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Brasil elegirá este domingo 25 de octubre a su próximo presidente en un reñido balotaje entre el senador opositor Flávio Bolsonaro y el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva.
El senador del Partido Liberal (PL) obtuvo el 47,03% de los votos válidos en la primera vuelta, contra el 45,16% del actual presidente y candidato del Partido de los Trabajadores (PT).
La diferencia fue tan solo de un 1,87%, lo que equivale a unos 2,23 millones de votos. Como ninguno superó el 50% de los sufragios válidos, ambos competirán en una segunda vuelta.
Gane quien gane, el próximo presidente de Brasil deberá enfrentar la tarea de sanear las cuentas públicas en plena escalada de deuda.
Según un informe de la agencia EFE que repasa los principales desafíos económicos del próximo Gobierno, el ganador del balotaje en Brasil deberá frenar el endeudamiento, bajar las tasas de interés, encarar una reforma laboral y reconducir la relación comercial con Estados Unidos.

Déficit y deuda en ascenso
De acuerdo con el reporte, el déficit fiscal alcanza el 9,48% del PIB del país y la deuda pública trepa al 82,9%. Ambos indicadores mantienen una senda ascendente y constituyen la principal amenaza para las finanzas del Estado brasileño.
Los dos candidatos prometen rigor fiscal a partir de 2027, aunque ninguno detalla cómo lo alcanzará. Sus planes, además, resultan contrapuestos.
Por un lado, Lula defiende una receta desarrollista: inversión pública para impulsar el crecimiento económico. El oficialismo apuesta a que una mayor actividad eleve la recaudación y permita sostener las políticas sociales, eje central de su programa de Gobierno.
Por el otro, Bolsonaro, propone un “tijeretazo” de 200.000 millones de reales en el gasto público, unos u$s 40.000 millones. El recorte equivale al 3% del presupuesto estatal de 2026 y, según el candidato, no afectará los programas sociales.
El plan opositor también contempla la eliminación de al menos diez ministerios y el adelgazamiento de la estructura del Estado.
Tasas altas e inflación
La tasa de interés se ubica en 13,75% y preocupa tanto a la izquierda como a la derecha. Ese nivel deteriora el déficit fiscal, frena la inversión y agrava el endeudamiento de las familias.
El Banco Central moderó ligeramente las tasas, pero la inflación del 4,58% interanual y los altos precios de los combustibles impidieron una relajación más rápida de la política monetaria.

Reforma tributaria en disputa
Brasil estrenará en 2027 un nuevo impuesto indirecto para simplificar el sistema tributario y aumentar la recaudación.
Según cálculos preliminares del Gobierno de Lula, el IVA rondaría el 28%, aunque las autoridades todavía no anunciaron la alícuota oficial.
Bolsonaro plantea una “revisión” de la reforma tributaria que se convirtió en ley el año pasado y un IVA más bajo. Además, busca eliminar por decreto cientos de tasas y normas que, a su juicio, “asfixian” a los emprendedores.
Aranceles y relación con Donald Trump
Brasil negocia con Estados Unidos, su segundo socio comercial, para revertir los aranceles que aplicó Donald Trump. Washington justificó esas medidas, en gran medida, por motivos políticos.
Bolsonaro, alineado con el republicano, sostiene que alcanzará un acuerdo con más facilidad que el actual mandatario. Lula, por su parte, advierte que su rival sería “entreguista”.
Jornada laboral y empleo
El Congreso Nacional aprobó la semana pasada una reforma que reduce la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales. La norma entra en vigor en diciembre.
Varios sectores económicos advierten que el cambio puede provocar más inflación o más desempleo.
En paralelo, el Partido Liberal (PL) de Bolsonaro planteó legislar un contrato flexible sin mínimo de horas trabajadas. Los sindicatos rechazaron la iniciativa.

Minería, petróleo y empresas estatales
Brasil posee la segunda reserva mundial de minerales críticos, pero su industria minera todavía se encuentra en una etapa incipiente. Ambos candidatos aseguran que su prioridad es desarrollar una cadena de valor nacional.
Bolsonaro pone el foco en acelerar inversiones mediante acuerdos con empresas extranjeras. Lula, en cambio, enfatiza el control nacional de los recursos mineros.
En petróleo, los dos apoyan invertir en producción y refinación. Bolsonaro propone habilitar el fracking para extraer crudo no convencional, mientras que Lula busca que Petrobras vuelva a tener una red de estaciones de servicio para que el Gobierno controle los precios.
Las empresas estatales también dividen a los candidatos. Correos, al borde de la quiebra, encarna el problema. Lula propone mantener esas compañías y sanear sus cuentas; Bolsonaro, privatizar o cerrar las que no considere esenciales.
El candidato opositor apunta contra decenas de firmas públicas, aunque garantiza que la petrolera Petrobras y el banco Caixa seguirán en manos del Estado.



