

La industria automotriz en Norteamérica atraviesa un momento de tensión máxima. En un movimiento que promete redefinir las reglas del comercio regional, China ha intensificado su interés por instalar plantas de manufactura de vehículos eléctricos en Canadá. Esta estrategia, que busca eludir las barreras arancelarias impuestas por Estados Unidos, coloca a México en una posición de alerta ante la inminente revisión del T-MEC en julio de 2026.
El gobierno canadiense, encabezado por un pragmatismo económico que busca rescatar su sector manufacturero, ha comenzado a “escuchar” las propuestas de Beijing. El plan preliminar contempla la entrada de 49,000 vehículos anuales en una primera etapa, con la promesa de escalar la producción local para abastecer a todo el continente.
Tiembla el T-MEC y esta podría ser la respuesta de EE. UU.
La posibilidad de que gigantes chinos como BYD, Geely o Xiaomi establezcan bases de operaciones en suelo canadiense ha encendido las alarmas en Washington. La administración de Donald Trump ya ha calificado este acercamiento como una “amenaza directa” a la seguridad económica de la región, advirtiendo que Ottawa podría “arrepentirse” de abrir la puerta al capital asiático.
Para México, este giro representa un desafío doble:
- Competencia por inversión: Las inversiones que originalmente se barajaban para estados del norte de México podrían desviarse hacia Canadá si las condiciones fiscales y de exportación resultan más atractivas.
- Reglas de origen: La integración de componentes chinos en autos ensamblados en Norteamérica será el punto de mayor fricción en las negociaciones comerciales de este año.

¿Qué marcas llegarán y qué significa para el mercado?
El interés de China no es solo comercial, sino tecnológico. Marcas como Xiaomi y BYD ya cuentan con la infraestructura para convertir a Canadá en un centro de exportación de unidades de bajo costo y alta tecnología. Según analistas del sector, el acuerdo facilitaría que estos autos lleguen a los consumidores finales con precios hasta un 30% menores que los modelos tradicionales estadounidenses.
Sin embargo, el camino no está libre de obstáculos. La presión de las automotrices tradicionales (Ford, GM y Stellantis) es feroz, argumentando que la llegada de las “dark factories” chinas —plantas altamente automatizadas con mínima mano de obra humana— podría destruir empleos en toda la cadena de suministro de Canadá y México.


