño e invierno, aumentando el riesgo de inundaciones en el norte del país, sequías en el sureste y frentes fríos más húmedos e intensos.
Aunque todavía existe incertidumbre sobre su magnitud, el Centro de Predicciones Climáticas confirmó que el calentamiento avanza y que los próximos meses serán clave.
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Según la actualización del 14 de mayo de 2026 del Centro de Predicciones Climáticas, el Pacífico Ecuatorial central ya registra anomalías de temperatura de 0.4 °C en la región 3.4. Aunque la fase Neutral se mantiene con más del 80% de probabilidad durante lo que resta de primavera, los modelos apuntan a que El Niño podría hacerse oficial entre junio y julio, cuando los vientos del este se debiliten y permitan que el calentamiento del océano se acelere sin frenos.
Lo que viene después es lo que preocupa a los especialistas: la máxima intensidad del fenómeno se proyecta para el otoño-invierno del hemisferio norte, con probabilidades que apuntan a un escenario fuerte o muy fuerte. Concretamente, los modelos estiman un 30% de probabilidad de un Niño fuerte y un 37% de que sea muy fuerte.

Junio y julio: las primeras señales de alerta en el territorio nacional
Si El Niño se establece antes de que termine junio, los primeros efectos podrían sentirse casi de inmediato. El centro, occidente, gran parte del norte y la Vertiente del Golfo podrían vivir un inicio de temporada marcado por lluvias intensas y frecuentes. Sin embargo, el sureste del país mostraría el comportamiento opuesto: menor frecuencia de precipitaciones y un déficit que podría ir en aumento.
Para julio y agosto, durante la llamada canícula, el panorama se vuelve más extremo. La reducción de lluvias podría ser más intensa de lo habitual en el noreste, occidente, centro, oriente, sur y sureste, acompañada de temperaturas superiores a las normales. Aunque esto no significa ausencia total de lluvia, sí apunta a acumulados muy por debajo de lo esperado para esa época del año, con posibles episodios torrenciales aislados seguidos de días secos.
El norte y noroeste del país serían la excepción: los modelos sugieren un monzón más activo de lo habitual, con lluvias superiores al promedio principalmente en julio.

Cuando El Niño mostrará toda su fuerza, según los expertos
Es hacia el final del año cuando el fenómeno podría desplegar su mayor impacto. A partir de septiembre se proyecta un regreso de las lluvias, especialmente en el noroeste y occidente por actividad monzónica y posibles ciclones tropicales, así como en el noreste y centro del país.
Para octubre y noviembre, los modelos anticipan un incremento importante de precipitaciones en la mayor parte del territorio mexicano, impulsado por la combinación de ciclones tropicales en el Pacífico y la llegada de los primeros frentes fríos cargados de humedad.
Los acumulados proyectados estarían muy por encima de lo habitual, salvo en los estados del sureste, donde la menor actividad ciclónica en el Atlántico mantendría las lluvias en niveles más bajos durante gran parte de la temporada.
Diciembre cerraría el año con precipitaciones significativas en occidente, centro, noreste, sureste y noroeste, potenciadas por la corriente en chorro. En inviernos de El Niño también aumenta la frecuencia de tormentas invernales y sistemas tipo DANA que, combinados con masas de aire polar, pueden generar episodios intensos de frío, heladas e incluso nieve en zonas de altura.




